Nuestro cerebro, formado a través de una evolución de millones de años sin un diseño previo, a salto de mata, presenta “chapuzas evolutivas” que resuelven unos problemas, pero plantean otros. Es lo que lleva tiempo defendiendo José Antonio Marina, un referente en el estudio del pensamiento y la educación. Nos cuenta Marina en su visita al programa que estos fallos nos dejan vulnerables ante los virus mentales que equivocan nuestras ideas y decisiones. En teoría, las zonas de la corteza cerebral deberían aprender con rapidez, pero no siempre es así. Con estas bases, charlamos con el maestro de emoción y razón. Todo está en su último ensayo, "La vacuna contra las adicciones. Inmunología mental para una especie vulnerable", editado por Ariel, un libro de filosofía que nos quiere libres.
¿Por qué nos enganchamos a aquello que nos impide sentirnos verdaderos dueños de nuestra propia vida? ¿Podemos ser libres en una sociedad diseñada para crear ataduras? ¿Cómo pueden ayudarnos la ciencia y la filosofía en todo esto? El origen del problema está en que somos una especie vulnerable que no sabe controlar los deseos, que no practica la voluntad y que se desborda cuando tiene que resolver problemas. Tenemos, dice, una propensión natural a la dependencia. Hablamos con Marina de personas claudicantes e insensatas, de competencias heurísticas, de virtud ética, hábitos, esfuerzos, apegos seguros y, sobre todo, de mucha filosofía.
En una charla íntima y muy personal, tenemos tiempo además de comentar algo sobre el mejor tomate del mundo y los beneficios del baile (y su relación con la memoria y el esfuerzo), la vocación frustrada de este grande de la filosofía en España.
Rescatamos algún momento de la serie "Merlí" sobre el esfuerzo en la vida y los jóvenes.
El gran maestro José Antonio Marina lleva años defendiendo la necesidad de entrenar la voluntad y lo que él llama la "inteligencia ejecutiva". Vico recoge el pensamiento de Marina al final del programa en "Ágora 3.0" para recordarnos que la fuerza de voluntad no es un don divino, sino un músculo que se trabaja con el hábito y el esfuerzo. El esfuerzo, señala el filósofo sevillano, necesita, obligatoriamente, de un criterio propio. Para generarlo, hay que recurrir a la herramienta de la autoconfianza. El esfuerzo y la voluntad, aclara nuestro colaborador especializado en ética de la comunicación, son esas herramientas que nos permiten ser dueños de nuestras decisiones.