La Bóveda Global del día después guarda el futuro de la humanidad en Svalbard
- Recibe el Princesa de Asturias de Cooperación Internacional como ejemplo de colaboración entre países
- En una montaña del Ártico noruego se conservan más de 1,4 millones de muestras de semillas de todo el mundo
La Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en Noruega, es un modelo de colaboración que reúne a países, científicos e instituciones para proteger la diversidad agrícola mundial, uno de los patrimonios más esenciales del planeta. Su valor reside también en la confianza entre países de todo el mundo para trabajar juntos en la preservación de un legado común. Inaugurada en 2008, la Bóveda conserva duplicados de semillas para evitar que una guerra, una catástrofe o la desaparición de un banco genético hagan irrecuperables variedades desarrolladas durante generaciones. La guerra de Siria ya demostró que esta reserva puede salvar colecciones científicas destruidas. Los conflictos de Ucrania y Sudán y la aceleración del cambio climático refuerzan la necesidad de asegurar la diversidad agrícola y garantizar la seguridad alimentaria de las próximas generaciones.
En una montaña de Svalbard se esconde un tesoro universal
Svalbard es un archipiélago noruego en el océano Ártico, el lugar que más se calienta del planeta. Bajo una de sus montañas, en el permafrost, se guarda una parte del futuro de la humanidad. Las cámaras, en las que se almacenan las semillas, se encuentran al final de un túnel excavado en la montaña, que se adentra a 130 metros de profundidad. Es el lugar más seguro para las colecciones de semillas. Hay capacidad para 4,5 millones de variedades.
La Bóveda Global de Semillas en Svalbard en 2024 RTVE
La Bóveda Global de Semillas alberga la gran copia de seguridad de la diversidad agrícola mundial. En su interior hay ya conservadas más de 1,4 millones de muestras, de 6.589 especies y de 135 depositarios. Cada año aumentan las muestras y los depositantes y permanece la idea de conservar duplicados de las colecciones que alimentan la agricultura del mundo. Lo importante es que se conserven, no su número total, ya que una variedad puede ayudar a afrontar una sequía que todavía no conocemos, una enfermedad que aún no ha aparecido o una plaga que amenace un cultivo básico. También puede permitir recuperar una colección destruida por una guerra o por una catástrofe.
El crecimiento importa, pero también quién confía sus semillas a la montaña. La red reúne bancos nacionales, centros internacionales de investigación y otras instituciones que conservan recursos genéticos vegetales. La Bóveda no se apropia de esas semillas ni las distribuye, las conserva como duplicados de seguridad, y cada institución mantiene la propiedad y el control sobre su material. El jurado del Premio Princesa de Asturias destacó su "cooperación silenciosa", porque es en el silencio y la paz de la montaña donde están almacenadas, por el bien común, semillas incluso de países en conflicto.
Bóveda GLobal de Semillas de Svalbard, Noruega RTVE
Un premio a la cooperación internacional que funciona
La Bóveda es también un ejemplo de multilateralismo, una alianza internacional que se concreta en una tarea práctica, proteger la diversidad de los cultivos de la que dependerá la alimentación futura. Para Noruega, propietaria de la instalación, demuestra que la seguridad alimentaria puede convertirse en una responsabilidad compartida. NordGen y Crop Trust, socios del Ministerio de Agricultura de Noruega. Subrayaron que el premio reconoce la conservación de la diversidad agrícola y también la confianza que permite a instituciones de distintos países trabajar juntas. La Bóveda es una infraestructura noruega, pero cada caja de semillas que llega representa una institución que confía en que su colección estará protegida, si algo destruye o vuelve inaccesible el original.
