En las tierras de Sigüenza el agua corre entre las rocas, la sal se esconde bajo la tierra y la arquitectura sobrevive al paso del tiempo.
El paisaje es escenario y forma de vida. Hay un grupo de personas que lo cuidan, lo explican y lo mantienen vivo. Son los guardianes del territorio.
Blanca Moreno es el alma mater del grupo. Una historia que comienza en un antiguo molino harinero convertido en un hotel Relais & Châteaux hace 30 años. Un lugar donde la gastronomía, la naturaleza y la cultura se encuentran.
A pocos kilómetros, en la Sierra Ministra, nace el río Henares, nace en un lugar humilde, como todo lo que rodea a la provincia de Guadalajara per ha sido vital en el desarrollo de esta provincia y de Madrid.
Cerca de Alcuneza se unen dos de sus afluntes más imporantes: los ríos Dulce y Salado. Dos ríos tan dispares que han marcado, como si de un enfrentamiento se tratara han maracado la orografía del paisaje y sobre todo, su economía.
En el barranco del río Dulce, los farallones se elevan sobre el cauce. El paisaje parece inmóvil, pero el agua lleva millones de años trabajando.
Miguel Viguria, guía de naturaleza del centro de ecoturismo Barbatona, nos explica cada uno de sus rincones.
Las paredes del barranco sirven de refugio a buitres leonados, águilas reales y halcones peregrinos. El río alimenta al mirlo acuático, el martín pescador o las nutrias, que han reaparecido.
Guardianes del territorio es una idea sencilla: un destino no se sostiene únicamente con monumentos, paisajes o establecimientos turísticos. Necesita personas que conozcan su historia, cuiden sus recursos y encuentren nuevas maneras de compartirlos.
Y sobre todo tratar de recuperar el orgullo de un territorio que ha sufrido la despoblación severa.
El guardián Carlos Moreno, fundador de Despelta y de El Colmenar de Valderromero, tiene la difícil tarea de trabajar con semillas antiguas, harinas ecológicas y abejas.
Su proyecto une dos elementos esenciales para la vida: la biodiversidad y la alimentación y recuerda que conservar una semilla es preservar.
Cuenta la historia desde su tienda-museo que reúne productos de la tierra y elementos de la cultura local. Todos ellos llegan a la mesa de Samuel Moreno, chef y copropietario del Molino de Alcuneza, que acumula 1 estrella Michelin y dos soles Repsol.
El guardián de las estrellas es Jaime Domínguez
En un rincón de la mal llamada "España vaciada", donde la densidad de población apenas alcanza los dos habitantes por kilómetro cuadrado, se esconde un tesoro sobrecogedor, su cielo nocturno y la densidad de la vía láctea. En este escenario de desconexión y silencio, Jaime, se ha erigido como un verdadero guardián de este territorio celeste, protegiendo y divulgando la riqueza de un firmamento libre de contaminación.
Ha unido sus dos pasiones: la astronomía y la música para organizar observaciones del cielo nocturno bajo el nombre de "estrejazz".
En la ciudad de Sigüenza, otra guardiana trabaja con materiales diferentes: lienzos, esculturas, memoria y belleza.
Sonia Hernández Garijo fundó, junto a Julio Álvarez Jiménez, la Galería Sigüenza. Abrieron sus puertas en 2020, en plena pandemia, en una antigua carnicería.
Hoy, ese espacio acerca el arte contemporáneo a una ciudad pequeña.
La galería no quiere ser una isla. Sus obras viajan también a otros espacios. Algunas llegan al comedor del Molino de Alcuneza, donde el arte acompaña a la gastronomía.
Naturaleza, arte, semillas, sal y estrellas.
Cada guardián protege una parte del territorio. La verdadera fuerza está en la conexión entre todos ellos.
Treinta años después de la apertura del hotel, el proyecto familiar sigue mirando hacia el entorno que lo hizo posible.
Y a su alrededor, una nueva generación de guardianes demuestra que la defensa del territorio adopta muchas formas. Cuidan y muestran sus ecosistemas, su gastronomía, su cultura, su historia o sus cielos nocturnos.
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