Los aviadores "rojos" de la fosa de Ágreda: de un entierro sin nombre al hallazgo de las familias
- Antonio Soto Romero y Luis Gil Longares, abatidos por un caza italiano en la guerra civil, fueron exhumados en 2010
- Tras 15 años custodiados en cajas, la familia del primero ya recuperó sus restos y la del segundo espera al ADN
Los aviadores republicanos Antonio Soto Romero y Luis Gil Longares fueron abatidos por un caza italiano que luchaba con el bando sublevado en la Guerra Civil el 24 de agosto de 1937. Sus cuerpos permanecieron enterrados en una fosa común más de 70 años hasta que se les exhumó en 2010 -de casualidad- cuando se buscaba otra fosa de cuatro represaliados zaragozanos en el cementerio de Ágreda, en Soria. La noticia de que se había encontrado a dos pilotos junto a lo que parecía una de sus cazadoras de cuero -asombrosamente en buen estado- apareció en prensa y telediarios. Sin embargo, sus cuerpos han tenido que pasar 15 años más custodiados por la Sociedad de Ciencias Aranzadi hasta que el año pasado aparecieron los descendientes de Soto Romero y sus restos se entregaron a la familia en enero.
Ahora, 89 años después de su muerte, la historia podría cerrarse definitivamente con la identificación por ADN de Gil Longares después de que hace unas semanas haya aparecido un descendiente gracias al empeño y perseverancia de Sara Felipe, mujer de un sobrino nieto de Soto Romero. Cuando en 2025 descubrió que el tío abuelo de su marido podía ser uno de los aviadores republicanos de la fosa de Ágreda no paró hasta localizar también a la familia del segundo.
Sanitaria de profesión y apasionada de la genealogía, la investigación de cerca de año y medio la ha llevado a indagar los vínculos de los Gil Longares con Zaragoza, Teruel, Valencia y Venezuela, para acabar, sorprendentemente, a menos de 30 kilómetros de su propia casa, en Tenerife, donde reside Christian Leonardo González Gil, sobrino nieto de Luis Gil Longares y pendiente ahora de que le hagan las pruebas de ADN. "Reconozco que ha habido momentos obsesivos con el tema. Nosotros teníamos una especie de responsabilidad. Si puedes hacer algo, hazlo porque, si no, era como dejar a esta persona atrás, dejarla como en un segundo olvido", explica Sara Felipe al otro lado del teléfono.
"Cuando Sara contacta conmigo y me cuenta toda la investigación… Creo que no hay palabras. Me tomó por sorpresa y me encantó toda la historia. Me fascinó la manera en la que ella investigó hasta que dio con alguien de la familia", explica Christian, que nació en Venezuela -a donde emigró su abuela tras la guerra- y que desconocía completamente la historia de su tío abuelo.
Antonio Soto Romero, aviador republicano Cedida por familiares
La búsqueda de Sara arrancó en marzo del año pasado, cuando dos tías octogenarias de su marido les pidieron que digitalizaran unas fotografías familiares. Entre ellas, les llamó la atención una de un joven piloto que había enviado el retrato a sus hermanos desde Madrid en marzo de 1936, antes de que estallara la guerra. Cuando les preguntaron, las dos mujeres -Aurora e Isabel García Soto- explicaron que se trataba de su tío, el hermano de su madre, que fue piloto de la República y que murió en la contienda cuando tenía 22 años.
"Lo que cuentan es que cuando ocurrió todo esto [en la familia] no supieron ni dónde había muerto Antonio ni qué es lo que había pasado exactamente”, aunque una de las hermanas del piloto, María Luisa Soto Romero, la tía Ne - explica Sara - "siempre quiso seguir buscando y saber lo que había pasado, pero el resto de hermanos le decían que lo dejara ya, 'no estés hablando de eso'".
Una consulta rápida en su portátil por el nombre del tío abuelo de su marido le devolvió tres referencias: un par de artículos de 2011 de la revista Ícaro de la Asociación de Aviadores de la República (ADAR) sobre la exhumación de la fosa de dos pilotos en Ágreda; el libro de Los aviones del Moncayo, de Michel Lozares, que dedica un capítulo al derribo de "El Katiuska de Ágreda"; y una noticia del Heraldo de Soria con el titular "Sin rastro de los descendientes de los aviadores republicanos en Ágreda".
Antonio Soto Romero, identificado con el ADN de dos sobrinas
Sara Felipe se puso inmediatamente en contacto con la Asociación Soriana Recuerdo y Dignidad y la Sociedad de Ciencias Aranzadi para explicar que eran los descendientes de Antonio Soto Romero y hacerle las pruebas de ADN a las dos tías. Unas pruebas que meses después confirmaron definitivamente la identidad del que hasta entonces era el individuo 2 encontrado en la fosa.
