Correspondencias ¡Shhhhh!07/11/2026
TP

En el armario de control de cualquier radio hay un aparato que no escucha la música sino lo que no suena. Su única tarea es que el silencio nunca llegue a la antena. Quizá todos llevemos dentro un detector parecido que nos hace rellenar con un «en fin» cualquier pausa. Y sin embargo ante lo verdaderamente grande callar es la única palabra que nos queda. Mario Muñoz dedica este capítulo al silencio como agente de expresión: el que declara los amores, el que protege del estruendo, el que nos eleva y el que nos enseña. Con versos de Rilke y música de Paul Simon, Gioachino Rossini, Claude Debussy o Miles Davis, bajamos el volumen del mundo durante una hora. Porque, como decía el trompetista, "lo importante no son las notas que tocamos, sino las que dejamos de tocar”.

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