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Cañas y barro - Capítulo 5 - ver ahora
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Tonet.

¿Qué haces aquí?

Huir del clero y de la industria.

El cura me echó de la iglesia por beberme el vino de consagrar.

Al fin y al cabo, solo eran tres litros.

Y Neleta no me deja entrar en la taberna

porque dice que le empuerco las paredes.

Así que, voy de pueblo en pueblo,

buscando quien me convide a una copa.

Esa es mi escalera de martirio para subir al cielo.

Lo aprendí en los libros del cura.

Ahora, puedes trabajar con nosotros en la Sequiota.

Soy cristiano, Tonet.

Y recuerdo las palabras de Cristo.

"Las aves del cielo ni siembran ni ciegan".

"Y, sin embargo, comen".

¿Quieres que ofenda al Señor trabajando

como si dudara de que su bondad podrá socorrerme?

No, Tonet.

Solo los gentiles,

o sea, los que no convidan a nadie, ahorran.

Pero es porque dudan del amparo de Dios.

Por eso yo...

(Carruaje acercándose)

Vete, pescador.

Ya sé a quién esperas.

¿Seguro?

Sí.

La vi esta mañana.

Anda, tú con tu culpa.

Y yo con la mía.

Neleta.

Oiga, ¿dónde va esto?

Ahí, a la barca.

¿Vienes sola?

El abuelo fue al Saler a comprar unos aparejos.

Dijo que volvería esta noche a El Palmar en cualquier barca.

Suelta.

Aquí me conocen.

Mi marido decidió anoche que viniera yo sola.

Me lo dijo esta mañana.

Tuvo miedo del frío de la madrugada y de la niebla.

A mí me dieron unas ganas de llorar...

¿Por qué?

Porque me había hecho ilusión pensar

que estaríamos los dos solos. Y estamos solos.

Descansa un poco.

Igual da que lleguemos...

media hora más tarde.

No.

Aquí.

Conmigo.

Ven.

Estarás más cómodo.

¿Sabes en qué estoy pensando?

¿En qué?

En aquella noche en la dehesa.

¿Te acuerdas?

Sí.

Yo nunca he podido olvidarla.

Nos dormimos.

Qué tonto cuando eras niño.

¿Por qué?

Porque te gustaba el olor mi aliento.

Y me lo pedías.

¿Lo quieres ahora? Sí.

¡Venga, moveos, que es tarde!

¡Eh!

¡Vosotros! (PESCADOR 1) ¿Qué hay, patrón?

¿Está lista esa barca?

No. Faltan dos "mornell".

¡Pues venga, hombre, venga, daos prisa!

(PESCADOR 2) Nosotros hemos terminado, patrón.

Pues descargad en El Palmar y volver.

(Música de acordeón alegre)

Neleta, ven. Sube un momento.

Vamos, Tonet, toca otra. -Venga.

Venga, más. -Venga.

(Música alegre)

¿Ocurre algo?

Ocurre que Tonet y tú...

me estáis poniendo en ridículo ante el público

con vuestras tonterías.

Pero si todo el mundo sabe que Tonet y yo somos como hermanos.

También sabe todo el mundo que yo no soy tu padre,

que soy tu marido.

Y esta noche, además de todo ese mundo que tú dices,

os estaban mirando como perros la Samaruca y su sobrino.

Por eso eché la cortina. Para que se fastidiara esa arpía.

Esa arpía...

me importa muy poco.

Porque las palabras de las mujeres terminan en palabras.

Pero las de los hombres terminan en hechos.

Y si a ese malnacido le da por hablar,

tendré que contestarle yo,

de hombre a hombre. Y quiero evitarlo, si puedo.

Por eso, desde hoy...,

tu sitio está en el mostrador.

Sí, Paco.

En cuanto a Tonet...,

su sitio debe estar en la Sequiota.

Porque ese fue el trato que hicimos.

Y esté o no...,

cuando entre en la taberna, que lo haga como cliente.

O como amigo.

Pero no como amo, porque vamos,

es que se ha apoderado de todo como si lo fuera.

De las barricas...,

que bebe cuando se le antoja.