El ex secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, describió la Bóveda como una "póliza de seguro global" y como un regalo de Noruega a la humanidad y "símbolo de paz". En un momento de guerras, rivalidad entre grandes potencias, crisis climática, debilitamiento de algunas instituciones multilaterales y de catástrofes naturales, se representa una cooperación que no necesita de grandes discursos para demostrar su utilidad. Las semillas no votan, ni conocen fronteras, ni diferencias políticas. Una variedad puede haber sido seleccionada durante siglos por agricultores de una comunidad y ser utilizada mañana por científicos de otro continente para desarrollar un cultivo resistente a una enfermedad. La Bóveda ha convertido un acuerdo internacional en algo concreto, en cajas perfectamente identificadas que se conservan a -18 grados en una montaña.
14.16 min
Transcripción completa
Es uno de los pocos lugares del mundo en el que preciados
tesoros de amigos y enemigos reposan juntos.
El ex secretario general de la ONU, Ban Ki Moon,
la calificó como un regalo de Noruega para la humanidad
y símbolo de paz.
Es la Bóveda Global de Semillas de Svalbard.
"Hoy hemos depositado semillas de tres nuevos bancos de genes.
Así que, en total,
ahora tenemos semillas de 114 bancos de genes diferentes
de todos los continentes.
Ya hay 1 280 677 muestras".
"Estamos a la entrada de la cúpula de Svalbard,
donde hemos depositado las semillas que hemos traído este año.
Vinimos hace dos años y ahora es la segunda vez
que venimos a traer semillas.
Pero esto tiene que ser una forma sistemática.
Son ya muchos los bancos genéticos que han depositado sus semillas
en esta especie de caja de seguridad,
inaugurada por el Gobierno de Noruega, en 2008.
Sólo abre para recibir nuevas cajas de semillas".
"Ya sabemos la dificultad que tenemos todas las naciones
en ponernos de acuerdo.
Aquí hay un ejemplo de haberlo logrado y de estar aportando algo
que es para el futuro.
Se trata de salvaguardar semillas para las generaciones futuras.
La bóveda está construida en una montaña
cerca de Longyearbyen, la capital de Svalbard,
un peculiar archipiélago bajo soberanía noruega,
situado en el océano ártico.
En él viven ciudadanos de más de cincuenta países
y fue la explotación del carbón la que condujo a poblar
de forma permanente este inhóspito lugar".
A unos 4300 kilómetros, en Alcalá de Henares,
se encuentra el Centro de Recursos Fitogenéticos
del Instituto Nacional de Investigación
y Tecnología Agraria y Alimentaria, integrado en el CSIC.
Aquí están depositadas semillas de especies vegetales
de diversos bancos genéticos de España.
"Nosotros conservamos el material que nos han donado los agricultores
que ellos han conservado y han cultivado durante décadas
para que pueda ser útil para la alimentación del futuro.
Las características de ese material,
ya sea resistencia a altas temperaturas, a plagas,
a enfermedades, o simplemente el sabor que tenían esos materiales
y que recordamos en platos o en comidas
que hacían nuestros abuelos las queremos mantener en el futuro.
Es aquí también donde se preparan las semillas que se van a llevar
al banco mundial de Svalbard".
-¿Cuánto tiempo puede vivir una semilla?
-Pues cientos de años.
España tiene que apostar por la biodiversidad
y tiene que apoyar todas las iniciativas que se hagan
en ese sentido.
Y España tiene que estar en Svalbard
y tiene que llevar material a Svalbard.
El objetivo es que las muestras sean viables allí en Svalbard
y que las mismas muestras que tenemos aquí
en nuestra colección base sean la misma
que se ha mandado a Svalbard.
Aquí podemos ver las 44 000 muestras que tenemos aquí
conservadas, que provienen de los 14 bancos de semillas
que tenemos en España.
Aquí, además tenemos ya las cajas preparadas para llevar a Svalbard.
-¿Por qué tienen que estar a esta temperatura de -18?
-Porque se conservan durante más tiempo.
Por cada grado que bajamos la temperatura
o cada grado de humedad que bajemos,
aumenta la longevidad de las semillas.
