Estudio 1 La 2

Estudio 1

Fuera de emisión

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Estudio 1 es el espacio dramático por antonomasia en la televisión. El mítico programa está de regreso en TVE con una programación que alterna clásicos con éxitos teatrales actuales . La ficción, 100% producción propia, supone una actualización de un clásico al nuevo lenguaje audiovisual del siglo XXI. Además, RTVE.es rescata los drámaticos más importantes de los años 60, 70 y 80.

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Estudio 1 - Doce hombres sin piedad - ver ahora
Transcripción completa

(Murmullos)

(Martillazos)

(VOZ MASCULINA) "¡Silencio, por favor!".

"Señores del jurado,

han asistido ustedes durante cinco días

al desarrollo de un proceso largo y difícil,

asesinato en primer grado y con premeditación".

"Esa es la acusación".

"La más grave que se puede presentar en una corte criminal".

"Han oído ustedes a los testigos,

les han leído y explicado los artículos de la ley

que se aplican en estos casos".

"Ahora tienen el deber de formarse una opinión

tratando de separar los hechos de la hipótesis".

"Un hombre ha muerto".

"La vida de otro está en juego".

"Yo les invito a deliberar entre ustedes

con honestidad y sin escrúpulos".

"Si hay en sus espíritus

una duda en la culpabilidad del acusado,

una duda razonable,

deben dar un veredicto de inocencia".

"Si por el contrario no tienen ninguna duda,

entonces deben en conciencia

declarar al acusado culpable".

"Les recuerdo que en ese caso

el tribuna no admitirá recurso alguno

y que la sentencia de muerte será irrevocable".

"El veredicto tiene que ser unánime".

"Si no obtienen esa unanimidad

tendrían que renunciar y sería nombrado otro jurado".

"Esto es todo, señores".

"Tienen que hacer frente a una gran responsabilidad".

"Les doy las gracias".

(Murmullos)

-"¡El jurado se retira a deliberar!".

(Música dramática)

(Continúa la música)

(Continúa la música)

(Música suave de jazz)

(Toses)

No, gracias.

Qué calor, ¿eh?

Se achicharraba uno ahí dentro.

Esta mañana antes de venir he visto el parte meteorológico

y según parece es el día de más calor del año.

(Toses)

Les dejo, señores.

Creo que todo estará en orden.

Si necesitan algo llamen a la puerta.

Yo voy a estar detrás.

¿Nos cierra con llave? -Claro.

¿No lo sabía usted? -No.

Es la ley. -¿De verdad?

¿Qué está haciendo usted? Papeletas para los votos.

Es verdad. Tenemos que votar.

¿Qué, qué le parece todo esto?

Pues muy interesante.

¿Ah, sí? Sí.

Yo he estado a punto de dormirme.

Es que no había formado parte de un jurado y...

Yo es la tercera vez y no puedo digerir estos discursos

que nos quieren hacer tragar.

Sobre todo cuando el asunto está tan claro.

Gastan demasiada saliva para nada.

Supongo que será por algo tienen derecho...

¿A hablar? Sí, hombre, claro,

todos tenemos derecho a un buen juicio.

Es el sistema del país.

Pero le voy a decir una cosa.

A estos chicos les debían dar una buena paliza.

Para poder evitar todo esto.

Nos ahorraría tiempo y dinero.

Bueno, ¿qué? ¿Empezamos?

Sí, vamos, no tenemos otra cosa que hacer.

Acordemos una pausa. Hay uno en el lavabo.

¿Nos tenemos que sentar por orden?

Pues no sé, creo que sí.

¿Qué piensa del asunto?

Interesante, ¿verdad?

Hemos tenido suerte que se tratara de un crimen.

Yo tenía miedo que fuera un robo, una agresión o algo por el estilo.

Es de lo más aburrido.

Oiga, ¿no es eso el Centro Building?

Sí.

Ya ve, yo he nacido aquí y no he entrado nunca en él.

¿Y qué me dice usted de la historia de la navaja?

Se creía ese niño que nos la íbamos a tragar.

Probablemente.

Basta con mirarle la cara para darse cuenta enseguida.

Tiene usted un buen constipado. -No lo sabe usted bien.

Los catarros de verano son espantosos.

Bueno, ¿qué, jefe? ¿Empezamos?

¿Qué, hay algo interesante?

No he tenido tiempo ni de abrir el periódico.

Nada.

Le estoy dando un vistazo a los cierres de anoche.

¿Es usted de la Bolsa?

Sí, corredor.

Yo soy transportista.

Seguramente conocerá usted mi agencia.

Siempre a sus Órdenes.

Fue idea de mi mujer.

Tengo 37 empleados y empecé de la nada.

Bueno, señores, siéntense, por favor.

Sí, vamos. Tengo dos entradas

para el partido de béisbol de esta tarde.

Yankees contra Cleveland.

Parece ser que tienen un chico nuevo, un tal Moyevski,

que es un toro por lo que dicen.

Oiga, ¿cómo... cómo nos sentamos?

No sé, creo que por el orden del número de cada uno.

Dos, tres, cuatro, cinco... y los siguientes.

¿Por qué? No sé, es más fácil.

Muy bien.

¿Qué impresión le ha causado el fiscal?

¿Cómo dice? -Yo lo he encontrado genial.

Qué manera de abatir todos los triunfos, uno tras otro.

En orden.

A mí me ha impresionado mucho. -Sí, ha estado muy hábil.

Bueno, ¿qué, empezamos la representación?

¡Eh! El de la ventana, ¿quiere sentarse?

Perdón. Perdón. No sabía que...

De todas formas

no es fácil imaginarse a un chico matando a su padre así.

¡Chas!

Si se piensa en las circunstancias. -No diga tonterías.

La verdad es que dejamos que esos chicos se vuelvan salvajes.

El viejo sigue ahí dentro. Llame a la puerta.

Sí, señor.

Oiga, ¿es usted del Yankees?

No, del Baltimore.

¿Del Baltimore? Anda, mi madre.

Eso son ganas de dar la cabeza contra la pared.

Venía a buscarle. Aquel es su sitio.

Perdónenme.

Del Baltimore solo sirve el grandullón de la primera base.

Nos gustaría empezar, señores.

Pensaban que no me estarían esperando.

Está bien. Empecemos.

Naturalmente no impongo ninguna regla.

Puedo llevar esto como quieran.

Podemos votar primero y discutir después

o discutir primero y votar después.

Ustedes eligen.

Creo que es costumbre votar primero.

Eso. Primero vamos a votar.

Así podremos irnos enseguida a casita.

A mí me da igual. Les recuerdo que se trata

de una acusación de asesinato en primer grado.

Si votamos culpable es la cámara de gas.

Sí, eso ya lo sabemos.

Está bien. Empecemos.

Ya saben que tiene que ser doce a cero.

Así lo quiere la ley.

¿De acuerdo?

Los que voten culpable que levanten la mano.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco,

seis, siete, ocho, nueve, diez, once.

Bien.

¿Inocente?

Siempre lo mismo.

Siempre tiene que haber uno que dé la lata.

¿Y ahora qué hacemos?

Creo que tendremos que hablar.

¿Hablar?

¿Hablar otra vez?

¿Cree sinceramente que es inocente?

No lo sé.

¿Entonces?

Usted ha estado en la sala con nosotros.

Ha oído usted las mismas cosas que nosotros.

Sabe muy bien que ese chico es un criminal.

Y muy peligroso.

Solo tiene 19 años. ¿Y qué?

Era lo bastante hombre como para apuñalar a su padre.

Ocho centímetros de pleno acero en pleno pecho.

No... No hay la menor duda. Yo...

Yo me convencí enseguida.

Desde el primer día. Yo también.

Se cae por su peso.

Lo han probado de doce maneras distintas.

¿Quiere usted que se las recuerde?

No.

¿Entonces qué quiere?

Nada, hablar con ustedes.

¿Hablar de qué?

Hay once hombres que están de acuerdo.

¿De qué vamos a hablar?

Una pregunta.

¿Cree usted en la historia de ese chico?

Puede ser.

¿Cómo puede ser?

No sé todavía si lo creo.

Puede que no.

Pero ha votado usted inocente.

Había once hombres que le creían culpable.

No me ha parecido bien levantar la mano porque sí

y enviar a ese chico a la muerte sin hablar antes unas palabras.

¿Pero quién ha dicho que hayamos votado porque sí?

Nadie.

Ah, entonces ha sido porque hemos votado deprisa.

Escuche, el chico es culpable.

Y aunque hablemos durante un año yo no cambiaré de opinión.

Yo no pretendo que cambien ustedes de opinión.

Quisiera simplemente que hablásemos

de la vida de una persona.

Me parece que le podemos dedicar más de cinco minutos.

Imagínense que nos equivocamos.

¿Equivocarnos?

Es como si imaginásemos

que nos caía el techo de esta sala en la cabeza.

No hay nada que imaginar.

De acuerdo.

Oiga, pensamos honestamente que es culpable.

¿Qué más da que tardemos cinco minutos en decidirlo o más?

Les pido una hora.

Su partido empieza a las 20, ¿verdad?

¿Tiene alguien algo que decir?

Yo no.

(Música dramática)

Yo me quedo esa hora.

Estupendo.

De acuerdo.

Bueno.

Anoche,

me contaron un chiste divertidísimo.

No estamos aquí para escuchar sus chistes.

¿Y para qué estamos?

Para hablar de un chico al que ha maltratado la vida.

¿Saben ustedes lo que es vivir en un suburbio

después de haber perdido a su madre de pequeño?

A la edad de nueve años le llevaron a un orfelinato

mientras que su padre, un falsificador,

cumplía dos años de cárcel.

¿Les parece un buen punto de partida?

Nos han dicho que es un chico duro, malhumorado.

Es cierto.

¿Pero saben ustedes por qué se ha vuelto así?

Porque todos los días,

sí, todos los días de su vida,

le han dado una paliza.

Diecinueve años de golpes me parece algo terrible.

Y creo que lo menos que le debemos son unas palabras.

De eso nada.

No le debemos nada. No me asusta decirlo.

Ha tenido un juicio honesto.

¿No?

¿Cuánto cree usted que cuesta un juicio?

Ha tenido mucha suerte.

Sabe lo que quiero decir, ¿verdad?

Somos todos adultos.

Hemos oído los hechos, todo está en regla.

¿No me irá a decir, sabiendo como es, que cree al chico?

