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En 1991, Alexander, hijo de la opositora birmana Aung San Suu Kyi, recogía en su nombre el Premio Nobel de la Paz con el que se reconocía su lucha no violenta por la democracia y los derechos humanos. En 2010, Suu Kyi cruzaba el umbral de su casa, donde había permanecido en arresto domiciliario, y viajaba a Oslo para recibir el premio en mano. Ahora, la figura de la oposición birmana recoge el Premio Sájarov del Parlamento Europeo, que también le fue concedido cuando estaba detenida.

Durante un discurso de Barack Obama sobre la reforma sanitaria, el presidente de los Estados Unidos ha interrumpido su discurso sobre sanidad para atender a una mujer embarazada y diabética que casi se desmaya. El mandatario evitó que Karmel Allison se desplomara mientras y llegó a sostenerla impidiendo su caída. "Estoy aquí, ya te tengo", dijo Obama, quien llevaba 20 minutos de discurso y, seguidamente, bromeó: "esto es lo que pasa cuando hablo demasiado". Allison, diagnosticada con diabetes a los nueve años fue invitada por la Casa Blanca para representar junto a otras personas a los estadounidenses que, como ella, no podían acceder a un seguro médico privado, antes de la reforma, por tener enfermedades crónicas.

La justicia griega ha ordenado prisión preventiva para dos personas acusadas del "secuestro" de una niña de cuatro años hallada en un campamento gitano del centro del país. La pareja alega que la menor, que no tiene su ADN, era adoptada.

Un funeral de Estado sí, pero de segunda clase. Así se podría calificar la ceremonia con la que el Gobierno italiano ha despedido a las 366 víctimas mortales del naufragio del barco de inmigrantes ocurrido el pasado día 3 en la isla italiana de Lampedusa. Dos semanas y media después de la tragedia, el funeral de Estado con el que una Italia avergonzada pretendía honrar a los muertos no ha hecho más que recibir críticas. En la ceremonia, que ha empezado con 40 minutos de retraso no había féretros, pues casi la totalidad de cadáveres recuperados del mar han sido ya sepultados, ni familiares, ni ha asistido el primer ministro Enrico Letta.

Un funeral de Estado sí, pero de segunda clase. Así se podría calificar la ceremonia con la que el Gobierno italiano ha despedido a las 366 víctimas mortales del naufragio del barco de inmigrantes ocurrido el pasado día 3 en la isla italiana de Lampedusa.