Nuestro concepto actual de felicidad no es exactamente igual a la idea clásica. Para nosotros, la felicidad equivale al bienestar, a estar contento, a sentirnos bien. Pero Aristóteles hablaba de otra cosa que resumía en una palabra griega que suena mucho en Ágora, la eudaimonía. ¿Cómo podemos traducir o interpretar este término? Enric F. Gel lo explica en "Pensemos fuerte" y nos dice que para Aristóteles una vida feliz es aquella en la que uno practica acciones nobles y desarrolla la virtud. Esto sería para él la vida plena, la realización o florecimiento humano.
Todo esto lo explica el clásico en su obra más fácil de leer y entender, "Ética a Nicómaco", en la que nos habla de esa vida en la que uno realiza potencialidades inherentes a la propia naturaleza humana de la mejor forma posible. Alcanzar esa eudaimonía sería por tanto una actividad del alma conforme a la excelencia.