Cristina Fernández Cubas, Premio Cervantes 2026, nos atiende en El Ojo Crítico apenas unas horas después de conocer el fallo del jurado. Entre la emoción y la sorpresa, la escritora reconoce que todavía está asimilando el significado de este reconocimiento, el más prestigioso de las letras en español. Se convierte así en la tercera escritora española en recibir el Premio Cervantes, después de María Zambrano y Ana María Matute, y suma este galardón a una trayectoria distinguida con el Premio Nacional de Narrativa, el Premio Nacional de las Letras Españolas y el Premio Albert Camus.
Considerada una de las grandes maestras del cuento contemporáneo, Fernández Cubas reivindica un género literario que ha marcado toda su carrera. Para ella, cada cuento tiene su propio misterio y su propia dificultad. La brevedad exige precisión, concisión y una economía del lenguaje que no admite errores. En ese equilibrio, las palabras son tan importantes como los silencios, y cada historia encuentra sus propias reglas. La escritora reflexiona sobre el proceso creativo y la necesidad de no encerrar el relato en fórmulas rígidas.
Su literatura se caracteriza por descubrir lo inquietante y lo invisible en la vida cotidiana. Familias aparentemente normales, espacios reconocibles y situaciones comunes se convierten en escenarios donde la realidad comienza a mostrar sus grietas. La autora explora aquello que permanece oculto bajo la superficie y reivindica el papel activo del lector, al que considera un cómplice de la narración. No se trata de explicarlo todo, sino de ofrecer las pistas necesarias para que cada persona descubra lo que se esconde entre las frases.
También recordamos los comienzos de una escritura inconformista, irreverente y alejada de las convenciones. Fernández Cubas rememora cómo sus primeros cuentos sorprendieron en Tusquets Editores por su extrañeza y sus finales ambiguos, y destaca el apoyo decisivo de Beatriz de Moura, fundadora de la editorial, que apostó por su singular universo literario.
La conversación nos lleva hasta “Mi hermana Elba”, su primer libro, publicado en 1980. La escritora comparte una anécdota que conserva con especial cariño: la emoción de encontrar un ejemplar en una papelería-librería donde compraba el periódico y pedir que lo colocaran correctamente sin revelar que ella era su autora. Un recuerdo que refleja la ilusión de sus primeros pasos en la literatura.
Entre los relatos que ocupan un lugar especial en su trayectoria, menciona “Mi hermana Elba” y “La habitación de Nona”, dos títulos fundamentales de su universo narrativo.
Y mientras recibe uno de los mayores reconocimientos de su carrera, Cristina Fernández Cubas continúa escribiendo. La autora nos cuenta que atraviesa un periodo de concentración literaria, inmersa en un nuevo proyecto.
Una conversación sobre el misterio del cuento, la precisión de las palabras, el poder de los silencios y esa capacidad de la literatura para revelar lo extraordinario que se esconde en lo cotidiano, en El Ojo Crítico, con Laura Martínez Ruibal.