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Paolo Giordano: "Es un cliché que la amistad masculina sea simple, hay envidias difíciles de gestionar"

  • El autor presenta Tasmania, una novela que entrelaza una crisis existencial con la del planeta

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Imagen del escritor y físico turinés Paolo Giordano
Imagen del escritor y físico turinés Paolo Giordano

El escritor Álvaro Mutis afirmaba que cada nuevo libro es una versión refundida de los temas que le obsesionan. Una máxima que suscribe el físico, novelista y guionista italiano Paolo Giordano (Turín, 1982) que pivota en sus escritos sobre la preocupación por la ecología- ya acuciante como emergencia-, la soledad, el romance o la amistad y sus recovecos menos luminosos.

El big bang de Giordano es una historia mil veces contada: Su debut, La soledad de los números primos (2008), una novela lírica e intimista acerca de un amor a través del tiempo, devino en éxito mundial y elevó a su autor como astro de las letras.

Paolo Giordano ganó con tan solo 26 años el Strega, el premio literario más prestigioso de Italia, y arreció la lluvia fina de elogios y críticas. Quince años después, de la huella de ese joven poco queda en sus libros (Como de la familia, Conquistar el cielo) como él mismo recuerda con cierto poso de incomodidad.

Lo que sí permanece son sus líneas maestras cada vez más resignificadas por su mirada científica. En plena pandemia, con su país arrasado por el coronavirus, escribió el ensayo En tiempos de contagio donde abordada que los recursos no son ilimitados y que la fiesta tocaba a su fin.

Un anhelo completamente humano que en Tasmania (Tusquets), su última novela, se incrusta en primer plano entre la realidad y la ficción con un retrato lúcido donde escarba en las paradojas contemporáneas. "Me dan mucho miedo las personas que creen que no viven en contradicciones, incluso acerca de argumentos tan cercanos como el clima, me parece inevitable que yo sea un poco contradictorio", señala.

Giordano decapa varias crisis: la del planeta y la de su protagonista. Un físico, escritor y periodista que se busca a sí mismo en la Cumbre del Clima de París en 2015, en plena debacle sentimental con su pareja con la que no puede tener hijos. ¿Cuánto hay de autobiográfico en el relato?

"Es un personaje alternativo de mí mismo porque sigo frecuentando a personas muy cercanas a la ciencia, pero para mí lo más complicado ha sido presentar al protagonista como escritor. Eso siempre me ha dado pudor. Me parece arrogante presentarme al mundo como escritor", explica en una entrevista a RTVE.es en la que paladea con morosidad cada respuesta. Tasmania, el título del libro, refiere al único lugar del planeta con condiciones habitables en caso de catástrofe medioambiental.

PREGUNTA: La crisis climática atraviesa el relato y se centra en el periodo 2015-2019 cuando todavía "era un tema aburrido" que no marcaba las agendas, ¿cree que ha habido algún cambio en el calado social?

RESPUESTA: En 2015 la crisis climática todavía era un tema para pocas personas, muy poco discutido, no alcanzaba los titulares de los periódicos. Hoy creo que ya es mainstream y ha pasado relativamente en poco tiempo desde 2018 a nuestros días. Mientras tanto hemos visto a una generación mucho más motivada, es un tema políticamente más relevante. Nuestra respuesta está cambiando de forma muy rápida, el problema es que también la crisis se está agravando en tiempos incluso más rápidos de lo que los climatólogos habían previsto.

En los dos últimos años todo el mundo tenemos una experiencia directa de lo que significa el calentamiento con una situación meteorológica extrema. La mente humana funciona de manera imperfecta, solo reaccionamos cuando nos asustamos y lo notamos realmente muy cerca. Probablemente esté empezando ese momento.

P: En el libro el protagonista investiga sobre los científicos que idearon la bomba atómica en 1945, aborda los dilemas morales y la destrucción, ¿Cómo cree que se trasladan estos límites éticos en la actualidad al uso de la inteligencia artificial?

R: Es algo que me inquieta pero a menudo nuestros miedos son un poco ingenuos en relación a las posibilidades en las que la realidad puede ser modificada por la inteligencia artificial. Lo que pienso es cómo puede cambiar nuestra relación profunda con la verdad, con lo que es cierto y lo que no.

