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El telescopio espacial Planck, lanzado para estudiar la radiación de fondo de microondas, a punto de agotar su vida útil

  • Planck estaba diseñado para durar 15 meses
  • Se acaba el helio líquido que actúa como refrigerante
  • El telescopio ha conseguido la imagen más antigua del universo

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Una imagen del satélite Planck
Una imagen del satélite Planck ESA

Descubierta en 1964 por casualidad por Arno Penzias y Robert Wilson, lo que aún así les valió el Nobel de física de 1978, la radiación de fondo de microondas es, por así decirlo, la imagen más antigua del universo a la que podemos acceder.

Esta imagen se corresponde con las 'arrugas' en el material original del universo que con el paso del tiempo darían lugar a estrellas, planetas, galaxias, cometas, y en realidad todo lo que podemos ver y lo que no podemos ver del universo, incluidos nosotros mismos.

Pero después de casi 14.000 millones de años los restos de esa imagen son equivalentes al calor que emitiría un cuerpo que estuviera a una temperatura de unos 270 grados bajo cero. Por ello estudiarla desde la Tierra es bastante difícil, ya que la propia atmósfera entorpece este tipo de observaciones, por no hablar de otras fuentes de radiaciones electromagnéticas que causan interferencias.

Instrumentos para observar el espacio

Es por esto por lo que ya se han lanzado al espacio varios instrumentos diseñados específicamente para observar esta radiación de fondo.

El más moderno de estos, lanzado el 14 de mayo 2009, es el telescopio espacial Planck, una misión de la Agencia Espacial Europea en la que la NASA colaboró en la construcción de algunos de sus componentes y a la hora de procesar los datos obtenidos.

Situado en órbita alrededor del punto de Lagrange L2, a unos 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, donde no se ve afectado por las interferencias de esta, el Planck observa metódicamente todo el cielo que podemos ver, aproximadamente un 95%, tomando unos 10.000 datos por segundo con sus dos instrumentos.

Estos son el LFI, Low Frequency Instrument, que cubre las frecuencias de 30 a 70 GHz, y el HFI High Frequency Instrument, que hace lo propio con las bandas de 100 a 857 GHz, aunque la radiación de fondo de microondas tiene su pico alrededor de los 160,2 GHz.

Misión con fecha límite

Claro que para poder observar una radiación tan fría es necesario mantener ambos instrumentos aún más fríos, por lo que el Planck estaba diseñado para mantenerlos a –273,15°C, apenas una décima de grado por encima del cero absoluto.

Y precisamente la cantidad de helio líquido que iba a bordo para actuar como refrigerante era la que marcaba un límite en la duración de la misión.

El helio-3 que refrigeraba el HFI se terminó en enero de 2012, lo que impidió seguir utilizando este instrumento, aunque el LFI sigue activo, pues aún no se ha terminado el helio-4 que lo refrigera, algo que de todos modos se calcula que sucederá en septiembre u octubre de este año.

Teniendo en cuenta que el Planck estaba diseñado para durar 15 meses, no está mal todo lo que se ha conseguido alargar la misión.

Cuando el LFI deje también de funcionar el Planck será apagado y terminará su misión activa, aunque dada la enorme cantidad de datos recopilada por este, aún queda mucho trabajo de análisis y estudio de estos por hacer, ya que por ejemplo los resultados recientemente presentados, que nos han permitido afinar un poco más la edad del universo y su velocidad de expansión, entre otras cosas, se corresponden solo al análisis de los primeros 15 meses de datos conseguidos por el Planck.

El análisis de estos datos ha sido realizado por el superordenador Grace Hopper del NERSC, el National Energy Research Scientific Computing Center, el centro de computación que comparten el Lawrence Berkeley National Laboratory y el Departamento de Energía de los Estados Unidos, un ordenador dotado de 217 terabytes de memoria y 153.216 núcleos, con una capacidad de proceso de 1,28 petaFLOPS.

Aún con toda esa capacidad de proceso, no se espera que el procesador de todos los datos obtenidos por el Planck a lo largo de su misión esté terminado antes de 2014.

Luego vendrá el turno de los científicos de estudiarlos hasta la saciedad usarlos para afinar los modelos que manejan sobre el origen del universo, pues aunque este primer mapa del Planck se corresponde muy bien con el modelo estándar a pequeñas y medias escalas a grandes escalas la cosa cambia y habrá que averiguar por qué.

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