Yo los conozco.

¿Saben?

He pasado toda mi vida entre chicos como él.

No se les puede creer ni una palabra de lo que cuentan.

Han nacido mintiendo.

Eso es absurdo.

¿Cómo?

Usted cree que es el único que sabe la verdad.

Me parece que hay muchas cosas que usted ignora, caballero.

¡Bah!

Pues diga lo que sea. Estamos aquí para eso.

Es por la marca de miel.

Solo un poquito de miel y te sientes muy bien. ¿Qué tal?

Usted no pierde el tiempo.

Vamos, señores, vamos...

Perdón.

Tengo la manía de dibujar. Me aclara las ideas.

Está bien, continuemos.

Puede que el señor que no está de acuerdo pueda decirnos por qué

y nosotros probar que se equivoca.

Tengo una idea.

Bueno, naturalmente yo siempre digo lo que se me ocurre en el momento.

Pero puesto que somos nosotros los que tenemos

que convencer a este señor, ¿por qué no lo hacemos por orden?

Bueno, repito que no es más que una idea, ¿eh?

Me parece bien. Empiece usted.

No, mejor por orden de numeración.

Sí, es lo lógico.

Por orden de numeración y dos minutos cada uno.

Le toca a usted.

Pues bien,...

Bueno, es difícil decirlo. Yo...

Yo pienso que el chico es culpable.

A mí siempre me pareció evidente.

Bueno, quiero decir que nadie ha demostrado lo contrario.

Nadie tiene que demostrar nada.

Al fiscal le corresponde exponer los hechos.

No, no, ya, ya lo sé, ya.

Yo...

Yo quiero decir que el chico es culpable.

Un testigo lo presenció.

Bien, de acuerdo.

Pienso que sobran los pareceres personales.

Yo me atengo a los hechos.

Primero,

pensemos en el testimonio del viejo que vive en el segundo piso,

justo debajo de la habitación donde se cometió el crimen.

A las 0:10 de la noche del crimen

oyó ruido en el apartamento de arriba.

Dijo que parecía ruido de pelea.

Después oyó gritar al chico: "¡Voy a matarte!".

Un segundo después

oyó caer un cuerpo y corrió a la puerta de su casa.

La abrió

y vio salir al chico

corriendo por la escalera y salir de la casa.

Después llamó a la policía

y encontraron al padre con la navaja clavada en el pecho.

El médico forense fijó la hora de la muerte

sobre las 0 de la noche.

He ahí los hechos, no se puede ir contra ellos.

El chico es culpable, no hay duda.

Yo soy tan humano como cualquiera, pero...

Sé que el muchacho solo tiene 19 años, pero...

Debe pagar lo que ha hecho.

Yo estoy completamente de acuerdo con usted.

Bien, el siguiente.

A mí lo que me choca es que la historia

que cuenta el chico no tiene ninguna base.

Dice que en el momento del crimen estaba en el cine.

Pero cuando le preguntaron una hora después no pudo responder

qué película vio, ni qué actores trabajaban.

¿Han oído eso?

Perfecto.

Además nadie le vio entrar ni salir del cine.

Nadie.

¿Y qué me dice de la mujer que vive al otro lado de la calle?

Si el testimonio de esa mujer no prueba nada

es que ya no sirven las pruebas.

Es verdad, ella vio el crimen.

Señores, hemos dicho que por orden.

Una mujer está tumbada en su cama y no puede conciliar el sueño.

Se asa de calor. Tiene la ventana abierta.

Mira por ella y de repente ve,

justo enfrente de su casa, al otro lado de la calle,

al muchacho apuñalando a su padre.

Eran las 0:10.

Conocía al chico desde pequeño.

¡Lo dijo!

¿Qué más quieren?

Además juró que vio el crimen.

A través de las ventanillas de un tren

que pasaba en ese momento.

De acuerdo, pero ese tren no llevaba viajeros.

Iba vacío. No olviden eso.

Y las luces del tren estaban apagadas.

El técnico nos probó que se podía ver perfectamente

a través de las ventanillas de un tren sin luz

lo que pasa al otro lado.

Eso está probado.

¿Le puedo preguntar una cosa?

Usted ha dicho que no creía al muchacho

porque vive en un barrio infecto

en el cual todos son unos embusteros.

Muy bien.

¿Y a la mujer que viven en el mismo barrio

por qué la cree usted?

¡Usted se cree muy listo!

Por favor... Por favor... -¿Quién se ha creído que es?

Por favor... No quiero peleas aquí.

Siéntense. ¿A quién le toca ahora?

Al Número Cinco.

Bien, tiene usted dos minutos.

Pues yo... -¡Más fuerte!

Yo paso. Está en su derecho.

El siguiente.

¿Yo? Bueno, yo...

Yo no estoy preparado. No sé mucho de esto.

Creo que me convencieron demasiado pronto. Yo...

Yo buscaba el motivo...

Es muy importante. Si no existe el motivo pues...

no hay asunto. De todas formas

el testimonio de los vecinos me pareció muy importante.

Dijeron algo de una pelea entre el chico y el padre

alrededor de las 19.

No.

Puede que me equivoque.

Sí, no fue a las 19, fue a las 20.

Sí, a las 20.

Oyeron, en efecto, que discutían.

Pero no averiguaron el motivo de la discusión.

Después oyeron al padre pegar al chico dos veces.

Y al rato vieron al muchacho salir furioso de la casa.

Bueno, ¿y eso qué prueba?

Evidentemente no prueba nada, pero...

es una de las piezas del mecano.

Además, oiga, que yo no he dicho que fuera una prueba.

Pero sí ha dicho que podía ser uno de los motivos del crimen.

El fiscal lo dijo también.

Yo no estoy de acuerdo.

Ese muchacho ha recibido tantos golpes

que para él la violencia forma parte de su vida.

No me imagino que por dos bofetadas después de haber recibido tantas

matara a su padre.

Esas dos últimas bofetadas pudieron hacer rebosar el vaso.

Todo tiene un límite.

¿Algo más?

No, no, no.

Bien, el Número Siete.

¿Yo?

Yo ya no sé qué decir.

Creo que se ha dicho ya todo.

Podríamos seguir discutiendo hasta mañana y no cambiaría nada.

El chico es un granuja.

Lo saben ustedes igual que yo.

A los diez años

compareció ante un tribunal de menores

porque dejó tuerto de una pedrada a su maestro.

Luego robó un coche y lo metió en un correccional.

Más tarde lo detuvieron dos veces por pelear con navaja.

Yo creo que el chico es una joya. Sí. Sí, sí.

Pero no olviden ustedes que desde los cinco años

el padre no dejó de darle golpes. Bueno...

Yo hubiese hecho lo mismo que su padre.

Yo también.

Hijo de perra.

Sí, señores, así es la juventud de hoy.

Yo cuando tenía esa edad llamaba a mi padre señor.

¡Señor!

¿Han oído a algún chico de ahora llamar a su padre señor?

Los padres de ahora no le dan importancia a eso.

¿Usted cree? ¿Usted tiene hijos?

Tres.

Yo tengo uno de 23 años.

No tenía todavía 10

cuando un día

le vi largarse de una pelea callejera como un conejo.

Sentí tanta vergüenza...

que me dieron ganas de vomitar.

Cuando le cogí le dije:

"O hago de ti un hombre o te parto en dos".

Y he hecho un hombre de él.

Cuando cumplió 17 años

tuvimos una discusión y...

me dio una paliza que me dejó hecho un asco.

Mire. Es un chico muy fuerte.

Hace más de dos años que no le veo.

La juventud está perdida.

Se estruja uno el alma para darles todo y...

Bueno, qué más da.

Continuemos.

Nos estamos desviando del tema.

Sabemos que el chico viene de un barrio infecto,

pero ese no es el problema.

No estamos aquí para juzgar

que los tugurios son nidos de criminales.

Estamos aquí para decidir si es culpable o no.

Que ha nacido en un tugurio

y que los tugurios inspiran el crimen lo sé, lo sabemos todos.

Y que esos chicos son una amenaza para la sociedad.

Pero insisto en que es... -Un momento, amigo,

no corra tanto.

Yo creo que hay que insistir en eso

de que los chicos de los barrios bajos

son criminales en potencia.

Y no creo que se diga nunca lo bastante.

¿Lo dice usted por mí?

Yo pasé toda mi juventud en una de esas callejuelas infectas.

Y, no obstante, no creo... -Bueno, despacio, amigo.

Yo también he jugado

en uno de esos callejones llenos de basuras.

¿Creen ustedes que todavía llevo el olor?

Yo no he dicho... Señores, basta de discutir.

No se trataba de una alusión.

Sí, era una alusión.

No, pero no hablaba de usted. No sea tan susceptible.

Yo lo comprendo perfectamente.

Bueno, basta, señores, estamos perdiendo el tiempo.

Le toca a usted. Empiece.

No, no, yo no tengo voz.

Creo que se trata de que ustedes me convenzan a mí.

¿Me equivoco?

No, claro, tiene razón.

Ah, sí, perdón, lo había olvidado. ¿Y qué más da?

¿No es él el que nos ha obligado a quedarnos aquí?

Pues que diga lo que tiene que decir.

No, nos hemos puesto de acuerdo para mantener un orden.

Quiere dejar de jugar a... ¿Jugar qué quiere decir?

He dicho jugar, jugar.

Encima que intento mantener el orden.

Muy bien, aquí está mi silla. Siéntese aquí.

Ni una sola palabra más. Bueno, no se enfade.

Todavía tiene la cara de decir que no me enfade.

Señor, aquí está mi silla.

Estoy dispuesto a mirar su virtuosismo.

¿Pero han visto ustedes otra igual?

¿Se está burlando de mí? No tiene importancia.

No le haga caso. No, desde luego, ninguna.

¿Quiere intentarlo usted? Dios me libre.

Lo está haciendo muy bien. Nadie dice lo contrario.

Vuelva a sentarse.

Desde luego, hombre, desde luego lo hace perfectamente.

¡Ay!

Bueno, ¿quién habla?

Yo. Si lo desean.

Estoy dispuesto a decirles todo lo que pienso.

Bueno...

Yo me desentiendo de todo lo que se haga aquí.

Verán, no tengo nada importante que decirles.

Yo sé de esto tanto como ustedes.

Si nos atenemos a los hechos el chico parece culpable.

Y puede, puede que lo sea.

