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Cañas y barro - Capítulo 1 - ver ahora
Transcripción completa

(Música de cabecera)

El Palmar.

-¿Es un buen pueblo, patrón?

-Lo que puede ser un pueblo de pescadores.

Y de cazadores furtivos.

Buen oficio ese, señor guardia.

Y de mal fin.

El día que uno de ellos se me ponga a tiro,

termina la caza en el valle de Josafat.

Esa es la ley.

¿Quiere la ley beber un trago?

Nos lo prohíben las ordenanzas

de nuestro salvador, el duque de Ahumada.

¿Habrá vino en este pueblo para rellenar la bota?

¿De buena clase? -Sangre de Cristo, como este.

Entonces, en la taberna de Cañamel.

¿Y usted cree que podré vender aquí algunas navajas?

Si son de calidad, se las comprará todas Cañamel.

¿Y no sabe si habrá aquí trabajo para cuatro segadores?

En El Palmar, no hay más tierras de arroz que las de Cañamel

y ya está recogido.

Ese tal Cañamel viene a ser Dios en este pueblo, por lo que veo.

Más o menos, salvando lo divino.

Ahí está, a la puerta de su establecimiento.

Mire por dónde pisa, que la mano es mía.

Perdón. Vamos, arriba, deprisa.

Eh, Ricardo, daos prisa, que la barca no espera.

Tráigame esto, patrón. -¿Qué es?

Un caballo de cartón para mi nieto.

Mejor que sea de cartón porque aquí

o aprende a comer anguilas o se muere de hambre.

Tendrá caballo el "nano".

Aprisa, señores, o se quedan en tierra.

Vamos, aprisa.

Vamos.

¿Me traes unos papelillos de quinina?

Le han vuelto las fiebres al marido.

No lo cuentes, está bien. Yo no me equivoco nunca.

(TODOS) ¡Barquero, barquero! ¡Que venga ya el barquero!

¡Barquero, barquero! ¡Que venga ya el barquero!

¡La madre que los parió! ¿Queréis callaros de una vez?

-Vicente.

Como te cruzarás con el tío Paloma,

dile que me traiga cuatro buenas lubinas.

Se me han antojado para cenar.

Sí, señor, se las traerá.

¡Vamos, vamos, que no espero a nadie! ¡Vamos!

-¡Vamos, ya está bien, barquero!

(Voces indistintas)

-¿Y vosotros qué? ¿No sabéis meter los cestos en la barca?

¡Venga!

Agarra eso, segador.

-Echaos para allá. -Toma, soldado.

¿Dónde lo pongo?

Cuélgatelo de las medallas.

Echad una mano si queréis llegar de día.

Por caridad, señores, háganle un sitio,

que va a Ruzafa a ver si le curan. -¡No!

¡No! ¡Ya está bien, hombre!

Calma, calma, callaos todos.

-Por caridad.

Miren que aquí se nos muere, sin médicos ni medicinas.

Así Dios en pago les haga un sitio en el cielo.

Dejadle un sitio. Ayúdale, soldado.

-Que sí, venga, echaos para allá un poco.

(Voces indistintas)

-Venga. -Vamos allá.

¿Está lleno el ataúd?

De no estarlo, iría a remolque. Siéntese.

¿Va mal?

Como tengo tanta fiebre,

siento frío.

Túmbese y apoye la cabeza. Irá mejor.

¿Era pariente suyo... el difunto?

Marido.

¿Pescador?

Pescador.

¿Y cómo no lo llevan en su barca como es costumbre?

Porque era pobre y nunca tuvo barca propia.

Dos dolores sufrió:

el de ser pescador...

y el de no tener barca.

¿De qué murió?

De las fiebres tercianas.

Ese es mi mal.

No todos mueren.

Eso espero.

Me gustaría que nos cruzáramos con el tío Paloma.

Quisiera despedirme de él,

por si acaso.

¿Quién es el tío Paloma?

El mejor pescador del lago. No hay otro igual.

Nadie percha como él.

¿Ni el patrón?

Ni yo, que llevo toda la vida con ella en la mano.

Su padre fue el mejor... y, desde que murió, lo es él.

