Hoy en día, cuenta Vico en su sección "Ágora 3.0", nos bombardean con discursos hiperindividualistas del tipo "sé tú mismo", "busca tu propia felicidad", "gestiona tus emociones en tu habitación". Hemos convertido el crecimiento personal en un monólogo, asegura. Pero hace más de 2.300 años, explica nuestro colaborador, Aristóteles le escribió a su hijo un tratado que destroza por completo esta fantasía narcisista. Hablamos de su conocidísima obra "Ética a Nicómaco".
Para el estagirita, la felicidad es imposible sin el otro, porque la virtud no es un pensamiento íntimo: es una práctica que se despliega en la plaza pública, en la polis. Cuenta Vico, siguiendo las bases aristotélicas en esta obra, que la virtud moral (ethos) se adquiere a través de la repetición de actos y la costumbre, y ese aprendizaje es inherentemente comunitario.