Solo que durante el proceso

al ir examinando las pruebas una detrás de otra,

había algo que no... no me acababa de gustar.

¿El qué?

No sé cómo explicárselo.

Todos los testigos eran tan terminantes.

Quiero decir que en la vida

nadie es tan terminante, tan absoluto.

Me hubiera gustado hacerles algunas preguntas.

Puede que no hubieran demostrado nada, no lo sé.

Tengo la impresión de que el abogado del muchacho

no hizo bien las preguntas,

que ha dejado pasar por alto muchos detalles.

Pequeños detalles. ¿Qué detalles?

Usted sabe que cuando un tipo de esos

no hace la pregunta es porque sabe la respuesta

y teme meter la pata.

Sí, puede ser.

Puede ser.

Pero tampoco es imposible que un abogado, aun con buena fe,

sea un imbécil.

¿No?

Acaba de describir a mi cuñado.

Si yo hubiera sido el chico no habría elegido ese abogado

para salvar el... el pescuezo.

Hay que tener un defensor que sepa acorralar a los testigos.

O que por lo menos lo intente.

Porque al fin y al cabo no hay más que un testigo

que asegura haber visto el crimen.

Uno solo.

Y otro que declara haberlo oído.

También existen varias pruebas circunstanciales. Sí, pero...

toda la acusación se basa en esos dos testigos.

Bueno, supongamos... supongamos que está equivocados.

¿Que están equivocados?

Los testigos si se equivocan ya no son testigos.

Le voy a hacer una pregunta.

¿Podrían estar equivocados?

Han prestado juramente. ¿Qué está usted buscando?

Hayan prestado juramente o no son hombres.

Y los hombres se equivocan.

¿Podrían estar equivocados? No lo creo.

¿Está usted seguro?

No, hombre, no.

Nadie puede estar seguro de ello. Esto no es una ciencia exacta.

De acuerdo.

Bien. Pero sí estamos seguros de otras cosas.

Podemos hablar de la navaja.

De esa famosa navaja... Un momento, un momento.

Nos estamos haciendo un lío.

Hay varios que no han hablado todavía.

Luego hablarán lo que les dé la gana,

pero ahora debemos terminar con esto.

Sí, esa navaja que arrancaron del pecho de la víctima

y que su querido angelito

reconoció que había comprado la misma noche del crimen.

¿Qué, hablamos de eso?

Bien. Hablemos.

Pero antes me gustaría volverla a ver.

Señor presidente del jurado.

No entiendo para qué la quiere, la conocemos de sobra.

El jurado puede examinar las pruebas de convicción

cuantas veces quiera.

Y la navaja es una prueba

bastante fuerte de convicción, ¿verdad?

Sí.

Tratemos de ver mientras tanto cómo va el asunto.

Primero,

el muchacho reconoció que salió esa noche de su casa a las 20

después de que le pegara su padre.

No, pegara no, golpeara.

El chico dijo golpear.

Es distinto, ¿no?

Después de que le golpeara su padre.

Segundo,

fue directamente a una tienda que hay cerca de su casa

a comprar una navaja.

Tercero,

la navaja tiene un mango con un cincelado muy particular.

Cuarto,

el comerciante que se la vendió la identificó.

Y dijo que era la única de esa clase que había tenido su tienda.

Quinto, hacia las 20:45

el chico estuvo con unos amigos delante de un café.

¿Está de acuerdo con todo eso? Sí, sí, sí, sí.

Completamente.

No podemos estar más de acuerdo.

Bien.

Estuvo con esos amigos durante una hora.

Y se separó de ellos hacia las 21:45.

Los amigos vieron la navaja durante ese tiempo.

Sexto,

cada uno de ellos identificó el arma del crimen

como la misma navaja.

Séptimo, el chico volvió a su casa sobre las 22.

Y aquí es donde su versión

y la de la Corte difieren sensiblemente.

Él dice que se quedó hasta las 23:30

y que se quedó para irse

a un cine de esos que no cierran en toda la noche.

Dice que volvió a su casa sobre las 3:15

para encontrarse con su padre muerto y la policía que le esperaba.

No tenía ya la navaja.

Y dijo que la debía haber perdido

por un agujero que tenía en el bolsillo

entre las 23:30 y las 3:15 por la calle o en el cine.

La Corte cree que no fue al cine.

Nadie le vio salir de casa.

Ningún espectador se fijó en él, nadie le reconoció.

Cuando se le preguntó qué película había visto

no supo qué contestar.

Entonces...

Voy a decirles lo que pienso yo.

A mí me parece lo más sensato lo que está diciendo este señor.

Porque...

No, desde luego.

Tiene que comprender usted... El chico...

Pero...

El muchacho se quedó en casa.

Tuvo con su padre otra agarrada.

Le apuñaló hacia las 0:10.

Y después se fue de casa.

Pero antes se preocupó de no dejar huellas en la navaja.

¿En serio cree usted

que se le cayó por el agujero del bolsillo

y que alguien se la encontró, la recogió

y fue derecho a apuñalar al padre así por las buenas?

Pues es posible.

¿Es que no puede ser posible?

Mire este arma.

Es una navaja muy particular.

No he visto nunca otra igual.

Ni el vendedor tampoco.

Dijo que no había otra parecida.

Y que no había duda

de que la navaja que le compró el chico era el arma del crimen.

¿Está de acuerdo en eso?

Creo que es posible que haya otras navajas parecidas a esta.

Y yo digo que es imposible.

(Música de tensión)

(Música dramática)

¿Qué es esto? ¿Cómo...?

Claro que es esa navaja. Calma. Señores, calma.

¿Dónde la encontró?

Salí ayer durante un descanso para reflexionar.

Anduve por el barrio del muchacho, la encontré en una casa de empeño

a dos manzanas de donde vive.

Me costó dos dólares.

Está prohibido por la ley comprar o vender armas de esta clase.

Sí, ya lo sé.

Ha conseguido dar el golpe, ¿eh?

¿Qué prueba con esa gran baza?

Nada. Puede que haya otras diez iguales, ¿y qué?

Nada.

¿Eso quiere decir algo? Es igual, sí.

¿Y qué?

Ha hecho el gran descubrimiento del siglo.

¡Hable de una vez!

¿Me permite?

No cambia nada. Es una coincidencia.

Es increíble que otro haya matado al viejo

con una navaja igual que la del muchacho.

Pues claro, hay una posibilidad entre un millón.

¿Una posibilidad?

Pero poco probable.

Poco probable pero una.

Bueno, señores, escúchenme. Siéntense.

Perdone.

A mí me parece muy interesante

que encontrase una navaja tan parecida.

¿Y ahora qué hacemos?

¿Por qué? ¿Es que prueba algo? No, no, no, no,

pero me parece... Qué interesante ni interesante...

Seguimos siendo once los que le creen culpable, ¿no?

Esa es la única verdad.

Y ninguno de nosotros cambiará de parecer.

Y si usted sigue en sus trece tendremos que renunciar.

Y tendrán que volver a juzgar al chico.

Y lo condenarán. Me apuesto la cabeza.

Puede, puede que tenga usted razón.

Pues decídase.

No nos vamos a pasar aquí toda la noche.

No sería más que una noche.

Y estamos jugando con la vida de un hombre.

¿Ah, sí? Perfecto.

Pues entonces instalémonos ya

como si estuviéramos en nuestra casa.

Creo que no debería permitir esas bromas.

¿Y qué quiere usted que haga yo?

Escúchenme.

No comprendo por qué se ha armado este lío con la navaja.

Y no creo que sea tan importante.

Tenemos dos testigos.

¿Qué más quieren?

Oigan,

tengo tres garajes que se pueden ir a paseo

mientras perdemos el tiempo aquí con tonterías.

Vamos a terminar pronto para largarnos.

Sin embargo lo de la navaja le pareció muy importante al fiscal.

Se pasó todo el día hablando... Bueno, estamos perdiendo el tiempo.

¿Qué hacemos?

Les pido otra votación.

Me gustaría que fuera secreta.

Yo me abstengo.

Si las once papeletas son de culpable

no les daré más la lata

y podremos presentar al juez

un veredicto unánime de culpabilidad.

Pero si alguno de ustedes vota inocente

seguiremos discutiendo el asunto.

¿Les parece?

Yo estoy de acuerdo. Empecemos.

Me parece justo. ¿Alguna objeción?

No, no. Muy bien, perfecto. Pase esto.

(Música dramática)

Culpable.

Culpable.

Culpable.

Culpable.

Culpable.

Culpable.

Culpable.

Culpable.

Culpable.

Inocente.

Culpable.

¿Qué me dicen a eso?

Otro que se ha rajado.

¿Quién ha sido? Quiero saberlo.

Era una votación secreta. Estábamos todos de acuerdo.

¿Secreta? ¿Pero qué quiere decir eso de secreta?

En un juicio no puede haber nada secreto.

Además sé quién ha sido.

Esta se la guardo, amigo.

¿Qué cree, que le van a dar un premio?

Hace un rato estaba usted con todos.

Y ahora porque una especie de predicador con voz dulce

se empeña en defender a ese monstruo,

se vuelve la chaqueta y nos traiciona.

¿Por qué no hace también una colecta, hombre?

¿Quién se ha creído que es usted para hablarme así?

¿Eh? ¿Quién?

¿Pero quién se ha creído que es?

Bueno, bueno, está bien. -¿Pero han visto?

Está bien. Siéntese. -Siéntese.

Por favor... -Olvídelo, no tiene importancia.

Es un hombre irritable.

¿Pero qué irritable? Ande.

Vamos, vamos.

Bueno, ya está bien de gritos.

¿Puedo decir una cosa?

Siempre he admirado que en este país

los hombres puedan tener una opinión propia.

Por eso me vine a vivir aquí.

En mi país, me da vergüenza decirlo...

¡Ya está bien!

¿Viene usted a contarnos la historia de su vida?

Oiga, ¿qué le hizo cambiar de parecer?

No, él no ha cambiado.

He sido yo.

¿Quiere saber por qué?

No, no me interesa. -De todas formas se lo voy a decir.

Si me lo permiten.

¿Estamos obligarlos a oírle? -Necesita hablar.

Gracias.

Este señor se ha enfrentado a todos nosotros.

Él no ha dicho que el muchacho fuera inocente,

sino que no estaba seguro de que sea culpable.

