Más de medio siglo después de la llegada del primer hombre a la Luna, las grandes potencias vuelven a poner sus ojos en el satélite y sus recursos naturales. Una carrera espacial con más competidores que en la Guerra Fría. China acaba de lanzar su misión más ambiciosa y compleja: una sonda robótica dirigida a la cara oculta de la Luna. Pretende recoger, por primera vez, muestras en esa parte del satélite terrestre, que nunca se ve desde la Tierra y donde podría haber importantes recursos minerales. Es un paso decisivo en la carrera espacial del gigante asiático, que comenzó en 2007, y amenaza la tradicional hegemonía de Rusia y Estados Unidos.
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