Y, cuando el tío Paloma muera, lo será su hijo,

pero cuando muera.

Aunque para mí ya cumplió los 60.

Entonces, es mejor el hijo. Hace mucho la fuerza de juventud.

En este oficio, tanto la fuerza como el arte valen lo mismo.

Pero, si percharan los dos en una apuesta, ¿quién cree que ganaría?

Pregúnteselo al padre, que ya está a la vista.

El tío Paloma.

¿Solo has pasado para que me vean?

No. El tío Cañamel, que quiere que le lleves cuatro lubinas

y me pidió que te lo dijera.

Ya lo has dicho.

Y porque este señor quiere saber

quién es el primer barquero del lago.

¿Se lo has dicho?

Sí. Pues ya lo sabe.

Yo quiero saber quién percha mejor, si su hijo o usted.

Un Paloma, sea el que sea.

Primero, lo fue mi padre,

ahora, lo soy yo...

y, cuando yo muera, lo será mi hijo.

Seguro que ya es mejor porque es más joven.

¡Calla, asustapájaros!

En el cielo, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Aquí, en la laguna,

mi padre, yo y mi hijo,

que no es el Espíritu Santo,

pero que también es un Paloma, como el tal Espíritu.

Pero, si percharan los dos en una apuesta,

ganaría su hijo.

Ud. ya es muy viejo, tío Paloma.

Muy viejo.

Viejo, sí.

No sé cuánto,

pero debo de serlo,

muy viejo.

¿Cuántos años llevamos juntos?

Muchos.

Pero todavía soy el primer barquero de la laguna.

¡Recordones!

Hola, padre.

Hola.

¿Pescaste mucho?

Pues... mírelo.

El tío Cañamel quiere que lleve

cuatro lubinas. Las tengo.

Si percháramos los dos por una apuesta,

¿quién crees tú que ganaría?

¿Importa eso, padre? ¿Quién ganaría?

El más fuerte.

Vamos a casa.

Todavía tengo trabajo.

Vamos a casa.

Percha.

¡Percha, que esta es la apuesta!

¡Así, percha!

¿A qué viene esto?

¡Percha, maldito sea tu padre!

Son los Paloma. -Tan locos como siempre.

¡Percha! Pero, padre...

¡Percha, no seas castrado!

¿Qué? ¿Quién es más fuerte?

Pues...

usted, padre.

¿No me has dejado ganar?

No, padre.

Esto merece un trago.

Sangonera, me alegro de verte. Vienes que ni pintado.

Ata las barcas.

Invítame a una copa, tío Paloma.

¿Estás borracho? No, todavía no.

Entonces, átalas...

y te invito a una copa.

Vámonos, Tono.

A una y pico, por lo de Paloma.

(SUSPIRA)

Dos aguardientes, Samaruca, pero de las grandes.

Enseguida.

¿Qué pasa? ¿Os habéis caído al lago?

(RÍE) Más o menos.

Deja, cuñada, que a los buenos clientes les sirvo yo.

Parece que hoy fue dura la faena, ¿eh?

Mucho, pero buena.

¿Me trajiste las lubinas? En la barca están.

Esta enfermedad...

acabará conmigo.

Es como una rata que tuviera aquí dentro.

Solo me pide comer y comer.

Mal de ricos, Cañamel.

¡Buah! Pobre quisiera ser...

y estar sano.

Por cuenta de la casa.

A ver si se anima tu hijo y viene.

Es que no bebo.

Tono no bebe ni juega ni anda con mozas...

ni busca peleas, aunque las ganaría todas.

¿Verdad, Tono?

Bueno...

¿Me dejaste ganar, Tono?

No, padre.

Entonces,

por el que ganó la apuesta.

¡Los Paloma no mienten!

¿Me dejaste ganar?

Sí, padre.

Así me gusta, buen hijo, buen barquero,

pero no ganaste tú ni gané yo.

Ganó un Paloma a otro Paloma,

que es como no ganar ni perder.

Otras dos copas, Cañamel.

Por cuenta del primer barquero del lago...

y en honor del primer barquero del lago.

No, padre.

Tengo que irme. ¿Por qué?