Pues bien, hace falta mucho valor

para afrontar solo aunque sea por una buena causa

las burlas de los demás.

Luego se ha puesto en nuestras manos.

Ha jugado limpio.

Yo he notado que necesitaba ayuda y se la he dado.

Respeto sus motivos.

El muchacho que estamos juzgando puede que sea culpable...

Pero me gustaría seguir discutiendo.

Por eso lo he hecho.

Ahora somos diez a dos.

(Música jazz suave)

Estoy hablando. No me parece correcto...

No puede oírle.

Ni quiere.

Señores, ¿qué les parece? ¿Seguimos?

Podíamos descansar un rato, ¿no?

¿Un descanso? ¿Para qué?

Yo creo que deberíamos renunciar.

El voto de este señor nos ha hecho polvo.

¿Qué podemos hacer?

¿Se le ocurre a alguien algo?

Creo que ya le he dicho

que yo trabajo en una agencia de publicidad.

¿Usted en qué trabaja?

Soy relojero. -¿De verdad?

Creo que los relojes europeos son los mejores, ¿no?

Pues en mi agencia...

cuando la discusión llega a un punto muerto

como estamos aquí ahora,

el primero que tiene una idea la larga

para ver si alguien sabe qué hacer con ella.

Es una tontería, pero a veces...

Oiga, siento mucho lo de antes. Es que me embalé y ya sabe, ¿no?

Ah, y le felicito por no haberse dejado enternecer.

(Música dramática)

¿Es usted vendedor? No, soy arquitecto.

Usted no es malo, se lo digo yo.

Pero yo, yo soy distinto, yo tengo otra técnica.

Yo gasto bromas, bebo, doy palmadas en la espalda.

El año pasado gané 27 000 dólares vendiendo caramelos.

No está mal, ¿eh?

En serio, amigo, ¿para qué todo este lío?

¿Qué quiere usted? Nada.

Todos los que tienen buen corazón son iguales.

Pero no son capaces de llegar hasta el final.

Solo se atreven a prestar su pañuelo

para que se seque las lágrimas.

¿Para qué pierde su tiempo en todo esto?

Mande cinco dólares para una buena obra

y no se hable más.

El chico es culpable, se o digo yo.

Está tan claro como que es de día.

Vámonos a casa

antes de que nos quedemos todos roncos.

Se puede quedar ronco lo mismo aquí que en el béisbol.

Tiene usted razón, amigo. Tiene usted mucha razón.

(Música jazz suave)

Buena colección de tipos, ¿eh?

Supongo que serán como todo el mundo.

Qué día más espantoso.

¿Usted cree que tardaremos mucho aún?

No lo sé.

Yo creo que es culpable, ¿sabe usted?

No hay duda.

Y a mí me da lo mismo estar tres días más.

Así no trabajo.

Usted cree que no es culpable, ¿verdad?

No lo sé, puede ser.

Escuche. Yo no le conozco a usted, pero...

apostaría que es el mayor error que ha cometido en su vida.

Debería darse por vencido.

Suponga por un momento que es usted el muchacho

y que le están juzgando a usted.

Yo no sé suponer.

No soy más que un obrero.

Es mi jefe el que hace las suposiciones.

Pero mire usted, voy a procurar hacer una.

Supongamos que usted nos hace perder la cabeza a todos

y le declaramos inocente,

y el muchacho ha asesinado a su padre verdaderamente...

Bien.

En la sala hacía calor.

Aquí dentro encerrados tanto tiempo...

Qué barbaridad.

Bueno, señores, continuemos.

Bueno, no perdamos más el tiempo.

Bueno, ¿quién pide la palabra? Yo.

Quiero que me respondan a una pregunta.

El viejo que vive en el piso de abajo

oyó gritar al chico: "Te voy a matar".

Un segundo después oyó un cuerpo que cayó al suelo.

Luego vio al chico salir corriendo de la casa.

¿Qué quiere decir todo esto para ustedes?

Yo me pregunto

cómo el viejo pudo reconocer la voz del chico

a través del techo.

No, no, no, no fue así, no, no.

Su ventana estaba abierta y la del crimen.

Era una noche muy calurosa, ¿lo recuerdan?

Sí. Sí, sí, sí.

Pero la voz venía del piso de arriba.

No es tan fácil reconocer una voz.

Y mucho menos una voz que grita.

El viejo juró que la reconoció.

Y no olvide a la mujer del otro lado de la calle.

Estaba mirando por la ventana y lo vio.

Vio al chico apuñalar a su padre.

En efecto.

La mujer vio el crimen

a través de las ventanillas de un tren que pasaba.

Tenía seis vagones.

Y la vio a través de las ventanillas de los dos últimos.

Y recuerda los más pequeños detalles.

A esto sí que no creo que tenga nada que decir.

¿Qué responde?

No lo dé.

No lo sé.

A mí no... no me suena bien.

¡Ja!

Ya ven ustedes cómo es.

Estamos predicando en un desierto.

¿Qué está dibujando usted?

Lo que se me ocurre. Traiga su lápiz. Voy a ayudarle.

Vamos... No estamos aquí para jugar.

¿Cómo? ¿Cómo dice?

¿Pero quién se ha creído que es usted?

Cálmese.

No me impide decirle cuatro cosas.

Es un histérico, un verdadero histérico.

No estamos aquí para jugar...

¿Quién se ha creído que es?

Siéntense todos. Por favor, tranquilícese.

Estoy pensando...

¿Cuánto tiempo tarda un tren eléctrico a toda velocidad

en pasar un punto determinado?

¿Y eso qué tiene que ver en este asunto?

¿Cuánto?

Dígamelo.

No tengo la menor idea.

¿Y usted?

No lo sé. Diez o doce segundos.

Eso es lo que yo diría.

¿Lo sabe alguien?

Yo creo que eso aproximadamente.

¿A dónde nos quiere llevar a parar?

¿Usted cuánto cree?

Yo diría que diez segundos.

Bueno, de acuerdo.

Digamos diez segundos.

¿Y eso qué más da?

Verá.

Un tren eléctrico tarda diez segundos

en pasar un punto determinado.

Que puede ser la ventana abierta de la habitación del crimen.

Desde esa ventana casi se podía estirando los brazos

tocar las vías.

¿Digo bien? Sí, sí, así es.

¿Alguno de ustedes ha vivido

cerca de las vías del tren?

Yo he estado trabajando en un apartamento

que estaba cerca del tren durante tres días.

¿Cómo era?

¿Qué quiere decir?

El ruido. Uy, se volvía uno loco.

Pero no nos importaba.

Como estamos todos como cabras en nuestra profesión.

Yo también he vivido un año

en un segundo piso que daba a las vías.

Cuando la ventana estaba abierta y pasaba un tren

el ruido era infernal. ¿Y qué?

Tenemos dos testigos.

La mujer y el viejo.

Hablemos primero del viejo.

Dijo que oyó gritar al chico: "Te voy a matar"

y que un segundo después oyó caer el cuerpo.

Dijo eso, ¿verdad? Un segundo después.

Exactamente.

Bueno, la verdad es que dijo un segundito después.

Vamos ahora con la mujer de enfrente.

Dijo que estaba mirando por la ventana abierta

y que vio el crimen a través de las ventanillas

de los dos últimos vagones de un tren que pasaba.

Dijo eso, ¿verdad? De los dos últimos vagones.

Sí, eso dijo. ¿Y qué?

Estamos de acuerdo en que el tren

tarda diez segundos en pasar por delante de la ventana.

Si la mujer lo vio a través de los dos últimos vagones

tenemos que admitir que el cuerpo cayó mientras pasaba el tren.

Es evidente.

Pero antes de que cayera el cuerpo

tenemos esos diez segundos de ruido infernal.

Sí, sí, estoy de acuerdo.

El viejo declaró

que oyó caer el cuerpo

un segundo después de oír al chico gritar.

Hay que admitir

que el grito se produjo mientras pasaba el tren.

Luego el viejo se equivoca.

No pudo oír: "Te voy a matar".

Estoy seguro de que lo oyó.

¿Sí? Estoy seguro.

Dijo que el chico gritó y eso me basta.

Aunque hubiera oído algo

con el ruido del tren no pudo reconocer la voz.

Pero usted habla de segundos. Nadie puede tener esa exactitud.

Pienso que un testigo

que puede enviar a un hombre a la cámara de gas

tienen que tenerla.

Yo también pienso que el viejo no pudo oírlo.

Yo creo que con el ruido no pudo oírlo.

¿Pero es que se van a volver todos locos?

¿Por qué iba a mentir el viejo?

¿Qué puede sacar con eso?

¿Qué ganaba con mentir?

Pues hacerse notar tal vez.

Le gusta significar, ¿eh?

Debería escribir en los periódicos, amigo.

Se cree muy gracioso, ¿verdad? ¿Por qué le habla así?

Un tipo que le habla así a un hombre de esta edad

debería estar en la cárcel. No me toque.

No le han enseñado a respetar a la gente.

Yo lo voy a hacer.

Si vuelve usted a tomarle el pelo se las verá conmigo.

Continúe, por favor.

Diga todo lo que quiera.

¿Por qué cree usted que mintió el viejo?

Durante el juicio me fijé mucho en él.

Llevaba la chaqueta rota por debajo del brazo.

¿Se dieron cuenta?

Lo encontré muy raro.

Vamos, creo que no es forma de presentarse así ante un tribunal.

Es muy viejo, debe tener unos 80 años.

Andaba muy despacio.

Tardó mucho hasta llegar al estrado.

Claro, es que arrastraba la pierna izquierda.

No quería que se le notara.

Me fijé muy bien en él.

Es un hombre tímido.

Insignificante, que no ha sido nada en la vida.

Nadie le conoce, nadie se fija en él.

Nadie le pidió nunca un consejo.

Es muy triste no se nada en la vida, señores.

A todos nos gusta que se fijen en nosotros,

que nos escuchen.

Aunque sea una sola vez en toda la vida.

(Música dramática)

Y ahora por primera vez se le presentó la oportunidad.

Un momento, un momento.

¿Quiere que creamos que el viejo mintió

para hacerse notar una vez en la vida?

No, verdaderamente mentir no mintió.

Solo un poquito. Exageró la cosa.

Se persuadió que oyó el grito

y después que reconoció la voz del chico.

Esto es fantástico.

¿Y qué sabe usted de eso?

Lo sé por experiencia.

¿Ha pasado un ángel?

