Aquel 11S tuvo una repercusión directa en la esquina sur de Cuba, en Guantánamo. La base militar que Estados Unidos mantiene como territorio propio en la isla desde 1903, se convirtió a partir de 2002 en prisión de máxima seguridad. Llegó a albergar 780 detenidos. Hoy quedan quince, entre ellos, los tres presuntos cerebros del atentado, aún a la espera de juicio. El resto fue trasladado a otras prisiones o puesto en libertad, especialmente durante la época de Barak Obama que trató, sin éxito, de cerrar la prisión. Seis de esos detenidos llegaron en aquel momento a Uruguay. De recibirlos y acompañarlos se ocupó un asistente social, Christian Mirza, que ha recordado para Hora América, cómo fue todo el proceso. Lo cuenta en este reportaje de Angela Núñez.