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Feminismo

"Quienes nos previenen contra viajar solas o nunca lo han hecho o no son mujeres"

  • Tres mujeres explican a RTVE.es cómo se puede viajar sola y sin miedo
  • Coinciden en el crecimiento personal y el empoderamiento feminista de hacerlo
  • Y dan algunas claves para hacerlo con poco dinero

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Aurora Boreal
Fotografía cedida por Cristina E. Lozano en la que aparece ella disfrutando de la aurora boreal en Tromso, Noruega.

“No salgas sola de noche”, “no te arregles demasiado si vas a ir a tal sitio”, “que te acompañe un amigo hasta casa cuando vuelvas”... Son tantas las frases que una mujer escucha a lo largo de su vida de sus seres más queridos que el miedo acaba formando parte de su día a día. Y cuando una de ellas los afronta y decide viajar sola al extranjero, saltan todas las alarmas a su alrededor o la llaman “loca”.

Con el verano y las vacaciones a la vuelta de la esquina para muchos, RTVE.es habla con tres viajeras que han recorrido parte del mundo por su cuenta y dan algunos consejos para aquellas que quieren seguir su ejemplo, bien sea por decisión propia o porque no encuentran con quién viajar.

Una de ellas es Cristina E. Lozano, creadora del blog Viaja en mi mochila. Recuerda que, cuando le dijo a su familia que se iba a ir a Tailandia durante tres meses, sus padres intentaron convencerla de lo contrario ofreciéndole reembolsarle el billete de avión, que ya había comprado.

Elegir un viaje corto o con conocidos cerca del destino

Ella misma reconoce que, antes de ir, “tenía un miedo exagerado” a que sufriera problemas de salud, “a que te puedan violar o atracar” y a no tener a nadie cerca si pasaba algo. Para Cristina, una ayuda cuando se empieza a viajar sola es tener un contacto en el país o un conocido que se encuentre cerca del destino. Así, cuando llegó a Bangkok, una amiga tailandesa la recogió en el aeropuerto y la orientó en su viaje. “Me quitó muchísimos miedos”.

Desde entonces, ha recorrido gran parte del mundo tras aprender que “con sentido común y cabeza se puede llegar prácticamente a cualquier sitio” y que “hay más gente buena que mala en el mundo”. Sin embargo, reconoce: "Si hay algún país que me diera mucho miedo, iría con gente o ni siquiera iría”.

Otra bloguera, Andrea Bergareche -Lápiz Nómada-, aconseja a aquellas mujeres que se ven inseguras a realizar “una prueba piloto” de entre diez días y un mes. Pero el primer viaje de ella es muy diferente: recorrió siete países de Sudamérica en siete meses durante 2015 y decidió contar su experiencia en el libro Mi primer viaje sola.

Cómprate el vuelo, aunque sea en caliente y sin reflexionar, pero que te obligue a viajar

Además de los miedos mencionados por Cristina, Andrea añade el que tienen muchas mujeres de sentirse solas, pero asegura que “en realidad, viajando casi siempre vas acompañada” por personas que conoces en el camino. Para quitárselos todos de golpe, aconseja “que se compren el vuelo, aunque sea en caliente y sin reflexionar, pero que te obligue de alguna forma a salir de viaje, porque una vez se toma la decisión, todo va mucho más rodado”.

Elisa Coll, creadora del blog Revolution on the Road y responsable del taller ‘Viajar sola sin miedo y sin dinero’, recomienda además informarse antes de realizar un viaje en “fuentes con perspectiva feminista” como Nomadwiki, además de localizar las organizaciones feministas de los sitios donde va. Y recuerda que “al final, quienes nos previenen contra viajar solas son personas que, o nunca lo han hecho, o no son mujeres ni han vivido nada parecido”.

Viajar segura: seguir el instinto y saber decir ‘no’

Pero por más que se planifique un viaje, no es posible saber a lo que alguien se enfrenta hasta que no llega a su destino. Por ejemplo, es probable que, al llegar a una ciudad extranjera, aparezcan personas que, aparentemente, intentan ayudar, pero no siempre son lo que parecen.

Si te hablan español en un país muy lejano… esos han aprendido latín para venderte lo que sea

“Si te hablan español en un país muy lejano… esos han aprendido latín para venderte lo que sea”, expone Cristina, que reconoce que “a no ser que esté desesperada”, procura rechazar la ayuda, y anima a la gente “a que diga que no y que esté muy alerta” si no se siente cómoda. Aunque reconoce que en muchas ocasiones conoce gente agradable y generosa.

Cristina E. Lozano durante su viaje a la India

Cristina E. Lozano durante su viaje a la India noticias

Si hace falta, insiste, “es mejor pecar de borde que ser muy simpática y que te la cuelen”, y añade: “Lo más importante cuando llegas a un sitio es observar mucho cómo son las cosas, cuánto cuestan, cómo es la ciudad,el ambiente, cómo se relaciona la gente”.

Las tres viajeras coinciden en la importancia de seguir el instinto cuando algo, aunque sea irracional, indique que algo va mal. “Hay que hacerle muchísimo caso, es una herramienta muy potente a la hora de viajar”, explica Andrea. “Si alguien te trata de ayudar pero es turbio, no deja todo claro o te quiere llevar a una zona, a otra cosa”, añade.