¿Quiere alguien una pastilla para la tos?

Cogeré una. Gracias.

Digan lo que digan no entiendo cómo pueden pensar

que el chico no es culpable.

Hay otra cosa.

Me parece que hemos probado

que el viejo no pudo oír "te voy a matar".

Pero supongamos... No ha probado usted nada.

Supongamos que lo oyó.

¿Cuántas veces cada uno de ustedes ha dicho algo parecido?

"Te podría matar por eso". "Si repites eso te mato".

"Anda con él, Rocky, mátalo".

Todo el mundo lo dice cada dos por tres.

¿Significa eso que el mundo esté lleno de asesinos?

No tiene nada que ver.

El chico gritó con todas sus fuerzas.

No me diga ahora que no pensaba hacerlo.

Cuando alguien dice "te voy a matar" de la forma en que lo dijo

es porque piensa hacerlo. No sé. No sé.

Hace un par de semanas me peleé con un compañero

que trabaja conmigo en el banco.

Me dijo que era idiota y grité... Por favor, déjenos en paz, hombre.

Ese nos está liando a todos.

El chico dijo que iba a matar a su padre.

Y lo mató.

Eso es todo.

¿Cree usted que lo iba a publicar por toda la vecindad?

Me parece mucho más listo que todo eso.

¿Listo ese?

Es un cretino.

No sabe ni hablar.

Oiga, quiero cambiar mi voto.

Voto inocente.

-¿Qué? -¿Qué?

Ya me han oído.

¿Estás seguro? -Sí, lo estoy.

La votación está nueve a tres a favor de culpable.

¡Esto es una juerga!

¿Pero qué demonios le ha hecho cambiar de parecer?

Hasta el abogado defensor sabía que no tenía ni una posibilidad.

Lo supo desde el principio. -Los abogados también se equivocan.

Y el del chico estaba nombrado de oficio.

¿Eso qué quiere decir?

Pues quiere decir que él no había elegido el caso, que se lo dieron.

Y puede que le molestase llevarlo.

Era un caso que no le iba a aportar ninguna gloria, ni dinero.

Muy poco atractivo para un abogado joven.

Y dejó que se le escapara de las manos sin darse cuenta.

Para luchar por algo hay que creer en ese algo.

Y como ha dicho el abogado no creía que el chico tuviera salvación.

Por este caso no hubiera luchado ni el más iluso.

Pero, señores, miren ustedes la hora que es.

Me perdonan un momento.

He tomado unas notas. Quisiera decir una cosa.

He escuchado atentamente toda la discusión

y creo que este señor ha señalado algunos puntos muy importantes.

Tal como presentaron el asunto ante el tribunal

el chico parecía culpable, pero eso es superficial.

Si profundizásemos más, cuando se piensa más a fondo...

Ya está bien.

Solo nos faltaba eso.

Estoy hablando, señor.

Admitamos que el chico cometió el asesinato.

Apuñaló a su padre y se marchó. Eran las 0:10.

Ahora veamos cómo le cogió la policía.

Volvió a su casa hacia las 3 de la madrugada

y encontró a dos policías

que le estaban esperando en el vestíbulo.

Y ahora viene mi pregunta.

Si verdaderamente mató a su padre, ¿por qué volvió?

No tenía miedo de que le detuvieran.

Volvió a recoger la navaja.

No está bien, ¿sabe?,

dejar las navajas clavadas en el pecho de la gente.

Sí, sí, sobre todo en el de su papá.

No sé por qué se burla usted.

El chico sabía que sus amigos había visto la navaja

y que podían reconocerla.

Tenía que recuperarla

antes de que la encontrara la policía.

Admitido. Pero entonces, ¿por qué la dejó?

Pienso que salió huyendo impulsado por el pánico.

Y que más tarde cuando se calmó

recordó que había dejado la navaja allí.

También quiero que me aclare algo sobre eso del pánico.

Porque si el pánico le hizo dejar la navaja,

sin embargo no le impidió borrar todas las huellas.

Quiere decirme dónde empieza el pánico y dónde acaba.

Eh, despacito.

¿De qué lado está usted?

Usted votó culpable.

No me inclino ni de un lado ni de otro.

Estoy haciendo unas preguntas.

Yo no sé si sucedería así,

pero si yo hubiese sido el chico

y hubiese matado a mi padre y todo lo demás,

habría vuelto a buscar la navaja.

Apuesto que él creyó

que nadie le había visto y que no descubrieron el cadáver.

No olviden que fue a medianoche.

Sin duda pensó que no lo descubrirían

hasta la mañana siguiente.

Perdóneme que le interrumpa.

La mujer testimonió

que después de ver el asesinato gritó.

Dijo que gritó y que luego llamó a la policía.

El chico tuvo que oír el grito.

Si hubiera sido el asesino, ¿cree usted que hubiera vuelto

sabiendo que le había visto hacerlo? -Le puedo contestar dos cosas.

Primera, estaba fuera de sí y no ligó el grito con el crimen.

Segunda, vive en un barrio donde todo el mundo grita.

Ya tiene la contestación.

Puede ser.

Puede ser que matara a su padre,

que no oyera el grito de la mujer de enfrente,

que tardara tres horas en calmarse y volviera

con el riesgo de detención a buscar la navaja.

Puede ser. Pero también es posible que no fuera así.

Y pienso que ahora tenemos bastantes puntos dudosos

como para preguntarnos si estaba en la casa

cuando se cometió el crimen.

¿De qué puntos dudosos habla?

El viejo le vio huir de casa.

A mí no me sacan de eso. Está deformando los hechos.

¿Vio el viejo huir al chico o no lo vio?

¿Sí o no?

Dijo que le vio. -Dijo que le vio.

¿Qué dicen a eso?

Que los testigos se pueden equivocar.

Se pueden equivocar cuando se desea que estén equivocados.

¿Quiere dejar de gritar? ¡Déjeme en paz!

Puede que lo que estemos necesitando es un par de bocinazos.

¿Oyó el grito? ¿No lo oyó? De eso se trata.

Usted solo habla de pequeños detalles.

Yo quiero hechos.

Tengo la sensación de que todos nos hemos vuelto...

Perdón.

Solicito una nueva votación. ¡Estoy hablando yo!

Se ha pedido una nueva votación. Siéntense, señores.

No he visto en mi vida perder el tiempo más tontamente.

No perderemos más de tres segundos.

Yo creo que lo más rápido será contar los inocentes.

Está bien. Los que voten inocente que levanten la mano.

Estamos igual que antes.

La votación está nueve a tres a favor de culpable.

Bueno, ¿y ahora qué hacemos? -Perdón.

Voto inocente.

¡Otro!

¿Pero qué les pasa?

El chico es culpable. No hay la menor duda.

¿Por qué cambian de opinión?

Dígaselo usted, ¿quiere?

Esto es insoportable.

La votación está ocho a cuatro a favor de culpable.

Le ruego que se levante

y nos aclare las razones por las que cambió el voto.

Vamos. Vamos, levántese. Deme sus razones.

No quiero explicar nada. Tengo algunas dudas. Eso me basta.

¿Dudas? ¿Qué dudas?

Palabras, solo palabras.

Mire, vieron al muchacho clavando esto en el pecho de su padre.

Mírelo usted bien. Usted, el que tiene dudas.

Le advierto que no es esa.

¿El qué? La navaja.

La del crimen fue la otra.

(Música dramática)

Qué listo.

Bueno, yo ya no puedo más, ¿eh?

Cada cinco minutos se inventa usted una historia.

Dígame, a ver qué se inventa ahora.

El viejo no se levantó, ¿verdad?

No fue corriendo hasta la puerta.

No vio al chico salir corriendo 15 segundos después del crimen.

No vio nada.

Nos dijo todo eso para hacerse el importante.

Pero, señores... -Un instante.

¿Dijo el viejo que salió corriendo hacia la puerta?

Corriendo o andando qué más da.

El caso es que lo vio.

Dijo que corrió hacia la puerta.

Sí, creo que lo dijo.

No recuerdo las palabras exactas.

Pero no entiendo cómo pudo correr.

Lo que importa es que dijo bajo juramento

que fue de la cama a la puerta de la calle. Eso es lo importante.

¿Dónde está situada la habitación? Al final del pasillo.

¿No lo recuerda usted que se acuerda de todo?

Señor presidente, me gustaría echar un vistazo

a los planos del apartamento.

Vaya, otro invento.

¿Quiere que empecemos de nuevo el juicio?

Así lo ve todo otra vez.

Señor presidente. Sí, ahora mismo.

Y ahora a esperar. No entiendo nada.

Usted es el único que quiere ver los planos.

Yo también quiero verlos.

Y a mí me gustaría no perder más el tiempo.

Podríamos también ir todos al lugar del crimen

y ponernos a cuatro patas para buscar cualquier indicio.

Muchas gracias, pero si alguno quiere hacerlo.

Me gustaría comprobar si un hombre mayor

que arrastra una pierna

puede ir desde la cama hasta la puerta del apartamento

en quince segundos.

Veinte segundos.

Dijo veinte.

No cambie usted las cosas. No, dijo quince.

No, veinte.

Y además, ¿qué sabe lo que son quince segundos?

Dijo quince segundos y estaba muy seguro de sí mismo.

Pero si es un viejecito, hombre. Se pasó la mitad del tiempo

diciendo cosas raras.

¿Cómo diablos iba a estar seguro de sí mismo en nada de nada?

Vamos... vamos a estudiarlo con detalle.

Dijo que oyó caer el cuerpo en el piso de arriba

y que oyó correr en dirección de la puerta de la calle.

Que oyó abrir la puerta y bajar corriendo la escalera.

Entonces se levantó

y fue lo más deprisa que pudo para comprobar de quién se trataba.

Juró que no tardó más de quince segundos.

Luego si el asesino empezó a correr...

¿Es esto lo que querían?

Yo creo que debió tardar más.

Sí, pero él dijo quince segundos.

Le van a nombrar cronometrador oficial del año.

Quiere usted dejar de hacer chistes malos.

¿No le pagan a usted

ocho dólares al día por estar aquí?

Pues tiene que escuchar todo lo que diga.

Al fin y al cabo no lo hago tan mal.

Y ahora que lo han traído, ¿para qué sirve? Cuéntenos.

¿Me deja ver? Sí.

Este es el apartamento del crimen.

El del viejo, que es exacto, está justamente debajo.

