Margaret Bourke-White nació en Nueva York en 1904 y convirtió la cámara en una herramienta de conquista. Empezó fotografiando fábricas, chimeneas, presas y rascacielos, cuando casi nadie esperaba ver a una mujer entrando en acerías, subiendo a cornisas o imponiéndose entre ingenieros. En 1930 fue la primera fotógrafa occidental autorizada a trabajar en la Unión Soviética, y en 1936 firmó la portada inaugural de la revista Life con la presa de Fort Peck.
Su vida fue una sucesión de escenas extremas. Fotografió la pobreza del sur estadounidense durante la Gran Depresión junto al escritor Erskine Caldwell, con quien se casó. Durante la Segunda Guerra Mundial fue corresponsal, soportó bombardeos en Moscú, viajó con tropas, voló en misiones de combate y documentó la liberación de Buchenwald. Después retrató a Gandhi poco antes de su asesinato y la violencia de la partición de la India.
Ambiciosa, temeraria y perfeccionista, abrió caminos vedados a las mujeres y miró de frente el siglo XX: sus máquinas, sus guerras, su miseria y su grandeza. Enferma de párkinson, siguió luchando por trabajar y contar su propia historia. Murió en 1971, pero dejó una mirada imposible de domesticar.