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Mariano Sigman: "Las grandes decisiones de la vida conviene delegarlas al inconsciente"

  • El prestigioso neurocientífico publica un nuevo libro sobre la mente humana
  • "Nuestro cerebro no es lo más importante de la naturaleza", asegura
  • "Es casi seguro que el Proyecto Cerebro Humano va a fracasar", advierte

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El neurocientífico argentino Mariano Sigman.
El neurocientífico argentino Mariano Sigman.

Comprender al ser humano es comprender cómo funciona su mente. Desentrañar los mecanismos de su cerebro, esa poderosísima herramienta donde se producen billones de conexiones neuronales. Es introducirse en ese espacio donde se alojan los pensamientos, los sueños, el amor, el odio, las decisiones... Allí donde se desarrolla la consciencia, y también donde de una manera tan sutil como poderosa se despliega la inconsciencia.

Mariano Sigman, uno de los neurocientíficos de mayor prestigio internacional, ha dedicado toda su vida a intentar descifrar los mecanismos que gobiernan el funcionamiento de nuestro cerebro. Es uno de los directores de Human Brain Project, el proyecto más importante para emular artificialmente el cerebro humano, con el que se muestra muy crítico.

En su último libro, La vida secreta de la mente, Sigman propone a los lectores un nuevo viaje al interior de sí mismos. Un ejercicio de minería intelectual para intentar acceder a lo más profundo del cerebro, allí donde tal vez resida el secreto de la esencia humana.

PREGUNTA: ¿Es posible desvelar la vida secreta de la mente?

RESPUESTA: Sí. Es posible conocer los secretos de la vida de la mente, aunque probablemente no podamos conocerlos todos. De hecho, todos indagamos en los secretos de la mente propia y ajena. Todos guardamos secretos para los otros y todos tratamos de descubrir los secretos que guardan para nosotros. De alguna manera, lo que he hecho es convertir esto en un oficio.

Mi trabajo es tratar de ver aquellas cosas de nosotros mismos que quedan escondidas, no solo hacia los otros sino hacia nosotros mismos. Hablo de cosas que nos definen, que nos constituyen, y que son el inconsciente. Hay muchas maneras de hacerlo. Algunas sencillas, como mirar los gestos, el tono, las palabras dichas, las palabras no dichas… Y otras más sofisticadas, como meterse dentro del cerebro y ver qué actividad cerebral se corresponde con qué estados mentales.

P: ¿Cómo podría influir en la vida cotidiana del ser humano el comprender los mecanismos de su cerebro?

R: En muchos sentidos. Para comprenderlo, yo siempre pongo la metáfora del entrenamiento físico, que hoy es mejor que hace un siglo. La gente corre mucho más rápido, salta más alto, lanza más lejos la jabalina… Y eso es porque hemos descubierto cosas del cuerpo. Hemos descubierto cómo tener una mejor nutrición, porque sabemos cómo el cuerpo procesa la energía, cómo la metaboliza… Sabemos cómo funciona el músculo, y por lo tanto podemos saber cómo entrenarlo, cómo no lastimarlo... De la misma manera, conocer el cerebro nos permite entender mejor cuáles son los límites de lo que podemos hacer y de lo que no podemos hacer, y cómo encontrar un camino para lograr de la manera más efectiva lo que nos proponemos.

Conocer el cerebro nos permite encontrar un camino para lograr de la manera más efectiva lo que nos proponemos.

P: ¿Algún ámbito en concreto?

R: En general, conocer el cerebro y conocer lo que el cerebro produce, que es el pensamiento, es una manera de entender cómo funcionamos, y así poder transformarnos mejor; aprender mejor. Esencialmente, en cada dominio; en el aprendizaje, en las decisiones, en el sueño… Si sabemos cómo el cerebro se duerme y cuál es el mecanismo por el cuál se duerme, podemos armar mejores maneras de dormirnos. Si entendemos cómo el cerebro se despierta podemos armar mejores despertadores… En cualquier faceta del cerebro, conocer su mecánica, cómo funciona, nos permite mejorarla.

P: En las decisiones siempre hay un componente racional y otro emocional ¿Hay alguna manera de saber distinguir en qué momentos debemos guiar nuestras decisiones por la razón y en qué otros por la emoción?

R: Lo importante es entender que las intuiciones y las corazonadas, lo que uno siente, es un proceso de deliberación bastante parecido a las decisiones racionales, solo que funcionan en el inconsciente. Y el inconsciente hace algunas cosas bastante bien y otras bastante mal. Es bastante bueno para manejar mucha información, cuando hay una sobrecarga que no la podemos tener en la conciencia (que es bastante limitada). El inconsciente tiene la capacidad de mirar muchas cosas al mismo tiempo, pero lo hace con menos precisión y resolución.

Entonces, si son decisiones que entran en la conciencia, porque son pequeñas, conviene calcularlas y hacerlas con la precisión de la conciencia. Pero las grandes decisiones de la vida conviene delegarlas al inconsciente.