De las botellas,

que descorcha las que le da la gana.

De mi escopeta,

que se va a cazar con ella cuando le apetece.

Hasta de ti. ¡Paco!

¡Sí, sí, de ti!

Aunque sea a los ojos de los demás solamente.

Y un día querrá, no sé,

hasta apoderarse de mi cama, vamos.

Que tú hayas llegado a pensar semejante infamia...

(LLORA)

¡Santísimo Niño Jesús de El Palmar!

Que tú, Paco de mi alma...

Vamos, mujer.

¿Cómo voy a pensar yo...?

Es un decir por decir.

Tranquilízate, mujer.

Ven aquí.

Eso me pasa por ser buena.

Por agradecer a los Paloma que me dieron de comer

cuando me moría de hambre.

Mírame, Paco.

Tú has andado mucho.

Tú sabes leer en los ojos de las mujeres.

Lee los míos...,

Paco de mi alma.

Aquí los tienes.

Son tuyos.

Arráncamelos

si ves en ellos que soy capaz...

de engañarte.

Mi pequeña Neleta.

Tenemos que irnos.

Sí, Tonet.

Nuestro guardián sigue comiendo.

Nuestro guardián

es la única persona en la que confía mi marido.

Cincuenta y ocho.

Cincuenta y ocho.

Cincuenta y ocho.

Cañamel...,

no te quejarás.

Hemos sacado

unas 180 arrobas.

¿Tú crees? Pongo el dedo.

Supongo que habré ganado una copa.

Y una botella.

Pues vamos. Tenemos que hablar.

Sigue tú, Fijol.

De acuerdo.

¿Y Tonet? No preguntes.

Y escucha.

(Disparo)

Cazando en la dehesa.

Y así lleva, por lo menos, dos horas.

Lo malo es que los cartuchos también son míos.

No te quejes.

Ya traerá algún pájaro.

Sí, seguro. Menos trabajar, lo sabe hacer todo.

¡Bien, jabato!

Neleta.

No la llames. Se fue con la tía Patro a la barraca del arrozal.

Está muy ilusionada. Y, pase lo que pase,

cada tres días se va a limpiarla.

Neleta es como una niña.

Y ha convertido la barraca en su juguete preferido.

Bueno, ¿de qué tenemos que hablar? Pues...

de las fiestas del Niño Jesús.

Que solo faltan 15 días para la Navidad.

Y Tonet, tú y yo,

como dueños de la Sequiota y primeros clavarios,

tenemos que organizarlas.

Y pagarlas de "perleta".

Al final, tendré que ser yo el que suelte la plata.

No.

Al final, será la Sequiota quien la suelte,

que para eso nos ha tocado.

El alcalde,

el cura

y el clavario, que nos sigue en importancia,

vendrán esta noche para preparar el programa.

¿Qué te parece si les diéramos una cena?

Pues como paga la Sequiota,

se la daremos en el comedor de arriba y por todo lo alto.

(Disparos lejos)

Tu nieto no se cansa, abuelo.

Yo, desde luego, no aguantaría tanto.

Y, ahora, el baile y los "albades".

Yo suprimiría los "albades".

Con esa costumbre de los mozos

de salir a cantar llenos de vino,

la noche acaba siempre en bronca.

Por mí, que se suprima. Hombre, a los mozos les gustan.

Todo será que vayamos detrás el alcalde y yo.

Y que nos acompañen el sargento y el cabo

por si alguno se desmanda. -Ah.

Pues se acabó la reunión.

Pero antes, quiero recordaros algo,

que los clavarios tienen que ir de negro.

Yo traje negro no tengo. Como nunca he sido clavario...

Pues el mío no creo que me valga.

No me lo he puesto desde la boda de Tono.

Pues se hacen.

Que son seis trajes, Neleta.

Serán seis, pero Cañamel no hay más que uno.

Mi Paco.

Resuelto, alcalde.

Todos de negro.

-¡Bien!

-¡Bravo! ¡Bien!

(Risas)

(Música de orquesta festiva)

¡Viva Tonet!

(MUCHOS) ¡Viva!