Sara Felipe explica que cuando se exhumaron los restos se sabía que debían de ser Antonio Soto Romero y Luis Gil Longares, pero se creía que "eran de Murcia y cuando [Recuerdo y Dignidad y Aranzadi] buscaron a los familiares vivos" no los encontraron porque "la brújula estaba mal dirigida". Aunque hace 15 años, reconoce, no era tan fácil: "Al final a través de la foto hicimos la búsqueda inversa, los buscamos nosotros a ellos y ahí supieron que Antonio era lagunero", nacido en el municipio tinerfeño de La Laguna.
Sherezade Benito Menéndez, vicepresidenta de Recuerdo y Dignidad, corrobora que este caso es "superespecial" porque generalmente es al "revés", es la asociación la que busca cuando exhuman una fosa a petición de unos determinados familiares pero aparecen más víctimas no reclamadas. "Somos nosotros los que buscamos a esos familiares, pero en esta ocasión fue Sara la que se puso en contacto. Estamos superemocionados y supercontentos. Era de las primeras veces que nos pasaba", explica.
De los anónimos "aviadores rojos" a conocer sus nombres y su vida
En Ágreda se sabía que en el cementerio fueron enterrados dos pilotos de la República tras ser abatidos por un caza. En el libro del cementerio se apuntó su inhumación en 1937 de la siguiente manera: "Dos desconocidos hallados en La Dehesilla. Aviadores rojos: el día 24 de agosto fueron enterrados en lo que fue el cementerio civil".
Así se recoge en Los aviones del Moncayo, de Michel Lozares. El capítulo dedicado al Katiuska, como se conocían popularmente a los bombarderos Tupolev SB-2, incluye la propia narración que el piloto italiano Ezio Dell’Acqua hizo del derribo en una revista aeronáutica en los años 50 además del testimonio de tres testigos presenciales que entonces eran unos niños. Lozares explica que fue el investigador experto en historia militar Rafael Permuy el que le descubrió la identidad de Antonio Soto Romero y Luis Gil Longares para la publicación de la primera edición de su libro en 2007, tres años antes de la exhumación.
En la mañana del 24 de agosto de 1937, el sargento piloto Antonio Soto Romero -nacido en 1914 en La Laguna, en Tenerife, y formado en la la primera promoción de la Escuela Militar de Kirovabad, en Azerbaiyán, entonces territorio de la URSS- despegó del aeródromo de Vilafamés, en Castellón, junto al sargento observador Luis Gil Longares, de 23 años nacido en Zaragoza, y el cabo ametrallador Blas Paredes Sarabia, de 18 años, con el objetivo de bombardear el aeródromo de Soria en el marco de la batalla de Belchite, que la República lanzó contra los sublevados para aliviar la presión del frente norte.
No regresaron. Un avión Breda Ba. 65 pilotado por el sargento italiano Ezio Dell’Acqua, que luego combatió en la Segunda Guerra Mundial, los interceptó y los ametralló. "Vi dos bimotores que no distinguí. Al acercarme a ellos vi que no tenían nuestras insignias, y en cuanto me avistaron empezaron a darse a la fuga (...) Decidí acercarme y cuando estimé que estaba a la distancia correcta, disparé otra ráfaga, dando esta vez en el blanco, impactando en las alas y perforando los tanques de uno de los adversarios, dejando el avión una vistosa estela", relató Dell’Acqua en la explicación recogida en el libro de Lozares.
Luis Gil Longares, aviador republicano Cedida por familiares
Antonio Soto Romero no pudo saltar y se estrelló con el aparato en el paraje La Dehesilla, a cinco kilómetros al este de Ágreda. Luis Gil Longares y Blas Paredes Sarabia saltaron en paracaídas, pero al primero no se le abrió y también pereció al precipitarse contra el suelo. El tercero sobrevivió, fue detenido y encarcelado. Un consejo de guerra lo condenó a muerte, aunque posteriormente fue liberado en un intercambio de prisioneros. Luchó en la Segunda Guerra Mundial con el bando de la URSS y vivió allí hasta que murió en Moscú en 1976.
Periódicos como el Noticiero de Soria recogieron lo ocurrido con la siguiente información: "Un aparato rojo de bombardeo fue derribado el pasado día 24 por nuestros cazas en el término de Ágreda (dehesa de la Villa). Dos tripulantes perecieron, y el otro, joven murciano de 18 años de los que practicaron en Rusia, cayó prisionero. El aparato ametrallado por nuestros cazas cayó incendiado".