Una vez en Svalbard, las cajas con las semillas
pasan los controles de seguridad del aeropuerto, bajo la supervisión
de Asmund Asdal, coordinador de operaciones
y de la gestión de la Bóveda Global.
Después, se trasladan a la que se conoce también
como la cámara del fin del mundo o el banco de semillas
del día del juicio final.
Hemos traído dos cajas con 208 tipos diferentes
de semillas, hay tomates, judías, berza, acelgas
y cosas tan nuestras como la borraja o el cardo,
que son verduras minoritarias,
pero de gran importancia conservarlas.
En el 2022,
trajimos otras 1000 muestras diferentes.
En ese caso eran más cereales, trigo, maíz.
La idea es poder tener aquí más del 40 % de las muestras
que conservamos en el sistema.
Las cámaras, en las que se almacenan las semillas,
se encuentran al final de un túnel excavado en una montaña
de permafrost, que se adentra a 130 metros de profundidad.
Es el lugar más seguro para las colecciones de semillas.
Hay capacidad para 4,5 millones de variedades.
Hay muchos ejemplos de bancos de genes
que han perdido sus semillas por guerras y conflictos,
inundaciones, incendios, falta de recursos,
no tener dinero para pagar la factura de la luz,
por ejemplo.
Así que todo el mundo tiene claro que asegurar los recursos genéticos
en más de un lugar es muy importante.
El cambio climático, que puede agravar
algunos de estos problemas, ha acentuado la necesidad
de contar con un depósito de semillas de reserva.
Las medidas de seguridad en esta bóveda global son estrictas.
Solo se permite el acceso a la misma
a los empleados y encargados de su mantenimiento
y gestión pertenecientes al centro nórdico de recursos genéticos.
Cualquier daño en su interior sería desastroso Asmund Asdal.
Aquí dentro hay semillas por valor de miles de millones.
Si alguien entrara con malas intenciones y ocurriera algo,
sería desastroso para el futuro suministro de alimentos del mundo.
Esto no deja de ser una réplica de seguridad,
pero también no pensando solo en nosotros,
en que podamos necesitar estas variedades en nuestra región,
sino que es que a lo mejor en un momento dado puede ser útil
en cualquier otra región,
sobre todo ahora que el cambio climático está ahí y entonces
pues puede estar sufriendo una situación climática
en la cual una variedad que era importante
o que es importante en nuestra región,
empieza a serlo en la suya.
Aquí tenemos refrigeración artificial.
Aquí abajo hay -18 grados.
No dependemos del permafrost.
El permafrost, por supuesto, proporciona una seguridad adicional
en caso de que algo le suceda al equipo.
Si se cortase la electricidad, seguiríamos teniendo esta baja
temperatura más de un año.
Así que habría tiempo de sobra para instalar nuevos equipos.
Todo esto tiene que ser un proceso constante en que todos los años
vengamos a traer diferentes tipos de semillas
a la cúpula de Svalbard.
Es algo muy emotivo.
La verdad es que yo creo que hace que te sientas parte
de algo especial.
Somos parte de un esfuerzo internacional.
Eso siempre es algo muy importante.
La bóveda global de semillas atrae también a muchos turistas
al que es el lugar del planeta que más rápidamente se calienta,
entre tres y cinco veces más que cualquier otro.
El cambio climático se percibe en Svalbard de forma dramática.
Longyearbyen acoge a centenares de estudiantes y científicos
dedicados a investigar el cambio climático y el calentamiento global
en el Ártico.
Aquí puedes ver lo resiliente que es la vida.
La vida tiene que sobrevivir a la noche y al invierno
y tiene dos meses para florecer.
Que a cámara rápida en mayo empieza, florece, vive,
se pone verde, todos los pájaros vienen, todo vive, todo se engorda.
Y, en septiembre, la hierba se congela de nuevo,
las plantas mueren, los pájaros se van
y todo vuelve a morir.