Y a los demás que los parta un rayo.

Así se hace, Tonet.

La banda de Catarroja y todos sus músicos.

¡Viva el dinero y que lo pague el tabernero!

Te lo dije.

Ese perro del sobrino de la Samaruca

me está buscando.

(Música festiva)

¿Sabe qué día es hoy?

Nochebuena.

Solo puedo darte un pedazo de pan y un arenque.

No, padre.

Tenemos cena en la barraca.

La compré yo con mis ahorros y la preparé anoche.

Pollo con patatas, lubina,

turrones y peladillas.

De todo, padre.

Solo me falta el vino y la sidra.

Porque quiero sidra, padre, porque hace ruido y espuma.

Esta noche es Nochebuena.

Para nosotros no, Borda.

La Nochebuena reúne a las familias.

Pero la nuestra, no.

Estamos solos, Borda.

No.

Hablé con Tonet y con el abuelo y me dijeron que esta noche

cenaría con nosotros.

Dame eso.

¿Por qué hace eso, padre?

Porque es Nochebuena

y nace Dios.

Y a lo mejor empieza a ayudarnos.

O a lo peor, como es tan pobre,

nos pide el pan y el arenque que hemos tirado.

(Risas)

(HOMBRE) Muy bien. -Aquí tienes.

Dos botellas de vino y dos de sidra. ¿Algo más?

No, no, gracias. Apúntalo. Bien.

-Por favor. -No te hagas rogar.

-Anda, Neleta. -¡Bien!

Está bien, está bien.

Están alegres arriba. Es Nochebuena.

¿Por qué no subís?

Por eso, porque es Nochebuena y...

cenamos en casa.

Como está arriba toda la familia...

(Música de acordeón lejos)

No.

No está toda.

Faltamos nosotros.

Toma, Borda.

Vamos a brindar.

No quiero tristezas.

¿Qué? ¿Te sientes mejor?

No.

No me mientes ni siquiera cuando más me gustaría que lo hicieras.

Con la sidra será mejor.

No, padre.

¿Te acuerdas, Borda?

Aquellas sí que eran Nochebuenas.

Estaba Rosa,

mi padre...,

Tonet...,

tú...,

Neleta, casi siempre...

Éramos una familia.

Seis vidas.

Pero Rosa se fue para siempre y...

y Neleta, también.

Ahora, Tonet con su locura,

y el abuelo siguiendo la locura de Tonet.

Estamos solos, Borda.

¿Qué dirá Rosa si nos ve?

No sé.

A lo mejor lo que hace es llorar.

Perdóneme, padre.

Es Nochebuena, pero...

pero quiero llorar.

(LLORA) Llora, Borda.

(LLORA)

Llora.

(LLORA)

¿Te sientes mejor?

(LLORA)

Sí, padre.

Mucho mejor.

Es bueno llorar.

Yo mismo lloraría si no fuera hombre y supiera...

que Rosa no me ve.

Porque es bueno llorar, lo sé.

Es bueno llorar.

(CORO CANTANDO)

Así debe ser el cielo.

Seguramente.

¿Tú crees?

Has quedado como los propios ángeles.

Hemos quedado.

Que el dinero salió de la taberna.

En el nombre del Padre,

del Hijo y del Espíritu Santo.

Amados hijos...

Mentira.

Gloriosa mentira.

Vosotros no sois pescadores.

Tampoco la Albufera pertenece al Reino de Valencia.

Porque vosotros y la Albufera

sois un espejo en el que se refleja en estos momentos

el principio de la cristiandad.

Porque en un lago

como el de la Albufera

pescaron los apóstoles,

que eran pescadores, como vosotros.

Y Cristo les acompañaba.

Cristo,

que era pescador también...,

pescador de almas.

De verdad, estupendo.

Buenos días. Buenos días.

Qué misa tan bonita, Tonet.

Ha sido maravilloso lo que has hecho.

Lo que hemos hecho, Neleta. No olvides que es mi dinero.

Muchacho, así se organizan las fiestas.

Qué grandeza, qué lujo.

