Juan Casares viajaba en el AVE del accidente con el Iryo del miércoles en Urda. Dos días después, recuperándose de las heridas, le cuenta a su hijo Samuel lo que supone subir a un tren, no llegar al destino y volver a nacer. "Un frenazo tremendo, un frenazo impresionante. Todos los pasajeros que estábamos a favor de la dirección del AVE salimos disparados", relata. Juan apareció a unos 14 o 15 metros del sillón donde estaba sentado y en lo primero en que pensó fue en intentar ayudar a los que tenía al lado. "Te das cuenta de que de la noche a la mañana lo puedes perder todo", reflexiona.