Canal Europa Rivesaltes, símbolo de la represión en la Europa del siglo XX01/05/2026
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El campo de internamiento de Rivesaltes, en el sur de Francia, resume como pocos lugares la historia de la represión administrativa en la Europa contemporánea. Durante más de seis décadas, entre 1940 y 2007, este recinto concentró a decenas de miles de personas sin que mediara delito alguno, convirtiéndose en un espacio paradigmático de encierro al margen del sistema judicial.

En su origen, Rivesaltes fue un campamento militar. Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial pasó a ser utilizado como centro de internamiento de civiles. No estaba concebido para ello, y esa contradicción marcó desde el principio las condiciones de vida: barracones precarios, instalaciones insuficientes y un entorno hostil, azotado por el viento y alejado de núcleos urbanos.

A lo largo de su historia, el campo acogió a poblaciones muy diversas. En los primeros años fueron internados exiliados de la Guerra Civil española, junto a judíos y gitanos. Posteriormente, el recinto siguió funcionando con otros colectivos: prisioneros de guerra alemanes, combatientes del FLN durante la guerra de Argelia, y en los años sesenta, miles de harkis, musulmanes que habían luchado junto al ejército francés. Ya en su última etapa, entre 1986 y 2007, operó como centro de retención administrativa para extranjeros en situación irregular.

En total, se estima que al menos 60.000 personas de más de 100 nacionalidades pasaron por Rivesaltes. El criterio de internamiento no era penal, sino administrativo: se trataba de individuos considerados “indeseables” o potencialmente peligrosos para el Estado.

Actualmente se ha levantado un memorial para recordar que nunca fue una prisión en sentido legal, ya que los internados no habían sido juzgados ni condenados. Se trataba, más bien, de una “estructura de retención”, una forma de encierro sin respaldo judicial.

Las condiciones en el campo fueron duras desde el inicio. Testimonios de la época describen un paisaje desolado, sin agua, cubierto de piedras y sometido a condiciones climáticas extremas.

Una enfermera suiza dejó constancia en su diario del ambiente que se vivía en 1941: fuertes vientos, precariedad extrema y miles de personas sobreviviendo durante semanas o meses en condiciones “primitivas”. A ello se sumaban la falta de atención médica adecuada, el frío y la malnutrición.

El caso de los judíos internados resulta especialmente trágico. Miles pasaron por Rivesaltes antes de ser deportados a campos de exterminio. De los más de 2.000 enviados a Auschwitz, apenas sobrevivieron unas decenas, todos hombres. Ninguna mujer regresó. El campo actuó así como un eslabón dentro del sistema de deportación nazi en Europa.

Más allá de la violencia física, el campo encarnó también una forma de abandono institucional. Las personas eran encerradas no por lo que habían hecho, sino por lo que representaban. Extranjeros, pobres, desplazados o considerados no integrables. El objetivo no era su eliminación, sino su invisibilización: apartarlos de la sociedad. En palabras de uno de los mediadores del memorial, se trataba de “gente que no se quería ver”.

Este mecanismo se repitió con distintos grupos a lo largo del tiempo, evidenciando una continuidad en las prácticas de exclusión. La sospecha hacia el extranjero, la asociación con la delincuencia o la incapacidad de integración fueron argumentos recurrentes. Sin embargo, muchos de los internados lograron reconstruir sus vidas tras salir del campo, desmintiendo esas percepciones.

Otro de los elementos clave fue la ausencia de control judicial. Según los testimonios recogidos, si estas personas hubieran sido presentadas ante un juez, habrían sido liberadas. Pero el sistema evitó deliberadamente ese paso. Tampoco hubo denuncias significativas desde el exterior, en parte por desconocimiento, en parte por indiferencia. El campo permaneció durante años envuelto en una especie de invisibilidad, reforzada por su ubicación aislada y el control militar del entorno.

Hoy, el Memorial de Rivesaltes busca preservar la memoria de quienes pasaron por allí. El proyecto, impulsado por asociaciones civiles, pretende dar voz a todas las víctimas sin distinción, subrayando tanto la diversidad de experiencias como los elementos comunes: el encierro, la violencia y la falta de justicia.

Pese a su magnitud —en extensión, duración y número de personas afectadas—, Rivesaltes fue durante mucho tiempo un lugar olvidado. Su recuperación como espacio de memoria permite reconstruir el pasado y debatir sobre las formas contemporáneas de exclusión y control.

Más información en este link https://4dinfo.net/rivesaltes-simbolo-de-los-centros-de-represion-en-la-europa-del-siglo-xx/

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