Presentamos la primera parte de un doble monográfico registrado en Cuenca, lo que nos permite regresar a una ciudad donde hace solo unos meses grabamos, en Radio Fontana Mix —es decir, en el estudio radiofónico de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Castilla-La Mancha—, otros dos programas dedicados al artista e investigador Javier Ariza. En esta ocasión nos trasladamos a los estudios radiofónicos de la Unidad Informativa de RTVE en Cuenca para presentar el "III Espacio de Música y Pensamiento", un seminario interdisciplinar que tuvo lugar entre el 26 y el 28 de marzo de 2026, como parte de la 63ª edición de la Semana de Música Religiosa (SMR), gracias al apoyo de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. En la sede conquense de esta institución, así como en la Casa-Museo Zavala, se celebraron las mesas redondas, ponencias y conciertos que en esta edición giraron en torno al título "Ecos de la memoria en la creación actual. Manolo Millares, in memoriam".
El "Espacio de Música y Pensamiento" está dirigido por Pedro Mombiedro, y se concibe como un lugar de diálogo entre la creación musical, las artes visuales, la filosofía y las ciencias. Cada una de sus ediciones rinde homenaje a una figura artística estrechamente vinculada a Cuenca; tras las convocatorias dedicadas a Fernando Zóbel y Gustavo Torner, esta tercera entrega toma como referencia a Manolo Millares y propone una reflexión acerca de la memoria, entendida como depósito de experiencias y conocimientos, pero también como potencia creadora, inseparable también de sus omisiones, interrupciones y olvidos. Nuestra primera audición es una composición del propio Pedro Mombiedro, primer invitado en este diálogo, compañero durante años en Radio Clásica, antiguo director del Teatro-Auditorio de Cuenca y autor de la investigación "De musica spirituali. Cuenca como paradigma de la música religiosa española". Mombiedro nos recuerda, en su intervención, la excepcional confluencia cultural que se ha producido históricamente en la ciudad que nos acoge (subrayando el prolongado compromiso con la creación contemporánea de la Semana de Música Religiosa, así como la tremenda importancia —quizás no suficientemente reconocida, aún— tanto del Museo de Arte Abstracto Español como del Gabinete de Música Electroacústica). Todo ello nos permite recuperar para la escucha un fragmento de "Il giardino della vita", ópera de cámara de José María Sánchez-Verdú inspirada en la figura y el universo arquitectónico de Antoni Gaudí, y estrenada en España dentro de la Semana de Música Religiosa durante la etapa en que Pedro Mombiedro dirigía el Teatro-Auditorio de Cuenca. En aquella producción participaron el actor conquense Rafael Núñez y la Escolanía Ciudad de Cuenca, preparada por Carlos Lozano, bajo la dirección musical de Arturo Tamayo.
La conversación incorpora después a Sonia Contera, catedrática de Física en la Universidad de Oxford. Su intervención establece numerosas conexiones entre la memoria, la historia de la ciencia, la inteligencia artificial y las investigaciones contemporáneas sobre los sistemas vivos. Contera explica —resumiendo algunos de los argumentos presentados en su conferencia durante el seminario— cómo algunas de las preguntas fundamentales formuladas a comienzos del siglo XX, durante el nacimiento de la mecánica cuántica y el desarrollo de la computación, fueron quedando desplazadas por una ciencia cada vez más orientada hacia resultados inmediatos y aplicaciones tecnológicas. La pérdida de esa memoria histórica ha contribuido, según Contera, a que ciertos problemas reaparezcan sin que se reconozcan sus antecedentes. Por ello reivindica los trabajos de Georg Cantor, Kurt Gödel, John von Neumann y Alan Turing, cuyas investigaciones ya habían mostrado las posibilidades y los límites de la formalización matemática y de los procedimientos algorítmicos. Recuperar aquella genealogía permite cuestionar algunas promesas actuales de la inteligencia artificial y comprender que la ciencia nunca es completamente neutral, pues sus prioridades dependen de las instituciones, los poderes económicos y los modelos políticos que la financian.
Estas reflexiones se desarrollan mientras escuchamos un fragmento de "Dos esbozos para antiguos instrumentos electrónicos", de Gabriel Brnčić, maestro de varias generaciones de creadores electroacústicos, como es el caso de Pedro Mombiedro, que estudió con Brnčić en el Gabinete de Música Electroacústica de Cuenca, donde el compositor desarrolló una fundamental labor pedagógica. En "Dos esbozos para antiguos instrumentos electrónicos" las pulsaciones, oscilaciones y rugosidades generadas por sintetizadores analógicos permiten incorporar un elemento muy destacado en la conversación: la relación entre lo continuo y lo discreto. Frente a la división binaria de la información digital, la síntesis analógica trabaja con variaciones continuas de la señal, que la obra de Brnčić explora mediante sutiles transiciones, tensiones y transformaciones tímbricas que nunca podrían reducirse enteramente a una sucesión de unidades aisladas.