Mis buenas pesetas me ha costado. -Hola, Cañamel.

Hola. -Mereces una estatua, barbián.

No tanto, hombre. Yo... A mis brazos, Tonet.

Impagable.

Impagable lo que has hecho.

El Palmar está en deuda contigo.

Aquí no hay ninguna deuda, maestro. Lo he pagado yo todo. Y bien caro.

El triunfo no tiene precio, Cañamel.

Eso es verdad.

Qué misa, qué coros. Maravilloso.

(RÍE)

Neleta. ¿Eh?

Vamos. ¿Adónde?

A casa.

A ser el amo de lo que nadie puede discutirme.

Pero si es ahora cuando empieza la fiesta.

Para Tonet, para mí, no.

Él lo ha hecho todo, Neleta.

Yo no he hecho más que pagar.

Paco, no corras, que te va a hacer mal.

Aunque reviente.

Anda, vamos, esto se acabó.

Paco, no te disgustes.

Te juro que se acabó.

Es sinvergüenza de Tonet no se aprovecha más de mi dinero.

O trabaja en la Sequiota con el abuelo

o rompo el negocio y a otra cosa.

Y por aquí que no aparezca más, ¿eh?

Tú te lo buscaste, Paco.

Pues me equivoqué.

Y cuando uno se equivoca,

se borra y san se acabó.

Anda, tranquilízate.

Si es...

si es que no puedo, hombre.

Si es que no puedo.

Ese bergante me ha quitado hasta la poca satisfacción

que podía darme el haberme gastado un dineral en las fiestas.

Todo lo ha hecho él.

Ya lo has visto, ¿no?

Todo.

Todas las felicitaciones para él.

"Maravilloso, Tonet".

"Qué grandes fiestas, Tonet".

"Impagable, Tonet".

Bueno, mira, eso fue lo que me hizo reventar las bilis.

Pagado por mí, peseta a peseta.

Pero ya se acabaron las malditas fiestas.

Queda el baile de esta noche. No hay baile.

Paco...,

tenemos que ir.

Yo he soñado con ese baile.

No hay baile, Neleta.

(LLORA)

(LLORA)

(Música alegre lejos)

(MUJER, LEJOS) # A la hija del tío Fitora... #

Empiezan los "albades".

Cierra el balcón.

(MUJER) # ...comprenda.

# No hay mozo que la comprenda. #

# Que llora

# si no la besan.

# Y cuando la besan

# llora

# la hija del tío Fitora. #

(Música de orquesta alegre)

¡Eh, un momento!

Que no hay vino.

Pues vamos a la taberna.

(Redobles de tambor)

(Música de orquesta alegre)

(Fuegos artificiales)

# Respetuoso

# este cantar

# a nuestro

# mejor vecino.

# A nuestro

# mejor vecino...

# otro pellejo

# de vino

# ha venido a suplicar.

# Respetuoso este cantar. #

Dáselo, Paco.

No.

Buenas noches, amigos.

¿Cómo van los "albades"?

Como siempre. Entre flor y espina.

Otra. Y esta con punta.

No fastidies la noche, Samaruco.

Pues que nos dé el vino.

Yo os lo pago en cualquier otro sitio.

Lo queremos de aquí.

Pues deja que yo se lo pida.

Cañamel.

¡Cañamel! ¿Dónde vas?

Acuéstate.

Soy yo, Tonet.

¿Me oyes?

Son mis amigos, Cañamel.

Ábrenos la puerta.

# Nos debes

# de complacer,

# que te lo pide

# tu socio.

# Nos debes complacer.

# Que te lo pide

# tu socio.

# Que es tu socio

# en tu negocio

# y es tu socio

# en tu mujer. #

¡Hijo de perra!

¡Te voy a dar, Samaruco!

¡Dejadme! ¡Ya está bien!

¡Vale! ¡Te mato!

¡Quieto! -Suéltalo.

Cálmate, Tonet.

Pero ¿ha oído lo que ha dicho ese canalla?

Lo malo es que lo habrá oído Cañamel.

Anda, vete a casa. Acompáñele, sargento.