Y ver este ciclo de cómo la vida está luchando todo el año para
en dos meses hacerlo todo rápido.
Beatriz guía también expediciones turísticas
en moto de nieve a espacios salvajes e inhóspitos,
centrándose en la ciencia y con un ojo puesto
en el rey de Svalbard, el oso polar.
Cuántos osos polares has visto desde que estás aquí en Svalbard?
-Como individuos he visto más o menos unos 20, entre 18 y 22.
No te puedo decir una cifra exacta.
Pero casi siempre han sido madres con crías, con dos o una cría,
de machos solitarios, solo he visto una vez
y la mayoría de veces ha sido con barco,
en barco es mucho más fácil.
Va siguiendo la costa, la línea de la costa,
que es donde los osos están
porque es donde tienen mayor disponibilidad de comida.
Este es uno de la madre con la cría.
Esto es en la costa este, digamos.
Está grabado a través de los binoculares
y con el zoom del móvil.
Cualquier movimiento de los científicos sobre el terreno
requiere, en este archipiélago, una planificación de seguridad.
El oso polar no es la única amenaza.
Para ir a los sitios donde se sacan los datos
tenemos que viajar encima de glaciares,
tenemos que viajar encima de hielo marino,
por zonas donde puede haber avalanchas y obviamente aquí tenemos
todo lo que sería el tema fauna, o sea el oso polar.
Todo esto son temas
en los que siempre se tienen que considerar.
Entonces pues esto,
parte de mi trabajo es hacer una evaluación del riesgo.
El objetivo de la actividad científica aquí es hacer ciencia,
pero se tiene que hacer de forma segura.
En los confines de Longyearbyen hay un edifico en soledad.
Es Huset, construido en 1948 y el más antiguo de la ciudad.
Alberga el restaurante de alta cocina más al norte del mundo.
Al frente de sus fogones está desde hace más de dos años
el chef español, Alberto Lozano.
Queremos que el representante máximo del restaurante
sean los productos locales.
Y en torno a eso con lo que trabajamos.
En proteínas tenemos foca, reno ártico, perdiz blanca,
vieira ártica, gambas.
También de aquí, bacalao de Svalbard, lobo de Svalbard.
Esa es nuestra zona.
Cuando decimos Svalbard es lo que nos llega aquí
de nuestros pescadores o cazadores.
Y Ártico es nuestro límite en cuanto a proteína.
Alberto pasó por restaurantes y hoteles de varios países
antes de recalar en el Ártico para hacer una cocina creativa
y sostenible, ártica y con algún toque de su tierra.
Observamos que entre su particular vajilla hay fósiles.
Se pueden encontrar en la morrena de un glaciar,
al lado de Longyearbyen.
Muestran que antaño hubo aquí clima tropical.
Datan de hace 60 millones de años.
Como ya la nieve se va derritiendo, tenemos posibilidad de encontrarlos.
Vamos seleccionando según que piedra, según que planta
esta puesta en el fósil o ha quedado en el fósil.
Lo vamos utilizando para diferentes platos.
Tiene su parte histórica y la verdad que los clientes
se sorprenden de saberlo.
Alberto lleva todavía pocos años en este lugar,
pero ya ha podido percibir los efectos del cambio climático
y del calentamiento global.
Alberto He visto muchísimos cambios.
Luego aparte tenemos que entender que todo lo malo
que pasa en el sur llega al norte.
Tenemos las corrientes de aire y las corrientes de agua
que transportan todo lo contaminante y ya ves cambios
a la hora de temperatura de movimientos migratorios
en las aves y en los peces.
Todo es extremo en este archipiélago,
tanto el invierno, como el verano, pero,
aún así, sus habitantes
están atrapados por la magia del ártico,
una magia que puede acabar desapareciendo.
Svalbard sufre las consecuencias de la falta de cuidado
con la naturaleza más al sur.