Sonia Contera relaciona esta dimensión musical con sus investigaciones sobre los organismos vivos. La computación digital requiere cantidades ingentes de datos y un consumo creciente de energía y agua; bacterias, plantas, tejidos y neuronas son capaces, en cambio, de procesar información, conservar memorias y responder a su entorno con una extraordinaria eficiencia energética. Los sistemas biológicos combinan señales continuas y discretas, procesos químicos, vibraciones mecánicas y estructuras materiales (si bien todavía desconocemos dónde y cómo se almacena una parte sustancial de esas memorias). La inteligencia artificial manifiesta una dificultad semejante. Sus redes neuronales producen resultados complejos precisamente cuando se permite que operen sin controlar explícitamente cada uno de sus pasos internos. Esa autonomía relativa favorece la generación de lenguaje, aunque también provoca respuestas erróneas o «alucinaciones», pues los sistemas carecen de una memoria estable de sus propios procesos y de una conexión permanente con la realidad. AlphaFold2, capaz de predecir el plegamiento de numerosas proteínas, constituye para Contera un logro extraordinario, pero sus predicciones todavía pueden contener errores y no equivalen necesariamente a una explicación de los mecanismos físicos y biológicos implicados.
A partir de ahí, la física introduce los problemas de la computación cuántica y de la llamada biología cuántica. Los ordenadores cuánticos intentan emplear fenómenos que no responden a las cadenas causales ordinarias de la computación digital, aunque la fragilidad de sus estados obliga a trabajar a temperaturas extremadamente bajas y exige complejos procedimientos de corrección de errores. Algunos organismos vivos, en cambio, parecen mantener procesos cuánticos en condiciones térmicas y ambientales muy distintas. Contera menciona las investigaciones sobre vibraciones de alta frecuencia en microtúbulos y otras estructuras celulares, relacionadas con hipótesis como las defendidas por Roger Penrose acerca de una posible intervención de procesos cuánticos en la integración de información y en el fenómeno de la conciencia.
Nuestro tercer invitado es Víctor Gómez Pin, filósofo, ensayista y promotor del Congreso Internacional de Ontología, una iniciativa que desde hace más de tres décadas reúne a artistas, científicos y pensadores para regresar a los antiguos problemas de la filosofía. Gómez Pin denuncia el "taylorismo intelectual" que fragmenta el saber en especialidades aisladas y somete la actividad académica a sistemas de producción, acreditación y acumulación cuantitativa. La filosofía debería actuar, según Gómez Pin, como un tribunal crítico de la razón y mantener abiertas las preguntas que la práctica científica necesita para comprender sus propios fundamentos. Ante las promesas de la inteligencia artificial y la llamada singularidad tecnológica, nuestro invitado distingue entre sintaxis y semántica. Los algoritmos pueden realizar operaciones prodigiosas, predecir estructuras y reproducir estilos, aunque esas capacidades no demuestran que comprendan aquello que hacen. La predicción no debe confundirse con la explicación, y la comunicación eficiente tampoco equivale necesariamente al lenguaje humano.
En este contexto, Gómez Pin define la música como un universal antropológico: no conocemos ninguna sociedad humana desprovista de prácticas musicales. Para que un algoritmo pudiera adquirir una verdadera relevancia musical tendría que superar la reproducción estadística de estilos previamente existentes, escuchar aquello que produce y participar en la intersubjetividad que caracteriza a la experiencia artística. Hasta ahora, sostiene, las máquinas no han creado una metáfora genuinamente nueva, capaz de introducir en el mundo una relación que nunca hubiera sido formulada.
Estas observaciones son acompañadas por la escucha de "Cuenca", de Eduardo Polonio, figura decisiva de la música electroacústica en España y otro de los compositores estrechamente relacionados con el gabinete conquense. Sus rugidos y densidades electrónicas, generados —de nuevo— mediante instrumentos analógicos, introducen una forma de pensamiento específicamente sonora, que nos invita a cuestionar si esas transformaciones de energía, materia y duración podrían poseer ese espesor semántico que Gómez Pin echa en falta en las operaciones algorítmicas.
