La ternura atraviesa la noche como una luz que lo suaviza todo. Desde la intuición de Vasconcelos —esa ternura infinita que habita el universo— avanzamos hacia una idea más íntima y madura: la ternura como forma de mirar la fragilidad propia y ajena. Como un puente que nos acerca a los demás. Como la resistencia última a no perder la humanidad. Reivindicamos la ternura con músicas como: FAURÉ: Berceuse, op. 16; GERSHWIN: Canción de Clara, de Porgy and Bess; RAVEL: Introducción y Allegro; BROUWER: Paisaje cubano con lluvia; MARAIS: Las voces humanas; SAVALL: Improvisación sobre Las voces humanas de Marin Marais; BRAHMS: Intermezzo en la mayor, núm. 2, op. 118; BRAHMS: Intermezzo en si menor, Adagio, op. 119; MASSENET: En fermant les yeux, aria de Des Grieux, de de Manon.