Usted lo sabe, hago falta en casa.

Ya. Vete.

Por cuenta del primer barquero del lago...

Por ti.

...y en honor del primer barquero del lago.

Por ti también. No.

Por él.

Ponme otra copa.

Mi padre fue el primero...

y, cuando murió mi padre, lo fui yo.

Y, cuando yo muera, lo será él.

Y, cuando él muera, lo será su hijo.

Por su hijo.

¿Por qué hijo?

Pues es verdad, Cañamel.

¿Por qué hijo?

Esta es la barraca más puerca de todo El Palmar.

No tengo tiempo para limpiarla.

Ni es cosa tuya.

Eso es trabajo de hembras...

y aquí siempre hubo una mujer.

Primero, tu abuela, que Dios tenga en su gloria,

pero que no nos la devuelva, porque tenía mi mismo genio.

Después,

tu madre,

que era un diablo,

pero que hacía el pan como los ángeles.

Y ahora, la tuya.

¿Quién, padre?

Tu mujer.

Te vas a casar, Tono.

¿Cuándo?

Estamos en septiembre... y septiembre es un buen mes

para que no se le enfríe la barriga a la novia.

En septiembre.

Sí, pero ¿con quién?

¡Con la que más nos guste, recordones!

(SUSURRA) "Hoy no pescamos. 'Labate'".

Sí, a Tono se le ha ocurrido casarse y yo le dije:

"Pues a buscar novia, 'xiquet'".

¿Y tiene echado el ojo a alguna?

No, a ninguna.

Es que ha sido de pronto.

¿Quién ha hecho este "all i pebre"? Inmejorable.

Anoche, yo...

Anoche, me pidió que lo hiciera...

y yo, en un momento, ya ve.

Es su especialidad.

Buen mérito para una moza casadera.

Ponme más si te queda.

Ah, y un poco de vino.

A lo que iba diciendo,

no irá mal la mujer que enganche a mi Tono.

La barraca, dos barcas...

Adiós, Tono. -Adiós, Tono.

Adiós.

¡Está buenísima!

¿No queda más compota?

Claro que queda.

Hice yo ayer una orza grande.

¿Tú misma? Pues claro.

Una mujer de su casa debe saber hacer de todo.

Eso está bien para una moza casadera.

Pues, como iba diciendo,

no irá desnudo mi hijo Tono al matrimonio.

Si se ponen de acuerdo, tampoco mi hija iría desnuda.

Ni falta que hace.

Ya se encargará mi hijo de eso.

¡Por Dios, tío Paloma!

(AMBAS) Adiós.

Adiós.

¡Esperadme!

Hola, Tono.

Hola.

Y, además de la barraca,

las dos barcas, muchas redes, no sé cuántas,

cuando yo me muera...

No hable de eso, tío Paloma.

Hay que hablar,

porque mi muerte forma parte de la herencia que tú recibirás

si te casas con él.

Y mi Tono será el mejor barquero del lago.

¿No tienes otro muslo, Doloretas?

Sí, sí, señor.

¡Buenas ancas!

¡Tío Paloma!

Si hubiera nacido rana,

no tenía desperdicio, digo yo.

Hola.

Hola.

¿Querías algo?

No.

¿Y por qué has venido?

Límpiame.

Toma.

Son para ti.

¿Por qué?

Porque vas a casarte.

Eso creo.

¿Con quién? No lo sé.

Yo tampoco sé con quién voy a casarme.

¿Es que tú también te casas?

Quisiera.

¿Con quién? ¿Con quién querría?

Sí.

Contigo.

Rosa.

Tu casa. No.

Tu casa.

Nuestra casa.

Tío Paloma. Lárgate.

Espera.

Invítame a una copa, tío Paloma, que todavía no estoy borracho.

Trabaja... y págatela tú.

Si trabajara, no podría emborracharme.

Anda, invítame a una copa para empezar el día como Dios manda.

Dios no manda beber, Sangonera.

Si no lo mandara, no lo harían los curas y beben hasta en misa.

Los curas beben, pero... Tú lo has dicho, beben.

Sí, maldita sea mi sangre, beben, pero...

A propósito, ¿has visto al cura?

