El patrimonio vitivinícola europeo permite reconstruir siglos de intercambios culturales, económicos y agrícolas entre territorios. A través de la arqueología, la ampelografía y el análisis genético de antiguas variedades de vid, proyectos, del Consejo de Europa, como Iter Vitis rastrean los caminos que conectaron regiones del Mediterráneo y Europa.
Lagares rupestres, viñedos históricos y restos vegetales forman parte de un patrimonio rural disperso que, en muchos casos, permanece oculto en pequeños municipios.
Su recuperación requiere no solo excavación y restauración, sino también conservación, investigación y divulgación. Los itinerarios culturales europeos buscan precisamente conectar estos enclaves y convertirlos en recursos de conocimiento, turismo y desarrollo local.
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