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El colesterol LDL: necesario, pero a raya

  • Si sus valores son elevados pueden aumentar el riesgo de infarto e ictus
  • La alimentación y el ejercicio, fundamentales para controlar sus niveles
Documento sobre Metabolismo lipídico con resultados, unidades (mg/dl) y valores de normalidad, indicando riesgos de salud.
Raquel Fernández / RTVE Castilla-La Mancha

El colesterol es un lípido imprescindible para el organismo. Tiene un papel importante a nivel celular, neuronal y en la síntesis de hormonas como el cortisol. Sin embargo, cuando circula en exceso por la sangre en forma de LDL, puede favorecer la acumulación de placa en las paredes de las arterias y ocasionar problemas cardiovasculares.

Un lípido necesario que se debe controlar

Se distinguen dos grandes tipos. El LDL o de baja densidad, conocido popularmente como colesterol “malo”, es el que más preocupa desde el punto de vista cardiovascular; mientras que el HDL o “bueno” se relaciona con el transporte del colesterol hacia el hígado para su eliminación.

“Cuando la presencia del “malo” es elevada puede afectar a las arterias y derivar en problemas graves”, explica José Manuel Comas, médico general de HM IMI Toledo. Entre las consecuencias cardiovasculares asociadas a una exposición prolongada a niveles elevados de LDL se encuentran el infarto de miocardio y el ictus.

Por eso, los especialistas insisten en que "no basta con mirar una cifra de manera aislada. El riesgo debe valorarse de forma individual".

No todos los pacientes necesitan el mismo objetivo

Un determinado nivel de LDL no tiene necesariamente la misma implicación para todas las personas. "La edad, la presencia de diabetes, los antecedentes cardiovasculares y otros factores de riesgo individualizan la valoración médica", señala el doctor Comas.

“No es lo mismo un LDL de 130 en una persona joven, sana y que sigue buenos estilos de vida que en una persona que ha tenido una angina o un infarto de miocardio” . En pacientes que ya han sufrido una enfermedad cardiovascular, los objetivos de LDL son más estrictos.

Las actuales recomendaciones europeas mantienen un enfoque basado en la estimación individual del riesgo cardiovascular, utilizando herramientas como SCORE2 y SCORE2-OP para población sin enfermedad cardiovascular conocida ni diabetes. Pero también existen tablas de control para mayores de setenta años o para personas con determinadas patologías.

De ahí la importancia de realizar controles periódicos y de que la interpretación de una analítica se haga teniendo en cuenta el conjunto de factores de riesgo de cada paciente, y no únicamente el resultado del colesterol total o del “malo”

Alimentación y ejercicio, la primera línea de actuación

Los hábitos de vida tienen un papel fundamental en el control del colesterol. Reducir el sedentarismo, realizar actividad física de manera regular y mantener una alimentación equilibrada forman parte de las principales medidas para mejorar el perfil lipídico.

La nutricionista toledana Marga Martín, pone el foco especialmente en “reducir el consumo habitual de alimentos ricos en grasas saturadas y grasas trans, presentes, entre otros productos, en determinados embutidos, alimentos ultra procesados y bollería industrial”.

En su lugar, recomienda “priorizar fuentes de grasas insaturadas y alimentos de perfil cardiosaludable, como aceite de oliva, frutos secos naturales o tostados, aguacate y pescado azul”.

Además, en la reducción del LDL, la evidencia científica respalda el papel de alimentos ricos en fibra soluble, como la avena o el psyllium, así como de alimentos con esteroles o estanoles vegetales.

En el caso concreto del psyllium, una revisión de ensayos clínicos encontró una reducción significativa del LDL con una dosis mediana de alrededor de 10 gramos diarios, aunque su efecto debe entenderse como complemento de una alimentación adecuada y no como sustituto de un tratamiento indicado por un médico.

Cuando los cambios de hábitos no son suficientes

No siempre la alimentación y el ejercicio consiguen situar el colesterol de baja densidad en el nivel recomendado para una determinada persona. "Cuando el riesgo cardiovascular lo aconseja o los cambios en el estilo de vida no son suficientes, se puede valorar un tratamiento farmacológico", aclaran los médicos.

Las estatinas continúan siendo el tratamiento de primera elección para reducir el LDL cuando está indicado. En determinados pacientes también pueden utilizarse otros medicamentos, dependiendo de sus características.

Este 19 de septiembre, Día Mundial del Colesterol, los especialistas recuerdan la importancia de la prevención, de revisar periódicamente el perfil lipídico y mantener unos hábitos saludables. La clave, subrayan, no está únicamente en conseguir una determinada cifra, sino en reducir el riesgo cardiovascular global y mantenerlo controlado a largo plazo.