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Tahrir: Misma celebración; motivos opuestos

  • Consulta en esta fotografía interactiva las similitudes entre 2011 y 2013
  • Los manifestantes hablan de  aprender de los "errores" del pasado
  • Cayó Mubarak y cayó Morsi, pero el ejército se mantiene al frente

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Entre la noche del 11 de febrero de 2011 y la del 3 de julio de 2013 han pasado no pocas cosas: el desmembramiento del régimen de Hosni Mubarak, el juicio contra él y sus familiares, la celebración de las primeras elecciones democráticas y la llegada de los Hermanos Musulmanes al poder.

Sin embargo, las escenas vividas en la plaza Tahrir de El Cairo en ambas fechas son tan parecidas como dos gotas de agua, pese a que fuera de Egipto la primera fecha se ve como la emblemática del triunfo de las revueltas árabes y la segunda como la del enésimo golpe de estado militar. La clave, para bien o para mal, está en una frase repetida por la multitud enfervorecida tanto esta semana como hace dos años: "El ejército y el pueblo son uno".

Tahrir propone...

Cuando el 25 de enero de 2011 una protesta convocada a través de redes sociales por grupos de jóvenes como el Movimiento 6 de abril para emular a la revuelta tunecina se convierte en una 'sentada global' retransmitida por la emisora cataría Al Yazira, la plaza Tahrir se convierte en epicentro de la información mundial.

Periodistas de todo el mundo acuden a la plaza, símbolo de la liberación de todo el mundo árabe, donde el paso de los días va minando poco a poco al régimen de Hosni Mubarak, que se resquebraja por primera vez en 30 años.

La respuesta violenta del partido único frente al clamor de los jóvenes hace ver a la tradicional fuerza opositora de Mubarak, los Hermanos Musulmanes, que aunque no compartan parte de los motivos de esa revuelta de jóvenes, es la oportunidad que han esperado durante décadas para hacerse con el poder.

Tras 21 días de tensiones, con un Mubarak visiblemente enfermo rebelándose como gato panza arriba, el 'rais' termina cediendo el poder cuando se ve abandonado por su principal sostén, el ejército.

...Y el ejército dispone

Así, el 11 de febrero Tahrir se convierte en una celebración mundial del triunfo de la revuelta árabe, con el pequeño inconveniente de que el cambio 'pacífico' ha sido facilitado por los militares.

Pronto, la plaza vuelve a convertirse en escenario de nuevas manifestaciones, primero contra la junta militar por resistirse a dejar el poder y prolongar el calendario de transición y luego contra el gobierno de los Hermanos Musulmanes por imponer una agenda que a la postre ha propiciado su caída.

Mientras tanto, fuera de Tahrir se juega una partido de ajedrez que tendrá su resonancia en la calle. Los militares y el poder judicial disuelven el parlamento que ha dado una aplastante mayoría a islamistas y salafistas, a lo que la Hermandad responde con masivas manifestaciones.

Luego, el agónico recuento electoral que trae la victoria del islamista Mohamed Morsi, que pronto releva a la cúpula militar liderada por el mariscal Tantaui en una decisión aplaudida incluso desde sectores laicos.

Fue la primera y única vez que logró un apoyo popular más allá de sus partidarios islamistas, incapaz de convencer a una oposición laica y cristiana que entró en cólera cuando blindó el pasado noviembre sus poderes presidenciales.

Empieza entonces una nueva oleada de manifestaciones que ha ido desgastando, poco a poco, al primer presidente egipcio elegido democráticamente, contestado día sí y día también de nuevo en la plaza Tahrir, cuyos deseos se han hecho realidad, de nuevo, de mano de las fuerzas armadas.

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