El Sahel se ha convertido en uno de los grandes escenarios de la competencia internacional. Mientras Francia reduce su presencia y Rusia afronta un creciente desgaste, Turquía avanza con una estrategia diferente: combina cooperación, religión, educación, empresas, conexiones aéreas y venta de material militar. Ankara no busca únicamente contratos o influencia diplomática; trata de construir una presencia duradera, capaz de generar empleo, prestar servicios y mejorar su imagen entre los gobiernos y las sociedades africanas. Analizamos cómo funciona el modelo turco, qué resultados está obteniendo en países como Libia, Chad o Níger y si esta combinación de poder económico, político y militar puede convertirse en la fórmula de influencia más eficaz en el África actual.