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La duquesa de Alba, o la nobleza que no obliga
Muere la duquesa de Alba

La duquesa de Alba, o la nobleza que no obliga

  • Cayetana de Alba fue la noble con más títulos del mundo y la más popular

  • Fue durante décadas la figura social más relevante de España

  • Su nombre se identifica con una vida independiente y llena de glamour

  • Su patrimonio, salpicado por todo el país, se valora en casi 3.000 millones

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Cayetana Fitz-James Stuart (Madrid, 1926 - Sevilla, 2014), la duquesa de Alba, no fue una figura cualquiera, aunque para muchos españoles hoy, los millennials nacidos en las últimas tres décadas, pueda parecer un personaje irreal, carne de caricatura, casi de ficción si nos quedamos con uno de sus últimos ‘títulos’: el de uno de los famosos con estilo más original de 2010 -según la revista Vanity Fair-, justo por detrás de Lady Gaga.

Nada más lejos de la realidad de quien ha sido la aristócrata contemporánea más importante del mundo, blasón de una familia más antigua que el descubrimiento de América, el principal icono de lo que queda de nobleza en España, matriarca de una de las cuatro principales casas de nuestro país (junto a Medinaceli, Medina Sidonia y Osuna) y la de mayor fortuna de todas ellas.

La única hija de Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, duque de Alba y de Berwick, y María del Rosario de Silva y Gurtabay, marquesa de San Vicente del Barco, fue la XVIII duquesa de Alba de Tormes y XI duquesa de Berwick, Grande de España (la máxima distinción de la nobleza española), no una sino hasta 18 veces (tantas como ducados, condado-ducados, marquesados, condados y vizcondados acumuló), poseedora de medio centenar de títulos nobiliarios, la noble con mas títulos del planeta, más que los reyes. El principal, el de la jefatura de la Casa de Alba, pasará ahora a su primogénito Carlos, duque de Huéscar, el mayor de sus seis hijos.

Nada fue vulgar en la vida de una mujer atendida tras su nacimiento por el doctor Gregorio Marañón, bautizada en la capilla del Palacio Real de Madrid con los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia como padrinos y que aprendió a bailar flamenco con Pastora Imperio y Enrique el Cojo.

Sin duda, muchas cosas fueron hiperbólicas en la vida de Cayetana de Alba, ‘Tanuca’ para los más cercanos, diminutivo familiar de uno de sus ¡18! nombres de pila (María del Rosario Cayetana Paloma Alfonsa Victoria Eugenia Fernanda Teresa Francisca de Paula Lourdes Antonia Josefa Fausta Rita Castor Dorotea Santa Esperanza Fitz-James Stuart y de Silva Falcó y Gurtubay).

Una infancia con tragedia y épica

Recordada como una mujer popular, con desparpajo y que, por encima de todo, supo vivir intensamente según su propio libreto, no toda su biografía está cuajada de vino y rosas. Su madre murió de tuberculosis cuando ella tenía seis años, así que apenas tuvo contacto con ella, criada entre su institutriz y su abuela, por lo que siempre estuvo muy apegada a su padre, un hombre distante y severo pero que le inculcó el amor por el arte.

La duquesa de Alba, la aristócrata 'rebelde'

Antes de que fuera presentada en sociedad -contaba que el propio Franco quiso que su puesta de largo fuera también la de su hija-, la niña Cayetana vivió el exilio en París tras la llegada de la República, pasó la guerra civil en Sevilla y la Segunda Guerra Mundial en Londres, donde su padre fue nombrado embajador de España -Churchill y él eran primos- y donde ella se hizo amiga de la futura Isabel II, entonces princesa de York.

Madrileña de nacimiento, los hitos más importantes de su vida los pasó en Sevilla. Allí se casó con Luis Martínez de Irujo, hijo de los duques de Sotomayor, su primer marido, con el que tuvo a sus seis hijos (Carlos, Alfonso, Jacobo, Fernando, Cayetano y Eugenia). En Sevilla tiene una plaza, una estatua y es hija adoptiva de la capital andaluza desde 1968. De la feria sevillana era conocida asidua y su peculiar modo de bailar el flamenco era una de las postales típicas de las casetas de la Feria de Abril.

Cayetana Fitz-James Stuart se confesaba la más sevillana y la más andaluza de su estirpe

'Celebrities', alta costura y ropa de mercadillo

Con el título de duquesa de Alba, recibido en 1953, Cayetana Fitz-James se convirtió en uno de los personajes más activos de la vida social: fue anfitriona de Jacqueline Kennedy y de Gracia de Mónaco, de Ava Gardner y de Yul Brynner, de Maria Callas y de Yehudi Menuhin. Amiga de Victorio y Lucchino, también se hacía fotos con Tom Cruise en la última 'premiere' de Misión imposible o con David Bisbal después de un concierto en Madrid. Era una 'celebrity' ecléctica.

