Nacemos en un único lugar pero nos cimentamos en muchos lugares. Lo relevante no es donde nacemos sino donde nos desarrollamos. Somos relación y no esencia, de ahí que los contextos culturales y sociológicos sean tan importantes para comprender las personalidades móviles de las personas. Mis lugares de cimientos son extraños, paradójicos y contradictorios porque el transitar de la vida así lo genera. Somos aves de paso. Nuestra formación y desarrollo está basado en muchas ocasiones en pequeñas cuestiones que suelen pasar desapercibidas para todo aquel que piensa que nos conoce. Un lugar de cimiento puede ser una ciudad, un barrio, una habitación, una amistad, un disco, un libro o una comida. Todo ello hace patria, es decir, todo ello te ancla entendiendo este tipo de anclaje como un trampolín que genera nuevos paisajes que habitar sin miedo a lo desconocido.