Sostenga, por favor.

Estas son las vías del tren.

La habitación, otro cuarto, el comedor, la cocina y el baño.

Este es el pasillo y esta es la escalera.

Bien.

El viejo estaba acostado en esta habitación.

Dijo que se levantó,

fue a la puerta del cuarto, la abrió,

recorrió el pasillo, abrió la puerta de la calle

y llegó justo a tiempo de ver al chico

bajar corriendo la escalera.

¿De acuerdo?

Es la vigésima vez que oigo lo mismo en un rato.

Quince segundos después de oír caer el cuerpo.

Exactamente.

La cama está cerca de la ventana.

Hay tres metros cincuenta

desde la cama hasta la puerta del cuarto.

El pasillo tiene trece metros.

Luego, tuvo que levantarse,

recorrer la distancia hasta la puerta del cuarto,

recorrer los trece metros del pasillo,

abrir la puerta de la calle.

¿Todo eso en quince segundos?

¿Les parece posible? Estoy seguro.

Le recuerdo que no podía correr.

Tuvieron que ayudarle a sentarse en la silla de los testigos.

Pero no es lo mismo que una maniobra militar.

Para un hombre mayor con la pierna arrastrando es una buena caminata.

¿Qué hace usted?

Una prueba.

Quiero comprobar cuánto tardó.

¿Y cómo lo va a comprobar?

Es una atrocidad, hombre. Es una prueba. Ya se lo han dicho.

Estas sillas figuran la cama del viejo.

Ahora mido tres cincuenta que es la distancia

que hay hasta la puerta del cuarto.

Uno, dos, tres y medio aproximadamente.

Denme esa otra silla.

Esta es la puerta del cuarto.

Pero eso es una idiotez. No tiene nada que ver.

Hemos quedado en que el pasillo tiene 13 metros.

Mido hasta aquella pared.

Esto es una locura. Qué manera de perder el tiempo.

No se preocupe, puesto que según usted

no tardó más de 15 segundos nos podemos permitir ese lujo.

(SILBA CÓMICAMENTE)

¿Quiere dejar de silbar? De acuerdo, precioso. De acuerdo.

Eso es. Deme otra silla.

Esta es la puerta de la calle.

El viejo dijo que estaba cerrada con una cadena.

Sí, tiene razón.

¿Alguno de ustedes tiene un reloj con segundero?

Sí, yo.

Cuando usted quiera dé una patada en el suelo.

Esa será la señal para empezar.

La patada representa el golpe del cuerpo al caer.

Cuente a partir de ese momento.

¿Y nosotros entre tanto qué hacemos, crucigramas?

No he visto nada parecido en mi vida. Está loco.

Cuando usted quiera. Estoy preparado.

Un momento. Estoy esperando que la aguja esté arriba.

Date prisa.

El viejo andaba dos veces más deprisa.

Yo creo que va más deprisa que el viejo.

Yo no.

Ah, pues acelero.

Corre, hombre, a ver si terminamos.

(Música de tensión)

¡Pare!

¿Cuánto tiempo?

Cuarenta segundos exactamente.

(Música dramática)

Mi opinión, que creo exacta,

es que el viejo oyó el drama en el piso de arriba.

Los gritos, la pelea, el golpe del cuerpo al caer,

la carrera hacia la puerta,

bajar corriendo la escalera. Todo eso es cierto.

Pero no pudo ver al hombre que huía.

Y se imaginó que era el muchacho.

Sí, creo que pudo ser así.

Figuraciones.

Todo son figuraciones.

He visto hacer toda clase de tonterías en mi vida,

pero como esta ninguna.

Parece ser que con sus tonterías

ha tocado usted los corazones de unas cuantas damas sensibles

que tenemos aquí

y se han echado a llorar.

Pero conmigo no cuente, no.

El chico es el criminal. Está tan claro como el agua.

Tenemos que destruirle.

Y se nos está escapando entre los dedos.

¿Tenemos que destruirle?

¿Acaso es usted el verdugo?

Hay que dar un veredicto, ¿no? Sí.

Pero apostaría la vida a que desea apretar el gatillo.

Y ganaría. Se lo aseguro.

Claro que me gustaría.

Lo siento por usted. Me da usted pena.

No se compadezca de mí, ¿eh?

¿Cómo puede decir que le gustaría ser el verdugo?

Es espantoso. No puedo soportarlo.

Le he estado observando durante todo el juicio.

Está usted cegado por el odio.

Le ruego que se calle.

Odia usted al muchacho, pero no por lo que ha hecho,

sino por motivos personales.

Cierre la boca.

Es usted un sádico.

¡Que la cierre!

¡Déjeme, maldita sea! ¡Por favor!

¡Déjenme que lo voy a matar!

Ya está bien. ¡Lo voy a matar!

¿Lo ve? ¡Lo voy a matar!

¿Lo ve? ¿Lo ve?

¿Pensaba realmente matarme?

(Música dramática)

¿Les pasa algo?

No, no pasa nada. Gracias. Una pequeña discusión.

Tenga, ya hemos terminado con esto. Gracias.

(Música de tensión)

Dejen de mirarme como si fuera un bicho raro.

Creo... creo que alguien debería decir algo.

Me perdonan un momento.

Estoy pensando que... -Me perdonan.

¿A qué viene tanta educación?

Estoy tratando de que aprenda usted un poco.

Cómo les estaba diciendo,

creo que no estamos aquí para pelearnos.

Tenemos una responsabilidad,

una gran responsabilidad sobre nosotros.

Se nos ha convocado para juzgar

la culpabilidad o la inocencia de un hombre...

de un hombre al que jamás habíamos visto.

No tenemos nada que ganar ni que perder al dar el veredicto.

No podemos hacer de esto una cosa personal.

Gracias.

¿Por qué no dice alguien algo?

A lo mejor se me ocurre a mí.

Verán, tengo una idea. Allá voy.

En el momento en que el muchacho llegó a su casa...

Parece que va a haber tormenta.

Hace un calor espantoso.

¿Usted no suda? -Yo no sudo nunca.

¿No creen ustedes que ha llegado el momento de una nueva votación?

Eso es y después bailaremos y nos comeremos unos helados.

Señor presidente... Yo estoy de acuerdo.

¿Hay alguien en contra? No.

Siéntense.

Pero esta vez a dar la cara.

Para que sepamos de qué lado está cada uno.

De acuerdo.

¿Alguna objeción? No.

No.

Muy bien. Les iré enumerando.

Bueno, yo voto culpable.

Número Dos.

Inocente.

Número Tres.

Culpable.

Número Cuatro.

Culpable.

Número Cinco.

Inocente.

Número Seis.

Inocente. -¿Qué?

Inocente.

Número Siete.

Culpable.

Número Ocho.

Inocente.

Número Nueve.

Inocente.

Número Diez.

Culpable.

Número Once.

Inocente.

Número Doce.

Número Doce. Culpable.

Estamos seis a seis.

Ya está, el partido ha sido nulo.

Tendremos que jugar una prórroga.

Seis a seis.

Es vergonzoso.

Verdaderamente creo que han perdido la razón.

Un muchacho como ese que está podrido.

La clase de chico que es no tiene nada que ver con todo esto.

Lo que cuentan son los hechos. -¿Los hechos? Estoy harto de hechos.

Nos van a hacer reventar a base de hechos.

Además ustedes deforman esos hechos como les da gana.

¿Pero por qué grita usted siempre?

Me gustaría ser más joven.

Este hombre me desespera.

Hace calor aquí, ¿verdad?

¿Quiere usted un poco de agua? No, gracias.

¡Ay!

Vaya a llover, ¿eh?

¿De verdad?

Oiga, ¿por qué ha cambiado usted de opinión?

No sé, me pareció.

¿Sí?

Me pareció...

A mí me parece que usted es un veleta.

¿Yo? No lo crea, no.

Hay un sinfín de detalles

en los que no había reparado, eso es todo.

Pesados. A fuerza de rumiar estáis perdiendo la cabeza.

Esa es la verdad.

Francamente no creo que tenga usted derecho

a insultarme. ¡Bueno, basta!

Bocazas.

(Ruido de lluvia)

Esto refrescará el ambiente. Sí.

Creo que sí.

Qué forma de caer.

Me recuerda a una tormenta de hace un par de años.

Fue espantoso.

(Música jazz suave)

Muy gracioso.

Ha sido sin querer. Se lo aseguro.

¿Qué, qué le ha parecido lo del empate?

A mí muy gracioso. ¿Y a usted?

A mí también.

A propósito, antes cuando...

cuando ese tipo, bueno, no sé cómo se llama,

me tendió el anzuelo, piqué.

Pero, bueno, eso no... no quiere decir nada, ¿sabe?

Me embalo enseguida.

Me hizo perder la cabeza

pero cualquiera en mi lugar hubiera.

Hizo un buen trabajo. ¿Quién?

El Número Ocho.

Pero... pero... ¿Qué hace?

Bueno, hay que terminar como sea.

Oigan mi propuesta.

Estoy dispuesto a ir al tribunal a decir que renunciamos.

Nosotros no llegaremos nunca a un acuerdo.

Eso es. Hablemos con el juez

y que el chico tiente a la suerte con otros doce tipos.

Claro.

Perdone.

No creo que el juez acepte esa proposición.

No llevamos aquí tanto tiempo. ¿Usted cree?

Bueno, si usted lo dice.

Yo tampoco estoy de acuerdo con ustedes.

¿Cómo...?

Saben ustedes que con otros 12 tipos el chico se iría al garete.

¿Están de acuerdo en que renunciemos?

Les quiero prevenir una cosa.

Nadie, nadie me hará cambiar de opinión.

Métanse esto en la cabeza.

¿Sigue pensando que no hay posibilidad de una duda razonable?

Sí, lo sigo pensando. Yo soy de hierro.

Quizá no sepa usted lo que significa exactamente

duda razonable. -¿Cómo... cómo que no lo sé?

Pero... Pero qué les parece.

Estos tipos son todos iguales.

Se plantan en este país para salvar la piel

y luego le dicen a uno lo que tiene que hacer.

¿Han visto cosa igual?

Nada de eso.

Además nadie le ha preguntado dónde ha nacido usted.

Yo he nacido aquí, caballero.

¿Y sus padres? -Mis...

No nos vendría mal aprender alguna lección de estos refugiados.

Nos podrían enseñar algunas cosillas útiles.

