Todo comienza en 1872, año en el que Friedrich Nietzsche publica una de sus primeras obras, "El origen de la tragedia en el espíritu de la música". En este libro, el autor alemán plantea una interpretación de la tragedia griega apelando a la fusión de dos principios: lo apolíneo y lo dionisíaco. Esto regirá de fondo todo su pensamiento.
¿Qué representa Apolo, el dios del sol?: el orden, la civilización, la virtud, lo equilibrado. Por oposición, Dioniso, rey del vino, representa el desenfreno, la sexualidad, la irracionalidad, el desorden.Tal y como nos detalla Enric F. Gel en "Pensemos fuerte", si Apolo es control racional, en las fiestas dionisíacas, el individuo se desprende de su propia individualidad, se pierde a sí mismo en el descontrol, se mezcla con todo lo demás, a veces carnalmente y todo. Apolo y Dioniso representan, en cierto sentido, principios opuestos, en tensión o en conflicto, pero en otro sentido, dice Nietzsche, son manifestaciones de una misma realidad fundamental: la vida. Y aquí es donde hablamos de Shopenhauer, Sócrates y Platón. Ninguno de los tres se libra de la crítica de Nietzsche.
Lo que Nietzsche cree encontrar en la tragedia griega, explica Gel, es que el griego sabe perfectamente que la vida es horror, pero que toma, no obstante, la decisión de afirmarla y abrazarla por medio del arte. En un inicio, este “sí” estético a la vida toma dos formas paralelas, que se corresponden con lo apolíneo y lo dionisíaco. La tragedia es la síntesis de Apolo y Dioniso, con ella los griegos unifican ambos principios, logrando entre ambos una alianza fraternal. ¿Se inclinará el filosófo alemán por alguno de estos dos polos opuestos? Te recomendamos especialmente la degustación de una de las expociciones más vibrantes de nuestro colaborador catalán.