Restos de construcciones de gran envergadura, entre ellos los de un circo romano, llegó a ser uno de los mayores de Hispania
Toledo es una de las ciudades históricas más fascinantes de Europa. Su pasado como Ciudad Imperial y sede del Primado de España ha dejado una huella imborrable en sus calles, sus monumentos y sus rincones más sorprendentes. Sus callejuelas, iglesias, sinagogas, antiguos portones y edificios emblemáticos nos hablan de una ciudad en la que, durante la Edad Media, convivieron las culturas judía, islámica y cristiana. Hoy, en su casco histórico, podemos admirar antiguas mezquitas y sinagogas, contemplar las obras de El Greco o descubrir los tesoros que guarda el Museo del Ejército.
Pero ¿sabían ustedes que la historia de Toledo se remonta mucho más atrás? Mucho antes de convertirse en la ciudad monumental que conocemos, Toledo ya fue un importante asentamiento hispanorromano, cuyos orígenes se sitúan en el siglo II antes de Cristo.
Y lo más sorprendente es que todavía podemos encontrar las huellas de aquella época entre edificios y construcciones de siglos posteriores. Pero no hablamos únicamente de piedras reutilizadas o de pequeños vestigios arqueológicos. Toledo conserva restos de construcciones de gran envergadura, entre ellos los de un circo romano que llegó a ser uno de los mayores de Hispania.
Os proponemos un viaje en el tiempo para descubrir ese legado menos conocido de la ciudad: el Toledo romano. Y lo hacemos de la mano de nuestra colaboradora externa, la historiadora del arte y periodista, Paloma Martín-Esperanza.