Sí, ahora mismo acaba de entrar en la iglesia.

Y, dentro de un rato, se beberá el copón de vino.

¡Uy, si fuera cura! ¡Lárgate!

Si yo fuera cura, diría 20 misas al día

y me bebería 20 copones.

Y, a la hora del rosario, cura borracho.

Toma...

y ojalá revientes como reventó tu padre.

Que Dios te oiga.

Con tres azumbres de vino que le regaló un segador.

¡Cura!

Yo soy cura, pero no me llamo "Cura".

Mi nombre es Miguel... y la gente me llama "padre".

¿Te enteras, pescador?

Pues yo soy pescador y nadie me llama "pescador".

Me llamo Antonio...

y todos me llaman tío Paloma.

Bueno, tío Paloma, ¿querías algo?

Cambiar lo de tío por abuelo.

Eso no es cosa mía.

Que te cambien el tratamiento en el pueblo.

Que no, recordones, que no se trata de eso.

Se trata de mi hijo, que se casa.

¿Tono? ¿Con quién?

Con Roseta, la hija de Paco el Hueso.

Buena muchacha, la mejor del pueblo.

Además de bonita, que solo es una gracia temporal,

la más honesta de la parroquia.

La virtud de Roseta es prístina.

Por lo menos, así lo era hasta que la vi hace un momento.

Pero vamos a lo nuestro. Sí.

La boda.

¿Para cuándo?

Para la otra semana. No, no, no, no.

La Iglesia no es como la pesca, que veo una anguila y la pesco.

La Iglesia no será como la pesca,

pero los apóstoles, que tenían más galones que los curas,

eran pescadores.

¿Por qué no has venido hasta hoy?

(ROSETA RÍE)

He venido todos los días.

No te he visto nunca.

Porque solo venía cuando no estaban las barcas.

Entonces, yo pensaba:

"Tono se fue a pescar".

Y andaba por aquí, tranquila,

viendo tu barraca...

y tu ropa puesta a secar al sol.

Muy mal lavada, por cierto.

Y...

Y hablaba con ella. ¿Qué le decías?

Que te quería desde siempre.

Cuando era pequeñita,

tú jugabas conmigo como juega un hombre con una niña...

y yo jugaba contigo como juega una mujer con un hombre.

Y te cogía en mis brazos y te besaba.

Y yo sufría...

porque me besabas en la frente.

¡Qué sorpresa se llevará mi padre cuando sepa que ya tengo mujer!

Ajá.

Está bien, pescador.

El domingo.

Está mal, cura. El sábado.

¿El sábado? ¿Por qué el sábado?

El día de la boda lo pierden los novios con el ajetreo,

y así tienen el domingo para cumplir con sus cosas.

Y para cumplir con Dios, recordones, como tú dices,

el sábado a las doce de la mañana.

¿Y no podría ser el sábado a las nueve?

No, señor.

El sábado a las doce de la mañana.

El sábado a las nueve.

Ya lo sabéis.

Me falta tiempo para el vestido de novia.

Para lo que te va a durar puesto...

¿Cómo está tu hermana? Cada vez, peor.

Mala cosa,

porque también tu cuñado anda rondando a la flaca de luto.

Por lo mucho que come.

Si yo fuera su mujer, se iba a llevar muchas tajadas a la boca.

No me extraña nada.

Ponlo a mi cuenta.

Vale, tío Paloma.

Bueno, Roseta... Rosa, padre.

¿Te han bautizado de nuevo?

No. Quiere Tono que me llame así.

A mí, como el refrán del perro:

"Yo me llamo como quiere mi amo".

Vas a ser Paloma, Rosa.

Ya lo es, padre.

No me refiero a la paloma pájaro, recordones.

Me refiero a nuestra familia.

¿Tú sabes lo que es eso?

Sí, señor.

Su padre fue el primer barquero del lago.

Cuando murió su padre, lo fue usted.

Y, cuando usted muera, lo será Tono.

Pero hay algo más.

Cuando muera Tono,

lo será su hijo.

Quiero pronto ese nieto, Rosa.

En lo que de mí dependa, haré lo que pueda.

No hace falta.