Sus efectos en este lugar son una advertencia
e indicativos de lo que pasará en el resto del mundo.
Así terminamos Informe Semanal.
Gracias por acompañarnos en directo
y recuerden que tienen nuestros reportajes a su disposición
en RTVEPlay,
la plataforma de la radiotelevisión pública.
Disfruten, hasta la semana que viene.
Una idea que nació en una mina
La Bóveda Global de Svalbard abrió sus puertas el 26 de febrero de 2008, pero la historia empezó mucho antes. En Longyearbyen, la capital del archipiélago noruego, existe, muy cerca de la Bóveda, una antigua mina de carbón, la Mina número 3, cerrada en 1996. Allí comenzó, en 1984, el almacenamiento de semillas de colecciones nórdicas y, en 1986, se puso en marcha un experimento para estudiar cuánto tiempo podían sobrevivir en el permafrost. La investigación, concebida para prolongarse durante un siglo, es una referencia para entender la conservación a largo plazo. Hoy esa mina se puede visitar. Uno de sus guías, Leif Arne Bjørkas, nos mostró los botes y cajas de semillas que todavía permanecen en la mina. "Aquí está el almacén original. Todavía quedan un montón de semillas en cajas que datan de todo el periodo desde 1986", nos explicó. Y, señalando el hielo adherido a la roca, añadió: "Es permafrost, en el techo hay hielo del permafrost. Así es como se almacenaron las semillas en la bóveda de semillas original".
La antigua mina demostró el potencial de utilizar las condiciones naturales del Ártico, pero también puso de manifiesto sus limitaciones. El permafrost aporta frío de manera natural, aunque una conservación fiable durante décadas y siglos exige controlar la temperatura, la humedad, el acceso y la seguridad. La experiencia acumulada allí contribuyó a la creación de la instalación actual, la Bóveda de las semillas del día después, que combina la protección geológica de la montaña con sistemas técnicos de refrigeración. La entrada de la Bóveda se abre en la ladera de la montaña de Platåberget. Las semillas están almacenadas con refrigeración artificial. El permafrost proporciona una segunda barrera de seguridad. Åsmund Asdal, coordinador de la Bóveda durante once años, nos aseguraba que el frío natural de la montaña ayuda a proteger las muestras incluso ante un fallo temporal del sistema de refrigeración. Pero la conservación no depende solo del hielo: se mantiene a una temperatura controlada de -18 grados.
Interior de la mina donde se probó la conservación de las semillas en Longyearbyen, Noruega RTVE
La seguridad, ante todo
La función de Svalbard no es sustituir a los bancos de genes, cada institución conserva sus colecciones originales y envía duplicados a la Bóveda. Las semillas siguen siendo propiedad del depositante y solo esa institución puede solicitar su retirada. El depósito es gratuito y las cajas permanecen selladas. La esperanza es que nunca se necesite sacarlas, pero, si ocurre lo peor, es crucial este depósito en el Ártico. Asdal nos recordó que los bancos de genes pueden perder sus materiales por guerras, conflictos, inundaciones, incendios o por falta de recursos para mantenerlos. La Bóveda no evita que ocurran esas tragedias, pero puede impedir que la pérdida sea irreversible. Esa idea, sencilla en apariencia, tiene consecuencias enormes: una copia almacenada a miles de kilómetros puede permitir reconstruir una colección que ha desaparecido en su lugar de origen.
