La psicóloga social Betty Friedan descubrió en una reunión de antiguas alumnas que ella no era la única que se sentía insatisfecha con el, según su percepción, limitado mundo de las amas de casa. Comenzó entonces un trabajo de campo que duraría cinco años y cuyos resultados incluiría en "La mística de la feminidad", una obra que caló hondo en su época. Friedan constató la insafisfacción de muchas mujeres abocadas a representar el papel de la perfecta ama de casa en un barrio residencial. A pesar de que la mujer estadounidense tenía un pasado aventurero y revolucionario, Friedan comprobó cómo en los años de la posguerra los directores de las revistas comienzan a buscar en el público femenino una nueva fuente de ingresos.
Según cuenta Paz Pérez Encinas en "Un cuarto propio" había que sustituir los productos de material bélico por otros. "Se hicieron estudios de mujeres consumidoras. Había que conseguir que el arte de llevar bien la casa se observara como una carrera, sería como dirigir una fábrica", explica nuestra colaboradora. El liberalismo democrático y la psicología funcionalista hicieron el resto. Pero había un problema: las necesidades de autorrealización descritas en la conocida "Pirámide de Maslow" no se estaban cumpliendo. Pérez Encinas concluye señalando que hay que conocer nuestra historia y estar muy alerta para no repetirla.