De eso estoy seguro.

¿Qué miras?

La casa.

Hay que pintarla.

No... No sé por qué.

100 años lleva así y nadie ha dicho nada.

Pues precisamente por eso.

Supongo que te habrá explicado tu madre

lo que debe hacer una mujer casada.

No, pero entre lo que imagino y lo que me diga Tono...

No, no es eso.

Digo que si sabes lavar,

fregar,

hacer un "all i pebre",

asar unas anguila "al ast",

guisar pencas en "suc"...

o preparar una buena "cebollada".

Sé hacer muchas cosas.

Sé bordar, coser,

hacer flores de papel...

y también sé perchar.

¿Has visto? Está como un pájaro.

Peor aún, como una bandada de pájaros.

Y dice que sabe perchar.

A esta le das una percha y cuelga en ella el refajo si lo lleva.

Oye, ¿tú sabes ya si lo lleva?

¿Adónde habrá ido?

A buscar papel para hacer florecitas.

¡Tono!

¡Voy!

¡Rosa!

¡Tono!

¡Ven!

Y sabe perchar la puñetera.

Tío Paloma,

quería preguntarte algo.

Mire usted, los novios.

Buena pareja.

Tu hijo, todo un hombre...

y Rosa, un ángel.

Le seguirá en la adversidad y en la fortuna,

en la enfermedad y en la salud. Le seguirá cuando le siga,

pero, hasta ahora,

lo único que hace es llevarle detrás.

Oiga usted, padre,

¿cómo dijo que se llamaba la virtud esa de Rosa?

Pues una virtud prístina. Ya, ya.

No sé lo que es eso, pero debe de ser algo muy gordo.

Y digo yo,

¿a las "pristinas" esas...

no les pasa nada...

cuando están solas con un hombre en la dehesa?

(Trinos)

(Banda sonora original)

(Trinos)

Se han callado los pájaros.

Sí.

Son "musquerots",

unos ruiseñores pequeñitos.

¡Bah! Se asustan de la gente.

Les pasa como a mí antes.

Hasta tú me asustabas.

¿Ya no?

No sé.

No, tú ya no me das miedo.

Pero ahora tengo miedo de mí.

¿Por qué?

Dentro de seis días, nos casamos.

Ya casi soy tu marido... y tú, mi mujer.

Por eso.

¿No quieres dejarme en el suelo?

No.

Quiero tenerte siempre así.

¿No te canso?

Creo que podría tenerte así toda la vida.

¿Lo ves?

Por eso tengo miedo.

Porque tú eres muy fuerte...

y yo soy muy débil.

¿Tú crees que puedo ser tu mujer?

La única que puede ser mi mujer.

Estás loco, Tono.

Te he vuelto loco yo.

Mi madre lo dice.

Dice...

que la vuelvo loca con mis risas y mis cosas de niña.

¿Sabes por qué he venido a la dehesa?

No.

Porque vamos a casarnos, Tono,

y no hemos sido novios.

Yo siempre soñé con ser tu novia...

y venir contigo a la dehesa como vienen los novios de El Palmar...

para...

para decirte poco a poco todas mis cosas,

las alegres y las tristes.

Para que tú me dijeras todas las tuyas.

Bueno, pues...

yo solo te hubiera dicho que... que quería ser tu marido.

Y yo lo que voy a decirte ahora,

aunque te arrepientas,

es que no sé si merezco ser tu mujer.

La mujer del primer barquero del lago,

del más fuerte.

Tengo miedo.

Déjame,

así,

en el suelo,

para que, si quieres irte después de oírme, des la vuelta y te vayas.

Tengo miedo, Tono.

Tengo miedo de que me falten fuerzas para ser lo que necesitas.

Para limpiar la barraca, fregar,

hacer la comida de dos hombres...

y darte ese hijo que un día será el barquero más fuerte,

pero un hijo fuerte,

que se parezca a ti,

no a mí. (GIME)

Rosa,

no tengas miedo.

Yo te cuidaré.

Y, cuando estés enferma,

yo te cuidaré también.

Y me darás un hijo que será tan fuerte como yo,

pero tan hermoso como tú.