La hipótesis se convirtió en realidad durante la guerra de Siria. En Alepo, estaba el banco de genes de ICARDA, el Centro Internacional de Investigación Agrícola en Zonas Áridas. Su colección reunía alrededor de 150.000 muestras de cultivos adaptados a regiones áridas, esenciales para agricultores y científicos de numerosos países. La guerra hizo imposible mantener la actividad. Más del 80% de la colección siria había sido duplicada antes de que el conflicto obligara al personal a abandonar Alepo. Esa previsión permitió que ICARDA solicitara a la Bóveda de Svalbard la devolución de las muestras necesarias para reconstruir su banco de genes en nuevas instalaciones. La primera retirada se produjo en 2015 y hubo nuevas solicitudes en 2017 y 2019. En conjunto, ICARDA recuperó más de 116.000 muestras, que fueron trasladadas al Líbano y Marruecos para regenerarlas y reconstruir la colección. Parte del material multiplicado regresó después a Svalbard como nueva copia de seguridad. La Bóveda mostró exactamente para lo que había sido construida: permitir que una colección pudiera recuperarse y seguir siendo útil para la investigación y la agricultura.
Asmund Asdal transporta cajas con semillas españolas dentro de la Bóveda RTVE
La experiencia de ICARDA convirtió una idea abstracta -guardar una copia por si algún día fuera necesaria- en una herramienta real de supervivencia científica. También demostró que la Bóveda no es un museo inmóvil: las semillas pueden salir cuando la institución propietaria las necesita. Por eso, la seguridad del lugar es vital. El acceso al interior de la Bóveda está restringido, solo pueden entrar las personas encargadas de la gestión y el mantenimiento. No es un espacio abierto a las visitas, aunque se haya convertido en una imagen reconocible de Svalbard y objeto de deseo para los turistas. Asmund Asdal explicaba las razones: "Aquí dentro hay semillas por valor de miles de millones. Si alguien entrara con malas intenciones y ocurriera algo, sería desastroso para el futuro suministro de alimentos del mundo". La restricción protege mucho más que una instalación, preserva una reserva genética irremplazable.
Ucrania, Sudán y las nuevas muestras de semillas
La guerra de Ucrania volvió a demostrar que los recursos fitogenéticos pueden convertirse en patrimonio en peligro. Los bancos de genes conservan variedades que forman parte de la historia agrícola de un país, pero también pueden resultar decisivos para desarrollar cultivos resistentes a nuevas enfermedades o a condiciones climáticas extremas. En Járkov, los bombardeos dañaron edificios e infraestructuras del banco nacional de genes, que conserva más de 150.000 muestras. En la primavera de 2022, hubo una operación de emergencia para proteger su colección y el material fue trasladado a una instalación del oeste del país, lejos del frente.
El pasado 13 de octubre, se producía el primer envío ucraniano de semillas a Svalbard desde 2012. Viktor K. Riabchoun, responsable del Banco Nacional de Recursos Fitogenéticos de Ucrania, explicó que preparar el envío exigió trabajar cerca de zonas afectadas por las hostilidades. Lene Krøl Andersen, directora ejecutiva de NordGen, calificó la contribución ucraniana de logro extraordinario dadas las difíciles circunstancias del banco de genes y recordó que la Bóveda existe para proteger colecciones irreemplazables frente a cualquier amenaza. Es una infraestructura común para que los conflictos u otros desastres no borren recursos que pertenecen a la historia y al futuro de todos.
Sudán también ha visto amenazadas sus colecciones por la guerra. La llegada de muestras de ese país a Svalbard es parte del esfuerzo para evitar que se destruyan recursos agrícolas que pueden ser esenciales para la recuperación. En junio de 2026, el banco de recursos fitogenéticos de Sudán depositó 982 muestras de 19 especies y cultivos, cereales básicos para millones de personas en regiones expuestas a la sequía. Los depósitos recientes también han ampliado la representación de países que todavía no habían confiado muestras a Svalbard. En febrero de 2026, llegaron, por primera vez, semillas de Guatemala y Níger; en junio, se incorporó Burkina Faso. El mapa de la Bóveda de Svalbard es también un mapa de las vulnerabilidades del mundo: guerras, inestabilidad institucional, crisis climática y falta de recursos pueden poner en peligro colecciones construidas durante décadas.