No es posible prever las manifestaciones que serán muchísimas en un lado y en el opuesto como siempre ocurre, pero la bomba atómica fue en cierto sentido el verdadero comienzo que ha llevado al cambio real de esta época. En relación a la sutileza de la inteligencia artificial, la bomba atómica aún siendo horrible era más comprensible.

"Con el cambio climático solo reaccionamos al verlo cerca"

P: Otro de los contenidos de Tasmania es la amistad masculina donde se ve el apoyo incondicional entre hombres pero a su vez la imposibilidad de comunicarse del todo emocionalmente, ¿qué quería reflejar?

R: Crecimos en el esteorotipo de que las amistades masculinas son fáciles o más bien simples, pero no es así. Las amistades entre adultos, también entre hombres, están llenas de complicaciones al menos en mi experiencia. Existen pequeñas envidias, diversidad de opiniones, diferencias políticas que se vuelven importantes y frustraciones que se tornan complicadas de gestionar.

Tiene que ver con la vida que yo he hecho en los últimos 15 años. He vivido en muchos sitios diferentes y me ha costado tener una continuidad en mis relaciones personales. Muchas de mis amistades se han vuelto un poco como las de Tasmania, hay momentos en los que te encuentras seguidos de largos periodos de distancia. Intenté contarlo un poco de esta manera como trayectorias que se van perdiendo y luego vuelven.

Estaba un poco cansado de estas amistades de novela casi idealizadas, de personajes que crecen juntos desde niños y siguen igual cuando son mayores. Es un cliché.

"En la pareja es necesaria la complicidad intelectual"

P: Examina las relaciones de larga duración y cómo los protagonistas tienen que redefinir su propia pareja. Al final es una evolución del amor desde la madurez porque plantea dudas pero también la complicidad como salvación.

R: La complicidad es un término que me gusta mucho porque creo que se vuelve muy importante. Tiene que haber una complicidad intelectual no solo emotiva cuando has decidido pasar mucho tiempo de tu vida con una persona.

Me interesaba también esta parte menos heroica de una relación, más bien del mantenimiento de todos los días. También como combinamos esa parte, más ordenada y disciplinada con una necesidad de imaginarnos más salvajes, algo que tenemos todos en cualquier edad. Esa sensación está presente de forma constante en el protagonista.

Portada

P: He leído que con La soledad de los números primos perdió muchos amigos y le marcó totalmente este gran éxito temprano. Creo que ya se ha distanciado de esta sombra a través de sus últimos trabajos.

R: Es algo sobre lo que odio reflexionar porque los pensamientos sobre algo que ha pasado siempre tienen algo muerto. Es peligroso y casi de chantaje. Yo le debo ese libro, el hecho de poder hacer este trabajo.

Al mismo tiempo estoy muy lejos del joven que lo escribió. Hoy en día salgo y observo a jóvenes de 26 años. Me doy cuenta de que fue algo complicado y muy serio aunque en ese momento no tenía esa percepción. Me parecía que lo controlaba todo de manera bastante buena. Pero a lo mejor esa hipótesis del control es siempre una ilusión que necesitamos a cualquier edad.

P: Siguiendo esta línea, ¿qué opinión le merecen las opiniones polarizadas en redes sociales?

R: Para eso están un poco las redes sociales para que la cuestión del día se vuelva importante en un corto periodo de tiempo. Está construido con esa idea casi para crear una dependencia del debate instantáneo y puntual [hace una larga pausa reflexiva]

Creo que estamos empezando a entender los increíbles peligros políticos que conlleva. Nosotros que estamos en el mundo de la cultura, tendríamos que tener la fuerza de tener unos tiempos mucho más largos que los del instante de los social media. A menudo tenemos la sensación de que tenemos que obedecer a esa velocidad. Eso está cambiando de manera profunda el pensamiento.

Creo que quien desarrolle un trabajo intelectual, tiene que poner cierta resistencia ante estos estímulos. Ser un poco rígido y no ser posmoderno porque ese medio es muy fuerte, mucho más que nuestra capacidad de adaptación.