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Kenia, una de las mayores potencias africanas, recibe con los brazos abiertos a Barack Obama. El país de su padre- al que solo vio una vez en su vida- es junto a Etiopia los destinos elegidos para su cuarto viaje a África desde que llegó al poder en 2009.

El control de armas sigue entre los asuntos pendientes del presidente Obama, que hoy viaja al país de origen de su familia. Bienvenido a Kogelo, señor Obama, la aldea donde está enterrado su padre, donde la escuela y casi todos los alumnos llevan su nombre...la aldea en la que aún vive su abuela Sarah, a la que usted apenas conoce y cuyos habitantes lamentan que hasta ahora no haya visitado Kenia. Cuando Obama aterrice esta noche en Nairobi, una ciudad completamente blindada, iniciará un viaje que este hijo de keniano ha evitado hasta ahora para no sembrar dudas sobre su nacionalidad y para no hacerse la foto con el presidente Uhuru Kenyatta, a quien la corte penal internacional acaba de levantar la imputación por la muerte de miles de personas tras las elecciones de 2007.

Suleika cree que está viva gracias a un milagro. Es de Somalia, un país sumido en una guerra eterna. Primero fueron sus 4 hijos menores quienes huyeron solos y llegaron vivos a Kenia. Suleika también logró escapar, junto al resto de sus hijos pequeños. Y consiguió llegar hasta nuestro país con todos ellos, gracias a la Embajada de España en Kenia, a ACNUR y a CEAR. Pero la realidad es que son muchas más las historias con un final trágico. Desde el año 2000, 22.000 han perdido la vida ahogadas en lo que se ha convertido en el mayor éxodo de refugiados después de la Segunda Guerra Mundial. Ya son 55 millones de personas las que han huido, una situación agravada por los conflictos de Siria, Iraq o el norte de África.

  

En la morgue de Nairobi sigue la lenta identificación de los cadáveres, cinco días después de la matanza. Centenares de estudiantes kenianos se han manifestado con tanta ira como consternación. Reclaman más seguridad y acusan al gobierno de no haber tomado suficientes medidas y haber reaccionado con lentitud. Las fuerzas especiales tardaron siete horas en llegar a la universidad de Garissa, a 365 kilometres de Nairobi. Al Shabab asaltó el campus a las cinco de la mañana. Los estudiantes dormían o se acababan de levantar. Mataron a 142 alumnos, tres policías y tres soldados. El presidente Kenyatta prometió represalias y ayer la aviación bombardeó la región fronteriza de Gedo. Según el gobierno, destruyeron dos bases de Al-Shabab. No es la primera vez que Kenia bombardea posiciones yihadistas en Somalia.