50º aniversario del regreso de los exiliados a España
En 1976 asistimos al retorno de los primeros españoles exiliados tras la Guerra Civil. El primero en regresar fue Santiago Carrillo, líder del PCE, que entró en España en febrero de 1976 (solo 3 meses después de la muerte de Franco) y se mantuvo en la clandestinidad hasta que fue detenido por la policía en diciembre. El grueso de los políticos no volvieron hasta el año siguiente, 1977, cuando las reformas del gobierno de Suárez dejaron claro que la democracia no tenía vuelta atrás.
En la primavera de 1976 dos grandes de la cultura de nuestro país volvieron a pisar suelo patrio: Salvador de Madariaga y Claudio Sánchez-Albornoz.
Madariaga regresó para ocupar el sillón M de la RAE para el que había sido elegido el 20 de mayo de 1936. El 2 de mayo de 1976, 40 años después, pudo por fin leer su discurso de ingreso (De la belleza en la ciencia) gracias a que la RAE -desoyendo una orden del gobierno franquista- conservó vacante el sillón. Falleció en 1978 en Locarno, Suiza, ciudad en la que llevaba años residiendo. Sus cenizas fueron esparcidas en 1991 en el puerto de A Coruña, su ciudad natal: solo entonces volvió definitivamente a casa.
Claudio Sánchez-Albornoz, presidente del Gobierno republicano en el exilio entre 1962 y 1970, vivió la mayor parte de los años de exilio en Argentina, donde continuó sus estudios de historia de España. El mérito es descomunal si se tiene en cuenta su imposibilidad de acceder a los archivos españoles: basó buena parte de su trabajo en las miles de fichas que había elaborado antes de comenzar la guerra, que consiguió sacar y le acompañaron por su periplo por varios países antes de establecerse en Argentina.
Su celo en conservar ese material bibliográfico fue tal que, para no perderlo, llegó a enterrarlo en el jardín de la casa en la que residía en Francia antes de huir de las tropas alemanas durante la II Guerra Mundial.
El 23 de abril de 1976 llegó a Barajas en un viaje que duraría 70 días. El día 1 de julio, horas antes de tomar el avión de regreso a Buenos Aires, fue entrevistado para el informativo Última Edición: en la entrevista, reconoce que el exilio ha sido muy duro pero que, de alguna forma, el cariño que ha recibido estos días vividos en su país, le han compensado esa "larga noche en la cuál he trabajado mucho en nombre de España". Aunque tampoco faltaron los que le injuriaron, recuerda también.
Sánchez-Albornoz encontró una España cambiada, un Madrid nuevo, "colosal y extraño, que no conocía". Ese fue el sentimiento coincidente de casi todos los exiliados tras su retorno: la vuelta a una España que no conocían y que no les reconocía.
Con sus vínculos personales y, en muchos casos, familiares rotos, con vidas rehechas en otros países, muchos optaron con seguir residiendo fuera de España, como hizo Madariaga. También fue el caso de Claudio Sánchez-Albornoz: solo regresó definitivamente en 1983 cuando su muerte estaba próxima. Falleció el 10 de julio de 1984 y fue enterrado, como era su deseo, en el claustro gótico de la catedral de Ávila. Años después, fue inhumado junto a él Adolfo Suárez, quién tanto hizo por que los exiliados pudieran regresar.