“Género musical dramático sin puesta en escena, ni vestuario, ni decorados.” Es decir, es como una ópera sin representar. Suele ser música para voces solistas, coro y orquesta sinfónica, a veces con un narrador, y mayormente de tema religioso, como las Pasiones de Bach, El Mesías de Händel, Judas Macabeo de Händel (1746) ... Y eso de religioso es porque la palabra “oratorio” era el sitio donde una comunidad de religiosos, o una cofradía, se reunía para orar. Y desde 1550 y tantos, en uno de estos sitios, el famoso oratorio de San Felipe Neri en Roma, las reuniones empezaron a consistir en leer la Biblia, escuchar un sermón, rezar y cantar alabanzas. Esas reuniones se llamaron “ejercicios del oratorio” o ya simplemente oratorios. Y la cosa evolucionó, de manera que los cantos, la parte musical, llegó a ser lo principal de estas reuniones: La Rappresentazione di Anima et di Corpo de Emilio Cavalieri. Pero también hay oratorios profanos desde 1700: La condenación de Fausto de Berlioz (1846); Carmina Burana de Carl Orff (1936); o Paul McCartney con su Oratorio de Liverpool (1991), donde cuenta su propia vida a través del personaje Shanty.