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El Banco Mundial inyectará 1.200 millones de dólares para paliar la crisis alimentaria

  • Anuncia que destinará una partida de 6.000 millones de dólares para actividadea agrícolas
  • La OCDE predice "el fin de la etapa de los alimentos baratos"
  • La FAO arremete contra las ayudas a la producción de biocombustibles

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La subida de los precios de los alimentos ha provocado una reacción en cadena de los organismos internacionales. Unos, como el Banco Mundial, para anunciar una nueva inyección de dinero para paliar los efectos que la crisis alimentaria en los países más pobres. Otros, como la FAO y la OCDE, para vaticinar "el fin de la etapa de los alimentos baratos" y que, por tanto, la crisis ha llegado para quedarse.

El presidente del Banco Mundial (BM), Robert Zoellick, ha abierto una nueva línea de financiación de 1.200 millones de dólares, incluidos 200 millones en donaciones, para aliviar el impacto de la subida de los precios de los alimentos.

Además, prevé que su respaldo a las actividades agrícolas en todo el mundo aumente el próximo año hasta los 6.000 millones de dólares.

Esta partida tiene muy presente la advertencia que han lanzado en París de manera conjunta la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) y la FAO, que han alertado del previsible aumento del número de personas que padecen hambre en el mundo por esta circunstancia.

"A corto plazo hay una necesidad urgente e inmediata de comida y asistencia humanitaria para evitar el hambre a los pobres", ha subrayado el secretario general de la OCDE, Ángel Gurría.

Precios elevados y duraderos

Sin embargo, más allá de esa necesidad inmediata, Gurría ha advertido de, aunque los precios parece que han tocado techo, seguirán elevados de forma duradera.

 "El fin de la comida barata en un mundo en el que la mitad de la población vive con menos de dos dólares al día es motivo de gran preocupación",  ha lamentado durante la presentación a la prensa del Informe Anual de Perspectivas Agrícolas para el periodo 2008-2017 preparado por cuarto año consecutivo con la FAO.

Por su parte, el director general de este organismo, Jacques Diouf, ha hecho hincapié en que, con esas perspectivas, "en muchos países hay un gran problema para la seguridad alimentaria", sobre todo porque los presupuestos de la ayuda humanitaria "se han reducido fuertemente" y "seguirán sometidos a fuertes presiones".

De acuerdo con las proyecciones de las dos organizaciones, entre este año y 2017 los precios agrícolas serán -según los productos- entre un 10 y un 50% más elevados que los registrados en el decenio precedente, con un pico de un 80% por encima en el caso de los aceites vegetales.

Responsabilidad de los biocarburantes

Un tercio de ese incremento será responsabilidad del tirón de la producción de biocarburantes a la que contribuyen los dispositivos de ayudas que reciben en los países ricos, subvenciones que han sido objeto de críticas por parte de Gurría y Diouf.

El primero ha pedido una revisión de esos dispositivos por considerar que las subvenciones para los biocombustibles no son adecuadas para cubrir los objetivos políticos que las sustentan y señaló que "enfoques alternativos ofrecen potencialmente mayores beneficios".

El segundo ha denunciado los países pobres están sufriendo la "distorsión" generada por las subvenciones en el mundo desarrollado para la fabricación de combustibles de origen vegetal sobre los precios de los alimentos, y puso el acento en que "no hay que repetir los errores del pasado".

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