Andando, Tonet. Acabaron mal las fiestas.

Acabarán cuando mate a ese canalla.

Porque le juro que le mato. No digas más tonterías. Vete.

Tonet, no seas tonto.

Seguid con los "albades".

(Música de orquesta alegre)

Llora, llora,

que eso no lava la vergüenza.

Tonet.

¿Pasa algo, abuelo?

Lo que tenía que pasar, ya pasó.

Cañamel quiere verte.

¿Le ha dicho algo de mí? No.

Quiere verte.

Luego iré. Ahora.

Quiere verte ahora y vas a ir, Tonet.

Abuelo.

Jugaste mal y has perdido.

Ahora, tienes que dar la cara.

Buenas tardes.

Hombre, me alegro de verte.

Tenemos que hablar.

¿Entramos? No. Hablaremos aquí.

Hay mucha gente.

No importa.

Lo que tengo que decirte...

quiero que lo oigan estos y el pueblo entero.

Anda, baja.

El hombre tiene dos fortunas, Tonet.

Su honra y su dinero.

Mi honra anduvo anoche en coplas por culpa tuya y de Neleta.

De Neleta no puede... ¡A callar, hombre!

Yo no permito a ningún hombre

que hable de mi mujer.

Y como mi honra

no tienes tú ni que mancharla ni que defenderla...,

ya no daremos motivos para más coplas.

Se acabó nuestra amistad.

Cañamel... Para siempre, Tonet.

Porque como todo esto viene de que Neleta y tú

sois como hermanos... Y lo somos.

Pues hazte la cuenta de que anoche se te murió tu hermana

y nació la señora de Cañamel.

Y en cuanto a la sociedad...,

también se acabó.

Ya no somos socios.

La Sequiota es mía.

Pues si es tuya, te quedas con ella.

Pero pagándome hoy mismo

los duros que he puesto.

Y si no los tienes,

me quedo con ella yo.

Pero asociado con tu abuelo.

Y allá tú y él...

en lo que os corresponda en el reparto.

Vamos, decide.

Lo pensaré.

Decide ahora mismo...,

porque tú y yo no volveremos a hablar.

Siga usted con el abuelo.

Bien.

Así no tendrá razón la copla

en eso de que somos socios en el negocio...

y socios en la mujer.

Eso es mentira. Sí.

Mentira.

Yo también lo creo.

Y eso es lo que os vale a Neleta y a ti.

Porque si yo sospechara si quiera...

que eso era cierto...

Mira...,

si yo sospechara un momento...

Anda, vete, hombre.

¡Vete!

Y no lo olvides.

Ahora, cuando salgas,

será la última vez que cruces esa puerta.

Mírala bien por última vez.

Porque, desde hoy, va a estar para ti tan alta

como el Miguelete.

Largo.

¡Largo!

¡Como el Miguelete, Tonet!

¿Lo oyes bien?

¡Como el Miguelete!

Parece que está arrepentido.

Humillado.

Ha quemado el acordeón.

Porque no puede quemar la taberna.

Va a salir otra vez.

¿Adónde irá?

Lo supongo.

Pero no puedo atar los pies a mi hijo ni las manos a Cañamel.

Buenas noches, Borda.

Buenas noches, padre.

Hasta luego, Borda. Tonet.

¿Qué quieres?

Que no vayas a la taberna, Tonet.

Todo el mundo sabe que Cañamel te ha prohibido que entres.

No, no entraré.

Pero pasaré por delante.

¿Para qué?

Para que Neleta me diga si quiere o no quiere verme.

Pero si no entras,

¿cómo puedes hablar con ella?

No importa.

La veré al pasar.

Y solo con mirarla

y con que ella me mire

sabré si quiere o no.

Es inútil, Borda.

Tú no puedes comprenderme.

Porque nunca has querido a un hombre.

Ni nunca un hombre te ha querido.

No.

Ningún hombre me ha querido.

Pero querer yo a un hombre, sí.

Con toda mi sangre, Tonet.

Y por eso vivo.

Porque para querer con el propio cariño de uno basta.

Y en silencio...,

sin que se entere ni esa persona a la que adoramos.