La última incorporación a la conversación es Rafael Herrera Guillén, profesor de Filosofía de la UNED y artista visual —bajo el alter ego R. H. Guillener—. Herrera describe su progresivo desencuentro con determinadas formas de la filosofía académica, condicionadas por la burocracia, las acreditaciones y las publicaciones de impacto. "No se puede pensar pendiente del BOE", afirma nuestro invitado. Su propia respuesta a esta situación ha consistido en desplazar una parte de su actividad hacia la pintura, entendida como una prolongación material del pensamiento filosófico. Herrera —a quien debemos agradecer, desde Ars Sonora, la invitación a participar en este encuentro y preparar este doble programa monográfico— celebra el "Espacio de Música y Pensamiento" como una isla en la que resulta posible escuchar voces procedentes de disciplinas muy diferentes. Para este filósofo la aportación de los músicos es especialmente valiosa, pues el oído, la piel y el cuerpo impiden que el pensamiento quede reducido al concepto ("Todo concepto acaba disolviéndose en metáfora, y la música permite experimentar directamente esa transformación").
Su reflexión acerca de la memoria parte de la metáfora del Gólem y de la aspiración, frecuente en las vanguardias, a construir un mundo completamente nuevo a partir de sus cenizas. Herrera Guillén cuestiona esa ilusión de comenzar desde cero y distingue entre ciertas temporalidades propias del judaísmo y del cristianismo. En la tradición judía, todo comienzo presupone una palabra, una materia y una historia anteriores; la creación absoluta, desligada de cualquier genealogía, constituye una ficción peligrosa. "Hemos pensado que podemos vivir sin memoria", advierte este pensador. La pretensión de romper enteramente con el pasado puede desembocar en una respuesta reaccionaria, pues las tradiciones rechazadas regresan bajo las formas de la nostalgia, el resentimiento o la restauración. La memoria representa, así, una responsabilidad política y artística: permite reconocer las genealogías, transformarlas y evitar que el pasado reaparezca convertido en una amenaza.
Durante esta parte de la conversación escuchamos un fragmento de la obra electroacústica "We", de Luis de Pablo, que alcanzó su versión definitiva en 1984 gracias al trabajo realizado en el Gabinete de Música Electroacústica de Cuenca con la colaboración técnica de Leopoldo Amigo. La obra reúne diferentes materiales sonoros —voces y músicas procedentes de universos muy distintos—, y plantea desde su propio título una interrogación acerca de la primera persona del plural: quiénes podrían integrar ese "nosotros", sobre qué memorias se construye y qué experiencias quedan excluidas de él.
La audición de "We" acompaña también las observaciones de Víctor Gómez Pin acerca de la memoria y el olvido. El filósofo recuerda las obras de Kaija Saariaho dedicadas a estos asuntos, especialmente la ópera "Only the Sound Remains" y el monodrama "Émilie", que tiene como protagonista a Émilie du Châtelet, traductora al francés de los "Principia" de Newton. En ambas, la música explora aquello que persiste, desaparece o regresa transformado. El olvido humano no equivale a la pérdida de datos de una máquina: puede irrumpir en el instante en que un físico necesita una fórmula o un poeta busca la metáfora que sostenga su construcción, y se encuentra ligado a la experiencia, el deseo y la temporalidad. Gómez Pin afirma que, a diferencia de los algoritmos, los seres humanos somos sujetos susceptibles de provocar emergencias, y que la poesía constituye el paradigma de esa capacidad. El lenguaje no evoluciona mediante una acumulación progresiva comparable a la ciencia: entre Homero y Lorca, afirma Gómez Pin, no existe una relación de superación, pues cada metáfora verdadera hace aparecer algo que nunca había sido dicho. Estas emergencias poéticas, musicales o matemáticas permiten reconocer una diferencia fundamental entre la creación humana y la repetición algorítmica.
La discusión conduce finalmente hacia los históricos congresos Solvay y hacia las aportaciones de físicos como Werner Heisenberg y Erwin Schrödinger, para quienes el diálogo con la filosofía griega formaba parte de la comprensión de sus propias investigaciones. Sonia Contera y Víctor Gómez Pin coinciden en la necesidad de recuperar aquella comunicación entre física, metafísica y filosofía de la naturaleza. Cuando la ciencia abandona las preguntas acerca del sentido y de sus fundamentos, advierte Gómez Pin, queda expuesta a una deriva puramente instrumental.
Se detiene aquí, siquiera momentáneamente, una conversación cuya continuación presentaremos en la siguiente edición de Ars Sonora, una emisión que —igual que esta primera entrega— ha sido posible gracias a la ayuda inmensa de los compañeros de la Unidad Informativa de RTVE en Cuenca, con Acacio Contreras en el control técnico de sonido, y el apoyo igualmente indispensable y generoso de Iris de San Pedro Botas en la producción.