La filósofa gallega Noelia Bueno analiza el pensamiento de Hannah Arendt, a quien se ha acusado de una cierta frialdad filosófia o de una falta de empatía hacia el sufrimiento de las víctimas del holocausto judío, siendo ella además una judía exiliada durante el nazismo. Se llegó a decir que había traicionado a los suyos, perdió amistades de toda la vida y se enfrentó a una campaña de desprestigio importante. Todo por su teoría sobre "la banalidad del mal". Desarrolla este concepto filosófico tras cubrir como corresponsal el juicio contra uno de los criminales nazis, Adolf Eichmann. Toma notas y acaba publicando en 1963 sus conclusiones.
Según explica nuestra colaboradora en "Los caminos de Hiparquia" en ese texto Arendt pregunta cómo podían haber colapsado las normas morales más elementales, y hacerlo de un modo masivo y sistemático. Arendt, que esperaba encontrarse con un monstruo, vio en Eichmann a un hombre normal y corriente, no a un sádico ni a un fanático. Sus actos malvados, por tanto, no podían ser concebidos como actos profundamente deliberados, articulados o radicalmente demoníacos, sino como actos de una maldad banal cometida por un ser banal, él mismo, alguien superfluo. Estas ideas fueron contestadas por Jean Amèry en su ensayo sobre la tortura. Exploramos otro aspecto de la filosofía de Arendt: el origen de los totalitarismos que estaría en la pérdida del sentido de la realidad y la libertad de pensamiento y acción. Explotando esa confusión entre la verdad y la realidad, el totalitarismo necesita “material humano” que aniquilar para mantener el terror.