Ágora, un tiempo para pensar Serenidad, amistad y pocos miedos: el ideal epicúreo04/07/2026
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Epicuro es puro Renacimiento. Su fama, buena y mala, es por su consideración del placer como fin último de la existencia humana. Una búsqueda del placer regida por la sensatez y moderación, alejada del hedonismo superficial de Aristipo. Según nos cuenta David Hernández de la Fuente, autor de "El jardín de la felicidad" (Ed. Ariel), los escritos de este pensador fueron concebidos como un manual de urgencia ante el caos cotidiano. Para Epicuro, explica De la Fuente, usar el pensamiento era la medicina para sobrevivir en un mundo caótico y alienado. Sin Epicuro no habría sido posible nuestro mundo actual. Hablamos de su credo laico, su ética sin dioses, sus ideas de fraternidad universal, su propuesta para liberarnos de los miedos y su comunidad de amigos filósofos en su jardín.

 

Para Epicuro, la amistad era la base de una vida plena en comunidad. Una idea que encontramos en la "Ética a Nicómaco" de Aristóteles que hoy desgrana Vico. Decía Aristóteles a su hijo Nicómaco: "No te fíes de un hombre que no tiene amigos, pues un hombre que no tiene amigos es imposible que sea feliz". ¿Es la amistad un superpoder humano que tal vez se esté devaluando? Tendrás que escuchar a nuestro pensador sevillano en su "Ágora 3.0" para descubrirlo.

 

Al final del programa, volvemos a hablar sobre la existencia de Dios con Enric F. Gel quien esta vez plantea lo siguiente: si Dios existe, ¿por qué permite el mal? Para responder, Leibniz acuñó un término nuevo, “teodicea”, que literalmente significa “defensa o justificación de Dios”. La teodicea sería entonces, según cuenta Gel en "Pensemos fuerte" esa parte de la teología natural que se ocupa de “defender” a Dios, de encontrarle una justificación al hecho de que permita el mal en el mundo. Para Leibniz, antes de existir, las cosas ya están en el entendimiento divino como posibles, esperando que les sobrevenga o se les sobreañada la existencia. Y quien se la da es Dios. Veremos cómo las ideas de este pensador alemán fueron ridiculizadas por su coetáneo Voltaire.

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