La educación es lo que nos define como sociedad, y tiene un impacto social probablemente como ninguna otra experiencia humana.

P: ¿Cuáles son los principales retos que tiene por delante la neurociencia?

R: Para mí, el principal reto es pensar cómo todo lo que hemos aprendido del cerebro puede servir para mejorar la educación, que es uno de los problemas más urgentes en toda sociedad. La educación es lo que nos define como sociedad. Es algo por lo que pasan todos los jóvenes. Y me refiero tanto a la educación dentro del colegio como fuera de él. Y tiene un impacto social probablemente como ninguna otra experiencia humana. Y la neurociencia está directamente relacionada con eso, porque en el aula lo que se hace es transformar el cerebro, educar el cerebro.

P: ¿Hay algún mecanismo en la naturaleza que se pueda comparar por su potencial y complejidad al cerebro humano?

R: Sí. Quizá el cerebro de los delfines no sea mucho menos poderoso que el cerebro humano, por poner un ejemplo concreto. Tiene un potencial parecido, solo que los delfines viven en un medio en el cual ese potencial no resuena tanto con las habilidades que tiene. Nosotros tenemos el potencial para hacer herramientas y vivimos en un nicho en el cuál podemos desarrollarlas, porque hay materiales con los que podemos trabajar…

Para los delfines en el agua probablemente sea más difícil construir casas, ciudades, hacer herramientas, tecnología… Quizá también el lenguaje sea más fácil expresarlo en un medio como el aire, donde el sonido se propaga más fácilmente, que en el agua. La idea de que el cerebro humano es lo más importante y complejo de la naturaleza, este “cerebrocentrismo”, yo no la comparto.

P: Eres uno de los directores del proyecto internacional más importante para emular el funcionamiento del cerebro humano mediante supercomputación. ¿Cree que se logrará?

R: Es muy difícil saber hasta dónde va a llegar este proyecto. Emula el proyecto Genoma Humano, que fue un éxito. Pero yo pienso que es muy difícil que suceda lo mismo con Human Brain Project -proyecto Cerebro Humano, en español-.

Genoma Humano estaba claro dónde había que llegar, aunque era muy difícil hacerlo. El proyecto Cerebro Humano es mucho más ambiguo. Queremos replicar el cerebro humano pero no sabemos qué es aquello que queremos replicar. Tal y como está, yo creo que es casi seguro que va a fracasar, por lo menos en ese sentido.

P: En tu libro dedicas un capítulo a la conciencia, donde hablas de Freud... ¿Hasta qué punto estamos dominados por nuestro inconsciente? ¿Qué opinas del psicoanálisis?

R: Lo que planteo en mi libro es que el consciente es casi una ilusión. Estamos completamente dominados por nuestro inconsciente. No hay casi ninguna decisión que no empiece en el inconsciente. Después nosotros las reconocemos como conscientes si pensamos que son decisiones conscientes, pero esa decisión comenzó en algún lugar del inconsciente. Creo que todas las pulsiones humanas, las motivaciones, las razones por las cuales nos levantamos y vamos a trabajar son inconscientes, aunque después nosotros le atribuimos consciencia. Estamos gobernados por el inconsciente.

El consciente es casi una ilusión. Estamos completamente dominados por nuestro inconsciente.

Respecto a la relación con el psicoanálisis, la neurociencia es una disciplina que adolece de teoría. Tiene un montón de conocimiento enciclopédico, desagregado, pero no tiene un cuerpo teórico, a diferencia de la genética, la física, la química… A mí me gusta pensar que gente como Freud son los teóricos de la neurociencia. Yo considero a Freud como un punto de partida.

P: ¿Realmente el sexo es tan determinante en el inconsciente y en nuestro cerebro?

R: Desde el punto de vista de la neurociencia, el cerebro es una máquina que básicamente trata de producir dopamina. Dawkins tenía su idea del gen egoísta, como una máquina que trata de autorreplicarse. Yo creo que el cerebro es una máquina que hace lo que puede para conseguir dopamina. Busca sexo, chocolate, cocaína, muchos seguidores en Twitter… Sin duda que el sexo es una de las fuentes primarias para lograr dopamina, pero no creo que sea el centro de toda la psiquis humana.

P: ¿Por qué tiene la mente humana una tendencia tan fuerte hacia la fantasía y el mito, muchas veces por encima de la realidad?

R: Nuestro cerebro es una máquina de conjeturar. Está todo el tiempo estableciendo conjeturas y eso evolutivamente puede ser que tenga sentido porque es la virtud del ser humano, la capacidad de extraer reglas de datos muy escasos. Pero eso también hace que uno también cuando encuentra algo que es inexplicable, como las casualidades o la muerte, construya reglas para que expliquen esa regularidad que se nos escapa. Es al mismo tiempo la virtud y el karma del pensamiento humano.