Autostop para mochileras

Por ejemplo, a la hora de decidir hacer autostop, algo que ella hace frecuentemente y por lo que se decantan muchos mochileros, la reacción para decidir subirse o no subirse a un coche que para es “muy rápida”, por lo que si finalmente uno sube y se intuye algo extraño, “hay que hacer caso a eso”, poner una excusa para bajar como un “dolor de tripa” o que “has quedado con alguien”.

Parar coches por la carretera fue uno de sus principales transportes durante los siete meses que viajó por Sudamérica. Para hacerlo con seguridad, recomienda evitar viajar de noche, buscar un sitio donde los coches puedan pasar despacio y frenar y que a su vez haya “cosas alrededor, como una gasolinera, un peaje o que sea la salida de un pueblo, pero que no vayas sola en medio de la nada”. Andrea, que además se dedica a dar charlas, incluye en su página web un apartado completo para viajar haciendo autostop con seguridad.

Andrea con un grupo de camioneros en Colombia tras hacer autostop; la invitaron a comer

Andrea con un grupo de camioneros en Colombia tras hacer autostop; la invitaron a comer Fotografía cedida por Andrea Bergareche

Cristina no es tan partidaria de ‘hacer dedo’ como Andrea, algo que le da “mucho respeto” y que ha hecho “pocas veces”, pero reconoce que puede ser una “experiencia enriquecedora y divertida”. Cuando lo ha hecho, recuerda, “ha sido para distancias enanas y siempre conducía una mujer”, y mejor si “iba con una amiga o amigo”.

Además de saber decir que ‘no’ y de seguir el instinto, Elisa aconseja “entrar en contacto con la autodefensa feminista”, porque además de entrenar físicamente, “te enseñan a quitar ese bloqueo que muchas veces sufrimos las mujeres cuando somos agredidas y quedamos en shock”.

¿Se puede salir a bailar o tapear?

Pero no todo son riesgos, también hay que aprender a disfrutar sola por los países donde una va. Cristina reconoce, por ejemplo, que al principio le daba “nosequé” ir a comer sola o tomarse algo en un sitio, pero ahora reconoce que está “muy cómoda”: “Me gusta el sitio y entro, disfrutas de un libro, hablas por el móvil, tienes una vista preciosa o es una terraza muy chula”.

Salir de fiesta, sin embargo, es lo que más se le resiste “a no ser que conozca a alguien en el hotel”. Pero le gusta bailar salsa, y “en todas las ciudades que vas hay normalmente una comunidad de baile latino donde puedes encontrar fiestas y enseguida llegas y te sacan a bailar, conoces gente y haces amigos”.

Andrea confía en aplicaciones como Couchsurfing, diseñada para conocer gente local en cada parte del mundo y salir con ellos a divertirse o a que ayuden como guías en algún sitio. Y, si no, recomienda “echarle morro, presentarte a un grupo que te caiga bien; si son majos, te van a adoptar durante ese rato”.

Viajar con poco dinero

El miedo a quedarse sin dinero es otro de los grandes temores para personas que deciden viajar, especialmente si no se cuenta con un billete de vuelta.

El viaje que Andrea emprendió por Sudamérica iba a durar dos meses y se prolongó cinco más. Tras comprar el billete de ida, en la cuenta le quedaban 1.000 euros, con los que tenía que comprar el billete de vuelta. Su presupuesto era tan sólo de 6-8 euros diarios: “Me gastaba 0 euros en transporte y en alojamiento, tan sólo gastaba en comida y cerveza de vez en cuando”.

Para que esto sea posible, ejerció otra de sus profesiones, la de tatuadora, a viajeros en el camino. También hizo voluntariado en sitios donde se quedaba alguna temporada, donde tenía alojamiento y comida gratis.

Elisa, además de practicar autostop para viajar, explica que “hay muchas páginas webs que ponen en contacto a los viajeros con anfitriones que ofrecen su casa de forma gratuita”. también se puede acampar e informarse de aquellos supermercados que “a cierta hora sacan la comida que no van a vender al día siguiente, pero que está en perfecto estado”.

Cristina añade que también hay plataformas con ofertas para cuidar de la casa, las plantas o las mascotas cuando alguien local se va de vacaciones, como Workaway.

El resultado: mujeres empoderadas

“He aprendido que puedo hacer prácticamente cualquier cosa que yo quiera, viajar me ha empoderado muchísimo”, celebra Cristina, que recuerda un viaje que hizo sola en coche desde Santander a Noruega y critica el tópico de que las mujeres conducen mal.

Andrea también ha descubierto las ventajas de viajar sola: “La libertad que te da, sin preguntar a nadie para tomar decisiones sino seguir tus propios deseos. Eso te da muchísimo conocimiento personal, viajar sola es una gran herramienta de autoconocimiento”.

Elisa descubrió en su viaje por EE.UU. la importancia de “enterarte de lo que ocurre en los sitios donde vas y ver cuál es tu lugar como viajera, entender lo que le pasa a la gente más allá de los lugares que veas o la comida que comas”.

En mitad de su viaje, un juez absolvió al responsable del tiroteo injustificado a un hombre negro, lo que generó una ola de movilizaciones por todo el país al que Elisa decidió sumarse.

Desde entonces, es “muy consciente” de que por el hecho de ser una mujer blanca y con pasaporte europeo tiene “una cantidad de privilegios brutal, empezando por el de viajar por opción y no por obligación”.

Y termina añadiendo que es importante ser consciente porque “podemos impactar de forma muy negativa a los lugares donde viajamos”, para lo que pone de ejemplo la “turistificación y gentrificación” en Madrid.