La duquesa de Alba, Grace Kelly y Jackie Kennedy en la Feria de Abril

Con la moda se comportaba igual, es decir, como le daba la gana. En su juventud vestía modelos de Balenciaga y abrió las puertas de su palacio madrileño para un desfile de modelos de Christian Dior. Claro que también compraba ropa y abalorios en mercadillos y le daba por igual a los leggins que a la mantilla, organizaba corridas de toros, fiestas en palacio y espectáculos flamencos. Era del Betis, al que siguió en la final de Copa del Rey que jugó en 2005. La crónica de sociedad siempre pululó alrededor de lo que llevara el apellido de los Alba, para bien y para mal.

Políticamente más próxima al PSOE que al PP, congenió mejor con Felipe González que con José María Aznar, aunque le rechazó al primero la embajada en Bonn que le ofreció en los ochenta a su segundo marido, Jesús Aguirre, y decía de Zapatero que "si con este presidente no estuviera el rey... no lo quiero ni pensar".

Si algo no fue la duquesa de Alba fue una reprimida. "Yo siempre fui una chica muy alegre y divertida, con mucho éxito con los hombres. No porque fuera duquesa”, rememoraba una mujer a la que se le atribuyeron amoríos con bailarines y toreros y a la que sus amigas llamaban ‘la Bombilla’ “por la cantidad de moscas y moscones que tenía alrededor”.

La aristócrata que se casó con un cura

En 1972 murió su marido, víctima de la leucemia, y seis años más tarde la duquesa viuda contrajo segundas nupcias con Jesús Aguirre, un exjesuita, en aquella época director general de Música, confesor de la duquesa e hijo de madre soltera, once años menor que ella. Todo un escándalo que una aristócrata se casara con un clérigo, pero Cayetana siempre hacía lo que quería.

Fue el nuevo duque consorte el que se hizo cargo de los asuntos económicos y culturales de la Casa de Alba y el creador de su fundación, hasta su muerte en 2001.

Unos cuantos años después, en 2008, una duquesa ya octogenaria empezó una relación con un amigo de su marido, Alfonso Díez Carabantes, 24 años menor que ella, ampliamente seguida por los medios y a la que inicialmente se opusieron sus hijos.

La mañana de La 1 - Confesiones de la duquesa

Aunque en un principio negó que se volviera a casar, Cayetana celebró su tercer matrimonio en octubre de 2011 en el palacio de Dueñas, en Sevilla. Nada amiga de convencionalismos, no solo se casó a los 85 años sino que montó una luna de miel a Tailandia -poca cosa si se compara con los seis meses de viaje de novios de su primer enlace, la boda más cara del mundo, que costó 20 millones de pesetas- y se dispuso a publicar sus memorias, escritas en primera persona.

Corazón - El Palacio de las Dueñas, lugar favorito de doña Cayetana

No solo títulos, un patrimonio de cinco siglos

Cayetana de Alba fue hija única y heredó toda la fortuna de su apellido, un legado de cinco siglos difícil de cuantificar, y que se calcula en 2.800 millones de euros, la novena fortuna de España.

La fortuna de la duquesa de Alba, la novena de España

La duquesa de Alba no solo cuenta con títulos, sino con una larga lista de propiedades. Destacan entre ellas los palacios: el de Liria (Madrid), Dueñas (Sevilla), Monterrey (Salmanca), una casa en Ibiza y otra en Arbaizenea (San Sebastián), donde quiso secuestrarla ETA; y, cómo no, los castillos, como el de los duques de Alba en Alba de Tormes.

Las mañanas de RNE - La duquesa de Alba, el icono más popular de la aristocracia española

Propietaria de grandes extensiones de olivares, cortijos y haciendas, hace bueno el aforismo de que podría cruzar la península de sur a norte sin abandonar sus tierras, un total de 34.000 hectáreas, más o menos la mitad de Menorca. Eminente terrateniente, beneficiaria destacada de las ayudas agrícolas de la UE, no ha dejado precisamente por eso de tener problemas con la administración, con los agricultores a su servicio y con los sindicatos.

El arte de la duquesa

Cayetana de Alba fue también promotora del arte, trabajó activamente por la conservación del patrimonio cultural español, y ella misma, muy aficionada a la pintura, fue retratada por Ignacio Zuloaga y esculpida por Mariano Benlliure. En su colección figuran un Picasso, la ‘Cayetana’ de Goya (24 millones de euros vale este retrato de familia), un Fra Angelico y un Giovanni Bellini.

Así mismo fue ella la impulsora, en su juventud, de la reconstrucción del Palacio de Liria, arrasado por un bombardeo en 1936 del que tuvo noticia desde Londres, un empeño en el que invirtió buena parte de la fortuna familiar.

Su biblioteca, valorada en más de 20 millones de euros, tiene más de 30.000 volúmenes y esconde tesoros únicos, como 21 cartas autógrafas de Cristóbal Colón, una primera edición de El Quijote (1605) y la primera Biblia en castellano, un ejemplar del año 1433 valorado en unos 2,5 millones de euros.

Antes de casarse con Alfonso Díez, y para poder hacerlo, la duquesa hizo donación a sus hijos de su herencia personal e histórica y se convirtió en usufructuaria de su propio legado. La vida de Cayetana se habrá apagado, pero la duquesa de Alba, una Grande de España en sentido literal, pervive en su patrimonio cultural.

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