Entre los muros silenciosos del claustro de los Giudetti, oculto habitualmente a la mirada del público en la Basílica de Santa Maria sopra Minerva, se despliega una de las historias más complejas y fascinantes de Roma. Este espacio, que en otros tiempos acogió la sede del Santo Oficio, fue escenario de dos cónclaves, los que eligieron a los papas Eugenio IV y Nicolás V. También fue el lugar donde el astrónomo Galileo Galilei abjuró de sus teorías científicas ante la presión de la Inquisición.
El claustro conserva las huellas de siglos de espiritualidad, poder y conflicto. Sus frescos, distribuidos entre bóvedas, galerías y rincones sombríos, narran tanto los misterios del rosario como los episodios más oscuros de la historia eclesiástica.
Algunos fueron concebidos para favorecer la vida contemplativa de los frailes dominicos que aún hoy habitan el convento. Otros evocan el temor y la autoridad que emanaron de la Inquisición romana en el siglo XVI.
El historiador del arte Claudio Strinati define el lugar como un espacio de secretos inagotables. “Hay toda una historia oculta y, por lo tanto, a veces se descubre algo”, explica. “Todas las generaciones, incluida la mía, han descubierto cosas, y las generaciones venideras seguirán descubriendo por qué permanece oculto algo que es tan grandioso y profundo. Y ese es parte de su encanto”.
Mientras Roma mira a su pasado medieval y renacentista, Londres apuesta por sumergir al visitante en una experiencia tecnológica que revive el universo vikingo. En Dock X se presenta “Vikingos: La Exposición Inmersiva”, una propuesta que combina realidad virtual, proyecciones de 360 grados e instalaciones interactivas para trasladar al público mil años atrás, hasta la Edad de Oro de los pueblos nórdicos.
La exposición sigue la historia de Kraka, figura legendaria de las sagas escandinavas, convertida aquí en hilo conductor de una travesía sensorial. El recorrido permite caminar por un bosque recreado a escala real, explorar la mitología nórdica y embarcarse simbólicamente en un drakkar, el navío que convirtió a los vikingos en temidos navegantes y comerciantes.
El profesor Rudolf Simek, especialista en cultura vikinga y asesor histórico de la muestra, recuerda que estos pueblos fueron mucho más que saqueadores. “Eran marineros escandinavos de la Alta Edad Media que abandonaron su tierra para comerciar y explorar”, explica. Su dominio marítimo se basó en el drakkar, un barco rápido y versátil capaz de navegar contra el viento y desembarcar sin necesidad de puertos.
La experiencia inmersiva busca también desmontar algunos estereotipos sobre la sociedad vikinga, destacar el protagonismo femenino a través de Kraka y el peso de la dimensión mitológica en la identidad nórdica. La realidad virtual permite entrar en un mundo fantástico y luego regresar a la historia real.
La agenda cultural concluye en las salas de cine españolas con la llegada de “Fleak”, una coproducción finlandesa, francesa y polaca dirigida por Jens Møller. La película narra la historia de Thomas, un niño de 11 años que queda en silla de ruedas tras un accidente y descubre, gracias a una criatura fantástica llamada Fleak, un universo paralelo donde aprende a enfrentarse a sus miedos.
Lejos del sentimentalismo fácil, la cinta aborda temas como la discapacidad infantil, la resiliencia y la importancia de la familia como red de apoyo. Para dotar de autenticidad a la historia, el director y el guionista trabajaron con niños con problemas de movilidad. El resultado es una propuesta poco habitual en el cine infantil europeo y aún más excepcional en las carteleras españolas, donde rara vez llegan producciones finlandesas de este tipo.
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