No estamos tan bien como creemos.

Bueno, ya está bien. Gracias. Estoy acostumbrado.

No, no está bien.

De acuerdo.

Le pido perdón.

¿Era eso lo que quería?

Sí, exactamente eso.

(Música dramática)

Bueno, señores, ¿tiene alguien algo constructivo que decir?

Me gustaría verificar un pequeño detalle.

Uno de los triunfos de la acusación es el hecho de que el muchacho

después de declarar que estaba en el cine a la hora del crimen,

no pudo recordar cuando se le preguntó qué película vio

ni qué actores trabajaban.

Este señor insistió mucho en ese punto.

Sí, es la única coartada que presentó.

Y no supo decir una palabra para sostenerla.

Intente ponerse en su lugar.

¿Usted hubiera sido capaz de recordar algo después del shock

de encontrar de pronto el cadáver de su padre?

Pienso que sí.

Sobre todo si mi vida dependiera de mi memoria.

Pero es mucho más fácil.

Si no pudo recordar la película es simplemente porque no fue.

De todos modos ante el tribunal lo recordó todo.

Claro.

Habían pasado tres meses desde la noche del crimen.

El abogado tuvo tiempo de enseñarle la lección. No, no, no, no.

Uno de los policías que le interrogó aquella noche

dijo que no pudo recordar nada.

¿Puedo hacerle una pregunta particular?

Adelante.

¿Dónde estuvo usted anoche?

En mi casa.

¿Y la noche anterior? ¡Oiga!

¿A qué viene esto? -No, no, no. No se preocupe.

Déjele.

Al salir de aquí pasé por mi despacho.

Estuve hasta las 20:30.

Después fui a casa y me acosté.

Dígame. ¿Y el martes?

¿El martes?

El martes...

Ah, sí, estuve jugando al bridge.

¿Y el lunes?

Cuando lleguen a la Navidad nos avisan.

El lunes... Lunes por la noche...

Sí, fui al cine con mi mujer.

¿Qué película vieron? "El Círculo Escarlata".

Una película estupenda... ¿Y la otra?

La otra... La otra película...

Espere un minuto. Espere.

"La extraordinaria señora... señora no sé qué".

"La extraordinaria señora Brainbright".

La he visto.

Se llama "La extraña señora Brainbright".

"La... la extraña señora...".

Sí, sí, algo así.

"La extraña señora Brainbright".

Algo así.

¿Quién hacía la señora Brainbright?

Barbara Lone.

Una muchacha... una muchacha morena. Muy guapa, por cierto.

Barbara... Lang.

O... Lane. Algo parecido.

¿Quiénes más trabajaban?

Pues no... no lo sé.

Actores desconocidos. No...

Al menos para mí.

No... no, no lo sé.

Y no estaría usted bajo ninguna impresión.

¿Verdad?

No, en absoluto.

¿Entonces?

(Música dramática)

Creo que el punto queda aclarado. -¿Qué punto?

Ese señor ha dicho lo suficiente

para que creamos que estuvo en el cine el martes por la noche.

El lunes. -No, el martes.

No, no, no, no, no, el lunes.

El lunes por la noche.

Bueno, pues el lunes.

¿Y qué?

Eso no cuenta para nada.

¡El muchacho es culpable!

¡Culpable!

Y punto y raya.

¿Me han entendido?

¿Quién tenía pastillas para la tos?

Yo.

Pero ya no me quedan.

¿Qué hora es?

Ahí tiene usted el reloj.

Son las 17:50.

Perdonen,

pero hay algo que me preocupa.

Le recuerdo que estamos empatados a seis.

¿Tiene alguien algo que decir?

Sí, yo. ¿Por qué no nos vamos a cenar?

Bueno, yo... yo quisiera decir una cosa.

Pues diga lo que sea.

Como todos estamos un poco desinflados

no me atrevía, pero...

Es algo referente al ángulo de la herida.

¿No me diga que vamos a volver a eso?

Lo hemos visto mil veces en el juicio.

No, no, ya lo sé, ya lo sé.

Yo... yo no estoy de acuerdo.

El defensor dijo varias veces

que el chico era más bajo que el padre.

Bueno, ¿y qué?

¿No le parece raro

apuñalar de abajo a arriba a alguien

que es más alto que usted?

Espere. Espere que se lo voy a demostrar.

¿Quiere alguien probar?

¿Usted?

Fíjense bien, ¿eh?

No voy a repetirlo.

Voy a ponerme 15 centímetros más bajo que usted.

¿De acuerdo?

Sí, esa era poco más o menos la diferencia.

Bien.

Miren.

(Música de tensión)

¡Cuidado!

No me ha hecho ninguna gracia. -Ni a mí tampoco.

¿Qué ha querido hacer? Calma. Calma.

No le ha pasado nada, ¿verdad?

Nada. Gracias.

Así es como se apuñala a un hombre más alto.

Así lo hizo el chico.

Venga, adelante.

Espero sus objeciones.

No hay nada que objetar.

¿Ha apuñalado usted a alguien? No, nunca.

¿Y usted? No diga tonterías.

¿Nunca? Claro que no.

¿Entonces cómo sabe hacerlo?

Sentido común.

¿Tampoco ha visto apuñalar a nadie?

Tampoco. ¿Qué intenta usted?

Hay algo que no encaja en su demostración.

El chico era un experto en esta materia.

Creo que fue por una pelea por lo que lo metieron

por primera vez en un reformatorio.

Una riña a navaja, ¿verdad? Exactamente.

¿Creen ustedes natural hacer todos esos jeribeques

para apuñalar?

No, no es normal.

Traiga, démela.

Me repugnan estas cosas, pero todo hay que decirlo.

He visto más peleas a navaja en mi vida que apretones de mano.

Esta navaja no se usa nunca como lo han hecho ustedes.

Haciendo esto se pierde mucho tiempo.

Sería como dar una ventaja.

Se hace así.

¡Por abajo!

Siempre así, nunca de la otra forma.

¿Está usted seguro?

Esta navaja se ha inventado para clavarla así.

¿Luego no cree que la puñalada la diera el muchacho?

Me extrañaría mucho. Es más, estoy seguro que no.

Piensen que el muchacho como si dijéramos

con una navaja en la mano.

He conocido muchos como él.

¿Estaba usted en la habitación cuando mataron al viejo?

Naturalmente que no. Muy bien, eso me basta.

No creo que se pueda decir con certeza la clase de herida

que ha hecho o que ha podido hacer.

simplemente porque el chico sea un maestro con la navaja.

Sí, yo tampoco.

Escuchen.

Todo esto me pone enfermo.

Estoy hasta las narices de este asunto.

Abandono. Voto inocente. ¿Cómo dice?

He dicho que estoy hasta las narices.

Pero eso no es una razón para cambiar el voto.

Usted métase donde le llamen. -Tiene razón ese señor.

Usted está aquí con nosotros para juzgar a un hombre.

Y ahora de repente porque sí vota inocente sin pensar.

¡Oiga, usted! -Sin pensarlo.

Simplemente porque tiene dos entradas

que le pesan para el partido. Es indigno.

¿Por qué? -Jugar así con la vida de un hombre.

Es usted un miserable. -No me hable así.

¡Tengo que hablarle así!

Si vota inocente hágalo porque está convencido de que es inocente.

Si no vote culpable.

¿O no tiene valor para reconocer que estaba equivocado?

Escuche, yo... -¿Culpable o inocente?

Ya se lo he dicho, inocente. -¿Por qué?

No tengo por qué decirlo. -Sí, tiene. ¿Por qué?

Porque pienso que no es culpable.

¿Seguro? -Sí, seguro.

Solicito una nueva votación.

Se ha solicitado una nueva votación.

Siéntense ustedes.

Los que voten inocente que levanten la mano.

Uno.

Dos.

Tres.

Cuatro.

Cinco.

Seis.

Siete.

Ocho.

Nueve.

¿Los que voten culpable?

Tres. Muy bien.

La votación está nueve a tres a favor de la absolución.

Les aseguro que no les comprendo.

Todos esos detalles

que les han convencido no tienen importancia.

Ustedes han visto al chico.

Lo han visto como yo.

No pueden tragarse ni lo de la navaja,

ni lo del cine.

¡Mienten como respiran!

Han nacido mintiendo.

No saben ni lo que es una verdad.

Sí, son así.

Y no necesitan motivos para matar.

Se droga continuamente.

Se emborrachan.

No, no crean que les censuro, no.

No, son así.

No tienen remedio.

Para ellos la vida de un hombre no tiene valor.

¿Pero dónde van ustedes?

Se emborrachan y se pelean sin razón.

Y si matan a uno pues eso,

uno menos. A ellos no les importa nada.

Sí, efectivamente,

también tiene cosas buenas.

¿Ven? Soy el primero en reconocerlo.

Hasta he conocido a dos que eran decentes.

¿Comprenden?

Pero esto es la excepción.

La mayoría es como si no tuvieran sentimientos.

Pueden hacer cualquier cosa.

Pero bueno, ¿qué pasa?

Estoy intentando hacerles comprender...

Escúchenme por lo menos.

Ese chico es un mentiroso.

¡Yo le conozco mejor que ustedes!

Conozco a todos esos jovencitos...

A todas esas pequeñas ratas.

¡Son ustedes muy listos!

Pero escúchenme, les estoy diciendo

que hay que tener cuidado con esos canallas.

¡Yo los conozco!

¡Los conozco!

Pero escúchenme.

Quiero que me comprendan.

Estoy intentando que me comprendan

una cosa muy importante...

Son muy peligrosos.

¡Son unos salvajes!

Yo... yo los conozco.

Los conozco.

¡Escúchenme!

¡Escúchenme por lo menos!

Escúcheme.

Si vuelve a abrir la boca le rompo la cabeza.

(Música dramática)

Pero...

Pero si so... solo...

Solo trataba de explicarles...

Desde luego es muy difícil ser objetivo.

Se quiera o no

los prejuicios salen a relucir y lo falsean todo.

Hemos discutido, a veces con fuerza,

pero francamente no creo que nos hayamos hecho daño.

Por mi parte confieso que ni siquiera sospecho

cuál es la verdad.

Y no creo que nadie la sepa jamás.

Nueve de entre nosotros

tenemos el presentimiento de que el acusado no es culpable.

Podemos estar equivocados, claro.

Jugamos solo con posibilidades.