Perdóname, Borda.

No sabía que...

No.

No, Tonet.

¿Tú...

cómo ibas a saberlo?

Vete.

¿Ocurre algo?

Tonet está ahí fuera.

Puedo salir yo

y resolverlo a mi manera.

Y puedes salir tú...

y resolverlo a la tuya.

Decide lo que más te convenga.

Pero si sales...,

no vuelves a entrar.

Ya está decidido.

Sangonera.

No le riña, padre. No, Borda.

Aquí me tiene.

¿Pasaste por las tierras?

Sí. No pensaba que habían hecho tanto.

Pues todavía falta mucho para acabar.

Ven, Tonet. Acércate.

Verás, quiero decirte unas palabras.

Hace un año, en la taberna de Cañamel,

te dije que pasaría lo que, por desgracia, ha pasado.

Son calumnias, padre. Sí.

Tu obligación como hombre es jurar que lo son.

Y mi obligación como padre es creerlo para poder perdonar.

Y la obligación de los dos,

olvidarlo.

¿De acuerdo?

Y, ahora, a trabajar. Vamos.

La peca de anoche fue de las mejores.

Trescientas cinco arrobas. Si seguimos así...

¿Qué te pasa, Cañamel?

Ay.

Estoy muy mal.

Se me va el sentido.

Me ahogo.

Anoche, creí que todo acababa.

Debes acostarte.

Sí, sí.

Sí.

¡Uy!

Ayúdame.

Que no se entere Neleta.

No quiero que piense

que soy un pobre viejo podrido.

Eso es lo que te está matando, Cañamel.

No. Y si fuera eso...,

no sería mala muerte.

Deja, deja.

Puedo yo solo.

Poquito a poquito,

pero puedo. Ah, no le digas nada a Neleta.

No, hombre, no.

Neleta, tu marido está mal. Sube.

¡Paco!

¡Paco!

(GRITA)

¡Paco!

¡Paco!

Tío Paloma, avise a un médico. Rápido.

Paco.

Dios mío. Oh, Dios, ¿qué ha pasado? (LLORA)

El corazón un poco aprisa, pero con buen tono.

Vamos a ver.

¡Ay, ay, ay, ay! -¿Duele?

Mucho.

Te vi hace seis meses, Cañamel.

Y esto ha aumentado desde entonces.

Las piernas

son como plomos.

Pediluvios bien calientes con ácido bórico.

Para el corazón, las gotas cada seis horas.

Que repose bien abrigado y a esperar a mañana.

¿Y esos dolores por todo el cuerpo?

Cuando se rueda por una escalera,

los peldaños no hacen caricias precisamente.

Caricias, eso necesito yo.

Pero caricias de mi pequeña.

Ni una Cañamel.

Acabo de decirle que su corazón anda aprisa.

No le excite, porque si se desboca,

a lo mejor no para hasta el cementerio.

Sí, sí, sí. -Hasta mañana.

Adiós, doctor.

¿Pasó bien la noche?

No, no del todo, doctor.

Tuvo un desvanecimiento.

¿Bebió?

No. Ni tampoco comió con exceso.

¿Se excitó por alguna cosa?

Se excitó.

Eso no es lo que yo le mandé.

Usted no puede impedir que yo quiera a mi mujer.

Yo solo quiero impedir que Vd. se muera, Cañamel.

A ver esas piernas.

Ya.

¿Sigue doliéndole? -Mucho, mucho.

Sí, duele.

Ay.

Tiene que ir a Valencia.

¿A Valencia?

Sí. A Valencia.

Yo sé lo que es eso.

Reumatismo.

Es el resultado de vivir en esta isla de barro,

que tiene el agua a media cuarta del suelo y que empapa

no digo yo los huesos,

hasta el alma de todo El Palmar.

Pero su reúma es monstruoso.

Y yo soy solo un pobre médico de pueblo

sin más medios de investigación

que un fonendoscopio.

Tiene que ir a Valencia.

Allí hay especialistas que pueden curarle, Cañamel.

¿Cuándo?

Mañana.

Oh.

No, mañana no.