El Ártico se deshiela y las consecuencias se notan en todo el mundo
Pero Svalbard es reflejo de una paradoja. La instalación construida para protegernos de algunos de los riesgos del futuro está situada en uno de los lugares donde el cambio climático se manifiesta con mayor rapidez. El Ártico se calienta mucho más rápido que la media global. Los glaciares retroceden y el permafrost cambia, precisamente en el territorio donde se ha construido un depósito pensado para conservar semillas durante generaciones. El científico Kim Holmén, exdirector del Instituto Polar Noruego, lleva décadas investigando el Ártico. "Por desgracia, el clima ha cambiado más rápido de lo que esperábamos", nos advertía durante la grabación del documental "Svalbard, deshielo y tensión" para Documentos TV. Holmén también alertó de que "el mundo sería más pobre sin el ecosistema ártico" y afirmó que la naturaleza de la región cambiará radicalmente. Y no hay que olvidar que lo que ocurre en el Ártico afecta al resto del planeta, desde el nivel del mar hasta el equilibrio de los océanos y la circulación atmosférica.
El glaciólogo francés Leo Decaux ha observado directamente ese cambio sobre los glaciares. "Estamos perdiendo unos tres metros de hielo cada año, cada verano. Este proceso se está acelerando desde hace 30 años", nos explicaba al describir la velocidad del retroceso glaciar. La paradoja se vuelve más evidente: el lugar elegido como refugio para la biodiversidad agrícola está sometido a la misma crisis climática que hace más necesaria esa biodiversidad. La Bóveda tampoco ha permanecido al margen de esos cambios. En 2017, el agua procedente de lluvias intensas y del deshielo llegó al túnel de acceso. Las cámaras donde se almacenan las semillas no estuvieron en peligro, pero hubo que revisar su seguridad y se puso de manifiesto que el cambio climático también afecta a las infraestructuras árticas. Noruega impermeabilizó el túnel de acceso, mejoró los sistemas de seguridad y colocó un nuevo sistema de refrigeración. La instalación se diseñó para durar, pero su durabilidad depende de anticipar riesgos que cambian con el clima. La Bóveda no está diseñada para permanecer idéntica durante siglos, sino para durar siglos adaptándose a un mundo que cambia.
España guarda lo que los agricultores conservaron durante generaciones
España es uno de los países europeos con una gran diversidad agrícola, desde cereales y legumbres hasta hortalizas y variedades mediterráneas que han sido seleccionadas durante generaciones. En Alcalá de Henares, se encuentra el Centro de Recursos Fitogenéticos del INIA-CSIC. Allí se conservan variedades procedentes de agricultores y de bancos de genes españoles, una reserva de material genético y de conocimiento que puede resultar fundamental para la agricultura del futuro. Luis Guasch, responsable del centro y del depósito español, lo explicaba con claridad: "Conservamos el material que nos han donado los agricultores, que ellos han conservado y que han cultivado durante décadas para que pueda ser útil para la alimentación del futuro". No se trata únicamente de producir más. Se trata de mantener abiertas opciones que quizá hoy no necesitamos, pero que pueden resultar esenciales cuando cambien el clima, las plagas o las necesidades alimentarias.
Almacén de semillas en Alcalá de Henares RTVE
En Svalbard, Guasch insistía en que España debía apostar por la biodiversidad y respaldar iniciativas internacionales como la Bóveda. La longevidad de las semillas puede alcanzar cientos de años, si se mantienen en condiciones adecuadas. Y advertía que perder una variedad puede significar perder para siempre un recurso que la selección de agricultores mantuvo durante generaciones. España ha enviado duplicados a Svalbard en distintos momentos, conservar las muestras fuera del país añade una protección adicional.