Y, cuando estés cansada,

te llevaré en mis brazos.

¿Por qué no podrá morirse uno cuando se es tan feliz?

Porque somos novios y...

hemos venido a pasear a la dehesa como novios.

Y vamos a pasear.

(RÍE) ¡Rosa! (RÍE)

¡Rosa!

¡Espera! ¡Espérame, Rosa! ¡Espe...!

(Trinos)

A ver si cantan los "musquerots".

(Trinos)

(Trinos)

(Trinos)

(Trinos)

Esos puercos labradores se comerán con arroz la Albufera...

y la Albufera es nuestra. Es del rey.

¡Nuestra, recordones!

De haber nacido en el Palacio Real, seríamos reyes

y el reino sería nuestro,

pero hemos nacido aquí...

y somos tan reyes como el rey,

pero de la Albufera.

Y esos pisaterrones nos la están llenando de tierra.

¡De tierra, Tono!

Les pagan bien. Les paga un amo,

porque tienen un amo que les compra el sudor.

Nosotros no.

¿Nos vamos a casa? Todavía no.

Me caso mañana.

Y mañana hay que pagar al cura y a Cañamel por el festejo.

Vamos a buscar el otro "mornell". Percha.

Primero, se majan los ajos bien majados...

y, luego, se mezclan.

Pero, hija, que te estoy explicando.

Que sí, madre, que se majan los ajos.

¿Y después?

Luego, se mezcla y... -¡La casa!

¿Eh? ¿Qué casa?

La mía. Bueno, la que será mía.

Hija, ¿y el vestido?

¿Eh?

Ah, después,

aunque, como dice el tío Paloma,

para lo que me va a durar puesto...

Acérqueme el salabre, padre.

Cuidado.

Estoy deseando ver a Rosa.

Bueno.

Cuando quieras.

¿Qué estará haciendo?

Florecitas de papel. Percha.

Vamos, que tengo hambre.

Usted siempre tiene hambre,

pero las redes pesan. ¡Si lo sabré yo!

Me tocó llevarlas hasta que murió mi padre.

Y así me enseñó él y así te enseño yo.

Ya lo aprendí.

Sigue cargándolas para que no se te olvide.

¡Recordones!

¿Rosa?

¿Por qué has hecho esto?

Porque... Porque es lo que hacen las mujeres casadas.

Padre, conque florecitas de papel, ¿eh?

¿Y estas sillas?

Parte de lo que traigo al matrimonio.

Algunos muebles, ropas para la casa,

mi pájaro...

y nada más.

Y tú.

Estás sudando. Sí.

Y cansada. No.

Sí. Bueno, sí.

Ya te lo dije. Soy muy débil.

Y yo te dije que soy muy fuerte.

¡Mmm!

¡"All i pebre"!

Sí, señor, me adivinaste el gusto.

¿Y eso que huele a gloria qué es?

Arroz con pollo.

¡Arroz no, maldita sea!

¡Arroz no, que es el que me está comiendo la Albufera!

Pues cómaselo usted a él y están en paz.

Lo comeré.

Voy a comer arroz por primera vez en mi vida,

pero voy a comerlo porque sé lo que voy a hacer después con él.

¿Por qué has puesto flores

en los retratos de mi mujer y de mi madre?

Por eso,

como ocuparé su lugar en la barraca,

he pensado que les gustaría.

También tienes razón.

¡Malditas sean las patas de las anguilas!

¿Quién ha puesto esos muebles en mi cuarto?

En nuestro cuarto. ¡No, señora!

Aquí durmieron mi padre y mi madre y aquí nací yo.

Aquí dormimos mi mujer y yo y aquí nació mi hijo.

Y aquí dormiremos mi marido y yo y aquí nacerá su nieto.

¡Recordones!

También tiene razón.

Supongo que, desde ahora, mi cuarto será este, ¿no?

Sí, señor.

Mañana, Tono.

Sí,

mañana.

Rosa.

También tenías razón.

(RÍEN)

Quiero que me hagas un regalo.

Claro, cuando vayamos a la ciudad.

En casa de Cañamel no hay nada para ti.

En casa de Cañamel no,

pero lo hay aquí, en El Palmar.