Tal vez estemos tratando de devolver

un asesino a la sociedad.

Quién sabe.

Pero, tenemos una duda razonable.

Ninguno de los nueve puede tener la certeza

de que el acusado es culpable.

En cuanto a los otros tres parece que sí la tienen.

¿Me quieren decir por qué?

Voy a intentarlo.

La verdad es que sigo creyendo que es culpable.

Tengo dos razones.

La primera,

el testimonio de la mujer del otro lado de la calle,

que vio cometer el asesinato...

Testimonio indiscutible.

La segunda,

la forma en la que la mujer describió el asesinato.

Dijo que vio al chico levantar el brazo por encima de la cabeza

y clavar la navaja en el pecho del padre.

Le vio hacerlo así, de arriba a abajo.

Le vio hacerlo así aunque no sea eso

el estilo de un experto en navaja.

Tiene razón.

Hablemos un poco de esa mujer.

Se metió en la cama sobre...

sobre las 23.

Tenía la ventana abierta.

Desde allí se ve perfectamente todo lo que pasa en la calle.

Como el calor no le dejaba dormir

dio vueltas y más vueltas en la cama.

Estuvo así más de una hora.

Hacia las 0:10 el ruido del tren atrajo su mirada.

Y fue entonces cuando vio el crimen

a través de las ventanillas de los dos últimos vagones.

Por lo que a mí respecta es un testimonio irrefutable.

Sí, señor, así se habla.

¿A usted qué le parece?

¿Y a usted?

Pues no lo sé, hay tantos testimonios...

Le aseguro que estoy hecho un lío.

Sinceramente no entiendo

cómo han podido ustedes votar inocente.

Desde luego esta serie de cosas...

Mándelas todas a paseo, hombre.

Solo hay una cosa cierta, la mujer vio el crimen.

Sí, sí, claro, estoy de acuerdo.

Hagamos una nueva votación.

Muy bien. Se ha solicitado una nueva votación.

¿Alguna objeción? Yo cambio mi voto.

Pienso que es culpable.

¿Alguien más?

La votación está ocho a cuatro.

¿Por qué hacer de esto un triunfo personal?

Como verán esto no tiene arreglo.

Tentemos que renunciar.

Vamos a ver al juez.

Mi opinión es que debemos proseguir.

¿Proseguir?

¿Con hombres como este que saltan de un lado al otro

como pelotas de ping pong?

Serénese. Trata usted de buscar pelea por todo.

Está bien.

¿Qué les parece si fijamos un límite?

¿Ahora?

¿Para qué?

Si es preciso pasaremos aquí toda la noche.

Son las 18:15.

Si a las 19 no hemos llegado a un acuerdo

discutiremos si renunciamos o no. ¿Conformes?

Me parece razonable.

Bueno, nos quedan más de tres cuartos de hora.

Podemos... -Por favor...

¿Se encuentra usted bien?

Sí, muy bien.

¿Por qué? -No, no, perdone.

Es que me había parecido... Perdóneme.

Bueno.

Estamos conformes en que si a las 19 no hemos llegado a un acuerdo

podríamos... -Cómo no.

Lo ha repetido.

¿He repetido el qué?

Ha vuelto a pellizcarse la nariz.

Eso me recuerda...

-Mire, estamos tratando aquí de ordenar...

Oiga, pero si es que... Es una cosa muy importante.

Está bien. ¿Qué pasa?

Le ruego que me perdone la interrupción,

pero quiero preguntarle,

¿por qué se frota así la nariz?

Es verdaderamente apasionante. No estoy hablando con usted.

¿Puede decirme por qué se frota así la nariz?

Porque siento una ligera molestia.

Por las gafas, ¿verdad?

Sí, por las gafas.

Claro, claro.

Luego son las gafas

lo que le producen a usted esas marcas rojas

que tiene a cada lado de la nariz.

No me había fijado.

Debe ser muy molesto.

Pues sí, sí, muy molesto. -No lo sabía.

Yo tengo una lista excelente. -Enhorabuena.

La mujer que vio el crimen tenía las mismas marcas.

(HABLAN A LA VEZ) -¡Por favor! ¡Por favor!

Solo tardo un minuto.

Lo había olvidado, pero esas marcas se me quedaron grabadas.

Se frotó varias veces la nariz.

Es verdad, ahora lo recuerdo. Varias veces.

¿Y qué?

¡Salta a la vista!

Maquillaje, pelo teñido,

trajes nuevos, demasiado juveniles para su edad.

Llevaba mucho tiempo preparando su salida en público.

Y en cuanto a las gafas,

prefirió tropezar a ponérselas delante de la gente.

¿Y cómo diablos sabe usted que usa gafas?

¿Porque se frotaba la nariz?

Por las marcas. ¿Y eso qué prueba?

Escuche, oiga.

Estoy harto de oírle aullar.

Déjele a ver si se queda ronco.

Yo también vi esas marcas.

Estuve muy cerca de ella. Eran muy profundas.

Bueno, ¿y qué?

Se teñía el pelo.

Y tenía unas marcas en la nariz.

¿Y eso qué quiere decir?

¿Esas marcas

las pueden producir otra cosa además de las gafas?

No, creo que no.

Bueno, ¿y eso qué tiene que ver?

Además, yo... yo no vi nada.

Yo sí y muy claramente.

Lo raro es que no me haya acordado antes.

Ahora que hablan de ello yo también me acuerdo.

Pero no le presté atención, la verdad.

¿Y usted, abogado, no dice nada?

Estoy pensando...

Hay aquí 12 hombres que llevan 2 horas

concentrados en este asunto.

¿Y de los 12 para 11 esto ha pasado inadvertido?

¿Inadvertido? ¿El qué?

¿Me quieren hacer creer que lo de las gafas

tiene alguna importancia?

¿Pero es que piensan que el fiscal la presionó

para que atestiguara sin gafas?

No pretendemos nada semejante.

Pero conozco a muchas mujeres

que creen que las gafas no le favorecen.

Mi mujer por ejemplo.

Además es muy posible que el fiscal tampoco notara este detalle.

Justo lo que yo iba a decir.

Bien, bueno, vale, tenía una señal. De acuerdo.

Unas señales que le habían hecho las gafas.

Nunca se pone las gafas cuando sale fuera de casa

porque cree que no le favorecen.

De acuerdo. De acuerdo.

Pero cuando vio matar al viejo estaba en su casa, ¿no?

Sola, en la cama y en su casa...

Bastante le iba a importar la facha que tuviera.

¿Lleva usted las gafas puestas en la cama cuando se va a dormir?

Jamás, nadie lo hace.

Parece lógico pensar que no las llevara puestas

cuando hacía una hora que trataba de dormirse.

¿Y usted qué sabe?

Yo no sé nada, lo supongo.

Y también supongo que cuando miró por la ventana

en el momento de pasar el tren tampoco las llevaba puestas.

Ajá.

Seguro.

No, no puede estar seguro.

Y voy más lejos todavía.

Creo que esa mujer piensa honestamente

que vio al chico matar a su padre.

Pero lo que vio en realidad fue una imagen borrosa.

Hombre, ¿y cómo lo sabe usted? Este lo sabe todo.

¿Cómo sabe la clase de gafas que usa?

Puede que usara gafas de sol.

Bah, usted qué sabe...

Yo solo digo que hay una duda

acerca de la visión de un testigo ocular.

Ella trató de identificar a alguien

a más de 20 metros de distancia de noche

y sin gafas.

No se puede enviar a la muerte a un hombre

que solo tiene en contra semejante testimonio.

Pues yo no estoy de acuerdo.

¿No cree usted posible

que esa mujer hubiera cometido un error?

No.

No es posible, ¿verdad? No, señor, no es posible.

¿Y usted?

Sí, es posible.

¿Y usted?

¿Cree sinceramente que el chico es culpable?

Yo pienso que es culpable.

Yo no.

Ya no estoy seguro.

Así que me abandona.

Ahora tengo una duda razonable.

Eso quiere decir que estamos once a uno.

Pero, ¿y todo lo demás?

Todos los otros testimonios.

Todas esas cosas. El...

La navaja, el nombre de la película, el viejo...

¿Y todas esas cosas?

Usted mismo dijo que se podía prescindir de todo lo demás.

Que lo único importante era el testimonio de la mujer.

Bueno, ¿y ahora qué se hace?

Es usted el único.

Me da igual.

Estoy en mi derecho. Sí.

Seguramente sí.

(Música dramática)

¿Por qué me miran de ese modo?

Yo digo que es culpable.

Queremos sus argumentos.

Ya se los he dado.

Pero no nos han convencido.

Queremos volver a escucharlos.

Estaremos el tiempo que haga falta.

Todo. Todo.

Hasta la más mínima cosa que se dijo en la sala.

Absolutamente todo demuestra que es culpable.

¿Es que me toman por un idiota o qué?

Fíjense por ejemplo en la historia del pobre viejo,

el hombre de abajo que lo oyó todo.

O bien en lo de la navaja.

No importa que ese tipo encontrara otra igual.

El viejo le vio.

¡Vio al chico huir por la escalera!

¿Qué nos importa el tiempo que empleó?

Eso no cuenta. Le vio.

Y les desafío que me prueben

que el viejo no llegó al descansillo.

Les desafío.

¿Y la historia del tren? ¿Eh?

¿Y la del cine?

Les apuesto cinco mil dólares

a que recordaría las películas que vi la noche que maté a mi padre

si lo hubiera hecho alguna vez, claro.

¡Todo, absolutamente todo!

Y respecto a la historia de la gafas,

¿cómo pueden estar tan seguros de que no las llevaba?

Atestiguó ante el tribunal, ¿no?

¡Atestiguó!

¿Y lo del grito del chico?

"¡Te voy a matar!", dijo.

"¡Te voy a matar!".

Y lo hizo.

Ya lo creo que lo hizo.

Estoy seguro.

Esos canallas...

nos arruinan la vida.

Dos años sin venir a verme el...

Estos...

¡Estos son mis argumentos!

¡Pero ustedes...!

¿Qué más quieren?

¡Vamos!

Digan algo.

Son ustedes...

unos borregos.

¡Nunca! ¡Nunca conseguirán mi voto!

¿Es que...

no tengo derecho a tener mi propia opinión?

Inocente.

(Música dramática)

(Continúa la música)

(Continúa la música)

Estudio 1 - Doce hombres sin piedad

21 jul 2020

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