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(Entrevista de Manuel Sollo). "Este es un amor difícil de vivir y fácil de matar". "Me amó lo suficiente, me recuerdo feliz". Entre ambos versos afloran Polonia, causante de una ruptura sentimental labrada en el dolor y la derrota, el inesperado fallecimiento de un amigo de la infancia, la lenta agonía y la postrera muerte de la mujer que dio sentido a una vida. Estas tres experiencias íntimas desataron la necesidad de escribir de Esteban Beltrán, que trató de conjurar cada terremoto en los versos de "La jodida intensidad de vivir" (Vaso Roto), treinta años después de su primer poemario. Lo integran cuarenta poemas y cinco textos de un "cuaderno desvergonzado" que, en prosa, hilan los temas a modo de novela o diario. Con un cuidado lenguaje descarnado, el autor se despoja de retórica para expresar una pasión incendiaria que deriva en locura y amenaza de suicido, trata de asir los recuerdos de la niñez y aliviar la orfandad de la pérdida, cuando la propia vida te deja al filo de las últimas voluntades. De todo ello dialogamos con este veterano defensor de los derechos humanos, director de Amnistía Internacional en España, que se ve incapaz de escribir poesía social.

El sindicato CC.OO. ha denunciado a una aceitera de Lucena (Córdoba) por discriminación por razón de género al no abonar a sus empleadas atrasos alegando que en el convenio se "habla de trabajadores pero no de trabajadoras". La consejera de Igualdad de la Junta de Andalucía, María José Sánchez Rubio, ha tildado de "absolutamente vergonzoso" que una empresa utilice una "justificación tan burda" para "lesionar" los derechos de las trabajadoras.