¿Aquí?

Muy cerca de nosotros.

He soñado siempre con ello,

pero ahora no me atrevo a decírtelo.

No por ti, no,

sino por tu padre.

¡Es tan Paloma!

Dímelo.

Quiero que cambies el nombre de tu barca.

¿Que no se llame Paloma?

Eso.

Quieres que mi barca se llame Rosa.

Sí, quiero.

El Señor, que hizo nacer en vosotros el amor,

confirme este consentimiento mutuo que habéis manifestado

ante Dios y ante la Iglesia.

¿La banda de Catarroja?

Sí.

¿Quién la ha traído? Mis ahorros.

Quería que en nuestra boda hubiese música.

Los anillos.

(Banda tocando)

¡Los anillos!

¡Que le des los anillos, hombre!

(Banda tocando)

¡Pónselo!

¡Que se lo pongas!

(Banda tocando)

Os declaro...

¡Os declaro...!

¿Queréis callaros?

¡Así se os fundan los metales!

¡Os declaro marido y mujer!

¡Ya estáis casados!

¡Podéis iros en paz!

(Banda tocando)

(Voces indistintas)

Que seáis muy felices. Gracias.

Felicidades. Gracias, alcalde.

Buen marido te llevas, Roseta. Gracias.

Tampoco se lleva él mala mujer. -No, señora,

pero en El Palmar los Paloma son los Paloma.

Y los Hueso son siempre los Hueso, alcalde.

Eso nadie lo duda. En El Palmar y en todas partes.

(Banda tocando)

Seréis Felices, Rosa.

Cuídala, Tono. Sí, señor maestro, sí.

Gracias. -Como no lo haga, le detengo.

Felicidades, pareja. -Gracias.

Gracias.

-Hombre, hola, enhorabuena.

-Que seáis felices.

-¡Tono!

Enhorabuena, Tono.

A ti también, Roseta. -Gracias.

En la taberna, está preparado el convite.

-Ah.

-Pero yo dije que trajeran la barca.

¿Qué dice?

Que mandó traer la barca. Ah.

Y dos botellas de las buenas de sidra

y un almohadón para la señora. -¿Para qué señora?

¿Para qué señora va a ser, Roseta?

Es la primera vez que me llaman así.

La barca está ahí mismo.

Yo que vosotros salía corriendo y, hala,

eso que dicen: "¡Al fin solos!".

Vamos, Tono.

Sí, vamos, vamos.

Venga, sube. Sí.

Cuidado.

¡Oh!

¡Adiós!

(HOMBRE) ¡Aprovéchate, Tono!

¡Enhorabuena!

Gracias, Boro.

(RÍE)

Ahora, tú.

(Banda sonora original)

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Cañas y barro - Capítulo 1

08 abr 2020

El tío Paloma es el más veterano de una larga estirpe de barqueros de la Albufera. Puestas en duda sus fuerzas para seguir ostentando el título de primer barquero de la zona, él y su único hijo Toni, mantienen una apuesta para ver quien cubrirá primero, en barca, las tres leguas que les separan de su pueblo. Por otro lado, y pensando en que la tradición y la saga no se pierdan con el tiempo, el viejo tío Paloma decide que Toni se case. Al día siguiente comienza, sin contar con él, a buscar entre las mozas del pueblo la mujer que, a su juicio, le conviene. Rosa, enamorada desde siempre del joven Toni, decide dar un paso al frente.

Histórico de emisiones:
12/03/2009

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  1. ISABEL NAVARRO MORA

    El emitir series y películas para entretener mientras dura el estado de alarma es una muy buena iniciativa, pero emitirlas sin subtítulos condena a la comunidad sorda y la estigmatiza, amén de menoscabar sus derechos y de no cumplir con la ley, concretamente con el Real Decreto 1494/2007, de 12 de noviembre, por el que se aprueba el Reglamento sobre las condiciones básicas para el acceso de las personas con discapacidad a las tecnologías, productos y servicios relacionados con la sociedad de la información y medios de comunicación social será buena de verdad cuando se subtitule todo lo que se emita y más si viene de un medio público como rtve. Gracias

    27 abr 2020