Dalal tiene apenas dos años, pero ya ha experimentado la crudeza de la guerra en su propia piel. Esta niña siria sobrevivió a un incendio que tuvo lugar a principios de año en el campo de refugiados en el que vivía junto a su familia.
Las severas quemaduras en su cuerpo y los graves daños en sus pulmones y garganta pronosticaban un final trágico para ella. Finalmente, los fondos recaudados por un grupo de donantes privados junto a algunas organizaciones benéficas le han brindado una segunda oportunidad.
Sus manos tuvieron que ser amputadas. Ha perdido los párpados, la nariz, las orejas y los labios. Su hermana mayor, Yasmin, falleció mientras trataba de protegerla del fuego. Ahora, esta familia siria golpeada por la tragedia recibe su primera buena noticia en mucho tiempo: después de seis meses, ha podido reencontrarse con la pequeña en Turquía, donde ha sido sometida a varias operaciones.
A Dalal le esperan años de tratamientos y recuperación. Una víctima más del conflicto sirio, que ha matado a casi medio millón de personas y ha desplazado a la mitad de los 23 millones de habitantes del país.