Michel Lozares relata en su libro, según lo que les contaron los testigos presenciales, que "el paracaídas de uno de los tripulantes se colgó como trofeo en la fachada del ayuntamiento de Ágreda, donde estuvo expuesto durante algún tiempo". El autor explica a RTVE que gracias a estos testimonios también localizaron "el sitio del accidente y restos del avión, no grandes, pero sí bastantes restos pequeños".
Recorte de prensa sobre el derribo del avión republicano de Antonio Soto Romero y Luis Gil Longares en agosto de 1937 Biblioteca Nacional de España / Cedida por familiares
Un lugar al que llevar flores para cerrar la historia familiar
73 años después de su muerte, los daños que sufrieron Soto Romero y Gil Longares al morir sirvieron para identificar que eran los aviadores. Lourdes Herrasti, antropóloga de Aranzadi que participó en la exhumación de la fosa en 2010, recuerda que fueron al cementerio de Ágreda con el objetivo de buscar la fosa de cuatro víctimas de Torrellas, una localidad de Zaragoza a apenas 15 kilómetros del pueblo soriano. "Abrimos en la zona civil y apareció la cazadora de cuero encima de la fosa y en la fosa los restos de estas dos personas que eran los aviadores. Sabíamos que eran los aviadores porque estaban politraumatizados, tenían los huesos completamente fracturados. Era acorde con la precipitación con la que murieron", explica a RTVE.
Herrasti señala que en su momento intentaron localizar a los familiares de estos dos pilotos, que contactaron con la Asociación de Aviadores de la República (ADAR), pero que no fue posible. "Nos llevamos los restos a San Sebastián para hacer el estudio y seguimos teniendo a Luis Gil con nosotros en la sede de Aranzadi", añade.
Entrega de los restos de Antonio Soto Romeo a sus familiares en el acto celebrado en Soria en enero de 2026 Asociación Soriana Recuerdo y Dignidad
Los restos de Antonio Soto Romero fueron entregados en enero de 2026 en un acto de homenaje de Recuerdo y Dignidad. Sara Felipe explica que conseguir identificar los restos es "emocionante, inesperado y a la vez triste". Las tías de su marido "todo el tiempo" expresan la pena por el hecho de que su madre y el resto de hermanos del aviador murieran sin saber. "Siempre es como una sensación de tristeza a la vez que de emoción por cerrar una historia familiar que quedó abierta para ellos y que a pesar de los años han cerrado las sobrinas y sobrinos nietos".
En el caso de Gil Longares ese círculo sigue de momento abierto. Sherezade Benito Menéndez, de Recuerdo y Dignidad, explica que lo primero que están haciendo es buscar financiación a través de la convocatoria de la Diputación de Soria para sufragar los alrededor de 900 euros que cuestan las pruebas de ADN ahora que ha aparecido un sobrino nieto: "Las familias no tienen que gastarse nada. Solo faltaba. Bastante han sufrido como para hacerles cargar con estos gastos".
A Christian Leonardo González Gil, que llegó a España hace dos años y que trabaja de camarero en Tenerife, toda esta historia le ha pillado por sorpresa. Su abuela estaba casada con Ricardo Gil Longares, hermano del piloto, pero se separó de él y emigró a Venezuela, donde nacieron su madre y él. Nadie le habló de que su tío abuelo fue piloto y mucho menos de que murió en la contienda. "Mi abuela nos comentaba que la guerra era un tema muy complicado y que no se podía hablar muchas cosas" en España, señala este hombre de 40 años que confiesa que no sabe si es "destino o genética" pero que siempre estuvo "interesado en hacer carrera militar por el área de la aviación".
Reconoce que la investigación de Sara le ha permitido saber "muchísimo" de su familia y baraja la posibilidad de llevarse los restos a Canarias si finalmente el ADN confirma que el individuo 1 de la fosa es su tío abuelo Luis Gil Longares y puede hacer frente económicamente al gasto. Hay una tumba familiar en el Cementerio General de Valencia donde está enterrado el padre del aviador y algunos de sus hermanos, pero la tumba está abandonada. "Me los traería [los restos del aviador] porque también me da algo de pesar de que vaya allá, a quedar en el olvido [en Valencia]. He pensado traerme los restos y tenerlos aquí donde al menos un ramito de flores le pueda poner”.
De momento, una prueba de ADN separa a Luis Gil Longares de este último vuelo, que ya hizo la familia de Antonio Soto Romero a principios de este año para devolver sus restos a su tierra natal.