No me atrevo a cruzar la Albufera.

Es mucha agua.

Y, ahora,

en invierno,

con estas lluvias,

el frío

y la niebla...

Iré en primavera, ¿eh?

Es que en primavera me pasa lo que al loro.

Lo saco al balcón

y con el sol, pues...

lo mismo que yo.

Se alegra.

Revolotea.

En primavera, doctor.

Si no empeora...

Terminó la faena.

Ya no queda ni un palmo de tierra por cubrir.

Ya todo es tierra.

¡Se acabó!

(RÍE)

(RÍE)

¡Tierra!

¡Todo es tierra!

¡Qué gusto da pisarla!

Más gusto daría prepararla para poder sembrar en junio.

Sobra tiempo, padre. No. Estamos en marzo.

Y la finca es grande.

¿Y por qué no empezamos ahora?

Hace falta dinero.

Hay que comprar un caballo,

un arado, una draga.

Y... Tengo dinero, padre.

La Sequiota es mía, ¿no?

A medias con el abuelo, pero mía.

Y nunca me dio nada.

Esta noche, le pediré lo que haga falta.

Pues para dar algo a cuenta...,

con 100 duros basta. Los tendrá.

¡Borda!

Tú vete al pueblo a pedirle el dinero al abuelo.

Yo me voy al Saler a comprar el caballo, el arado y la draga.

Mañana por la tarde, volveré con todo.

Me esperáis aquí los dos.

(PARLOTEA)

(PARLOTEA)

(PARLOTEA)

Al sol el lorito.

¿Cómo se llama tu amita Linda?

Neleta.

Neleta.

¿Y cómo se llama tu amigo gordo? -Cañamel.

Ha llegado la primavera.

A Valencia.

Venga.

Que nos esperan las anguilas.

Deprisa.

Hombre.

¿Qué haces tú aquí?

Tenemos que hablar, abuelo. ¿De qué?

De dinero. Ni un real.

Desde que empezamos a explotar la Sequiota, no he visto una peseta.

Necesito dinero, abuelo.

Para emborracharte. No, señor. Para mi padre.

Dímelo otra vez, que me parece que no he oído bien.

Oyó usted bien.

Para mi padre.

¿Y cuánto necesita?

100 duros. "Fotre"...

Yo nunca he llevado ese dinero encima.

Vuelve otro día.

Pídaselo a Cañamel.

Cañamel no está.

Le llevé yo a Valencia con el médico.

Vuelve mañana.

Que se lo dé Neleta.

Ya veremos.

Tú no vengas.

A ti te está prohibido.

¿Para qué quiere mi hijo ese dineral?

Porque ya terminó de cubrir la finca

y tiene que comprar un caballo y todo lo que hace falta.

Y para una tierra, yo...,

pescador, ¿tengo que dar ese dinero?

Tiene gracia.

Es como si a Cristo le pidieran

que comprara los clavos para crucificarle.

Vendo mi alma por un vaso de vino.

Pues ya es mía.

Compras barato, pero no me importa.

Es un problema de urgencia.

¿Qué haces aquí? Esperar al abuelo.

Pues ahí le tienes.

Toma.

Cien duros.

En plata y en billetes.

Y dile al labrador de tu padre

que es como si me hubieran quitado un riñón.

Cien duros.

Con ese capital, bien administrado, podemos emborracharnos un año.

(RÍE)

Yo ya no bebo.

Cómo se pierden las buenas costumbres.

Entonces, ¿qué haces?

Trabajo.

Otro cristiano que se pierde por la avaricia.

¿Piensas en Neleta?

Pues si no bebes

y, por si fuera poco, trabajas,

carga tu alma con otro pecado y ve a verla.

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Cañas y barro - Capítulo 5

09 abr 2020

El Palmar celebra su fiesta más importante, la rifa de los lugares para pescar entre los pescadores. La fortuna favorece a Tonet que obtiene "La Sequiota", el lugar preferente. Cañamel proporciona a Tonet dinero y las artes necesarias parala explotación y esto los convierte en socios.

Histórico de emisiones:
12/03/2009

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