En 2026, ha habido un depósito especialmente simbólico: las primeras semillas de olivo de la historia de la Bóveda. El Banco de Germoplasma Mundial del Olivo de la Universidad de Córdoba envió semillas de olivos silvestres españoles y material representativo de 50 de las principales variedades cultivadas en el mundo. Concepción Muñoz Díez, investigadora de la Universidad de Córdoba, advirtió que las variedades locales están amenazadas por el envejecimiento de los árboles, la baja rentabilidad de los olivares tradicionales y la expansión de variedades más fáciles de mecanizar, los parientes silvestres también sufren por el aumento de las temperaturas y los incendios.
José Pablo Zamorano, del IMIDRA (Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario), resumía la dimensión colectiva de la Bóveda recordando que suele ser difícil que las naciones se pongan de acuerdo, pero que Svalbard demuestra que pueden hacerlo cuando existe un objetivo compartido. "Somos parte de un esfuerzo internacional", señalaba. Y explicaba por qué las copias españolas pueden ser útiles más allá de las fronteras españolas: "No pensando solo en nosotros, en que podamos necesitar estas variedades en nuestra región, sino que a lo mejor en un momento dado puede ser útil en cualquier otra región" del mundo.
El futuro está en la montaña del mágico Ártico
La Bóveda no es una solución universal. Hay semillas que no soportan ser secadas y congeladas. Algunas especies necesitan conservarse mediante otros procedimientos. Svalbard no sustituye a la red mundial de bancos de genes. La fortaleza del sistema depende de que las instituciones nacionales e internacionales estén bien financiadas, dispongan de personal, mantengan vivas sus colecciones y puedan enviar duplicados seguros. Fuad Gaši, genetista bosnio que asumió la coordinación de la Bóveda el 1 de junio de 2026, la ha descrito como un repositorio de conocimiento y potencial y ha explicado que, cuando desaparece una variedad, "perdemos potencial", porque podría perderse la resistencia que permita combatir una enfermedad, adaptarse a una sequía o mejorar un cultivo. Cada semilla es el resultado de generaciones de selección y adaptación. Gaši insiste en que los bancos de semillas conservan también el conocimiento tradicional asociado al cultivo de cada variedad. La diversidad no está únicamente en el ADN, incluye las prácticas agrícolas, los usos alimentarios y la experiencia acumulada por las comunidades que han seleccionado y cuidado esas plantas.
Para Åsmund Asdal, el de junio de 2026 fue su último depósito como coordinador, tras 11 años.En su despedida, recordó al personal de los bancos de genes, a los científicos, a los periodistas y representantes políticos que han defendido el proyecto durante estos años. Puso el foco en quienes hacen posible la conservación mucho antes de que las cajas lleguen al Ártico. Y destacó que la Bóveda y los recursos genéticos que conserva son más importantes que nunca y que el proyecto demuestra que la cooperación internacional sigue siendo posible en un mundo de conflictos y discordia.
Svalbard no puede detener las guerras ni impedir que desaparezca un glaciar. Tampoco puede garantizar que todos los bancos de genes tengan siempre recursos suficientes o resolver la crisis climática y la inseguridad alimentaria. Pero puede conservar algo que ninguna de esas amenazas debería poder destruir completamente: la posibilidad de recuperar una variedad y reconstruir una colección. La Bóveda fue construida para que una catástrofe no tenga necesariamente la última palabra.
Bajo la montaña, permanecen juntas semillas procedentes de países diferentes, de culturas agrícolas distintas y de diversas generaciones. Cada una guarda una parte de la diversidad que la humanidad necesitará para adaptarse a un mundo más cálido, más incierto y con mayores presiones sobre la alimentación. El Premio Princesa de Asturias no es solo un reconocimiento científico, es un reconocimiento a una idea política y humana porque hay cosas que solo pueden protegerse juntas. En un mundo que se divide, Svalbard une; en un mundo que se calienta, la Bóveda mantiene el frío necesario para guardar semillas y en un mundo que destruye, ofrece una copia para que la pérdida no sea definitiva. No puede garantizar el futuro, pero ayuda a que siga siendo posible y es un legado para las generaciones venideras.