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Turismo y cambio climático en España: ¿adiós a las vacaciones de sol y playa?

  • Los estudios indican que el clima va a tener cada vez un peso mayor en las decisiones sobre los destinos vacacionales
  • El turismo y la agricultura son dos grandes motores de la economía española, pero su contribución a la contaminación y la vulnerabilidad ante el cambio climático las pone en peligro

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El turismo se derrite: cómo el cambio climático transforma el modo en que viajamos
Turismo masivo en verano

“Este verano, para las vacaciones, cambio el calor por el frío”. Este discurso es cada vez más habitual en las conversaciones sobre los viajes por ocio, donde el confort climático está siendo un factor decisivo a la hora de tomar decisiones. ¿Se acabarán las imágenes de turistas amontonados en la sombra esperando entrar al Coliseo de Roma? ¿O los que se bañan en fuentes públicas con ropa interior ante el desesperante calor? ¿Empezará más tarde la temporada de esquí por la falta de nieve? 

Economía, turismo y sostenibilidad, una relación compleja

En España, el sector turístico representa desde hace décadas uno de los principales motores de su economía. Su aportación al PIB choca de frente con la especial afectación que está viviendo el país por las consecuencias de la crisis medioambiental actual, y que depende financieramente de una industria con una relación complicada con el clima: el turismo contribuye a la emisión de gases de efecto invernadero y a su vez es extremadamente vulnerable al cambio climático. 

Por ello, en los últimos años la comunidad de expertos ha puesto especial interés en analizar el impacto del turismo sobre el medioambiente y viceversa. Al debate científico se le suma una mirada cada vez más conflictiva con la industria del viaje, donde el rechazo al uso de transportes como el avión, los esfuerzos por proteger las áreas de interés biológico, la masificación turística y su impacto en la localidad y en las condiciones de vida de su población han permeado en todas las esferas del debate social, planteando cómo podemos seguir manteniendo esta industria sin que repercuta tanto a nivel de ingresos como en materia de biodiversidad.

Los primeros estudios sobre el futuro del turismo empiezan a dar algunas pistas de lo que puede ocurrir en los próximos años. Para la geógrafa Carmen Mínguez, profesora Titular en el Departamento de Geografía de la Universidad Complutense de Madrid, “ya no hay temporada alta ni baja”, se está produciendo una transformación en la distribución estacional, extendiéndose más allá del verano. Una de las razones que explican este cambio es la alteración en las condiciones meteorológicas, que lleva a la búsqueda de un clima más agradable

El turismo se derrite: cómo el cambio climático transforma el modo en que viajamos

La investigadora Carmen Mínguez junto a Pere Estupinyà, presentador de 'El Cazador de Cerebros'

Migración turística: en búsqueda de temperaturas agradables

Esto conlleva una migración de los lugares más masificados a aquellos menos populares, pero con mejores temperaturas, como ya se está viendo en territorios como Cantabria, Asturias o Galicia. Además, si las temperaturas continúan batiendo récords, su clima será más mediterráneo, pero sin el extremismo que sí vivirán los tradicionales destinos de sol y playa, por lo que podría alargarse este aumento de visitantes más allá de los meses de verano. “Se espera que España se convierta en un destino de turismo residencial a lo largo del año, excepto en verano para aquellas zonas más cálidas”, apunta Mínguez, lo que podría afectar no solo a los negocios más vinculados al turismo tradicional, como el hotelero o la restauración, sino también a la compra de viviendas de segunda residencia. 

La desestacionalización de las temporadas ha llevado a los destinos a maximizar su oferta, buscando alternativas a su fuente de interés principal para asegurar su supervivencia, sobre todo en el turismo de invierno, que ya ha empezado a potenciar actividades de montaña y deportivas y a ofrecer actividades fuera de los meses de nieve, entre otros.

Creemos que el clima va a posicionarse como una motivación cada vez más importante en el turismo.

¿Por qué vamos a Roma en pleno agosto?

Aunque los estudios sobre turismo y cambio climático no han dejado de crecer, para Mínguez cabe añadir un factor más al análisis: los aspectos subjetivos de la motivación, comprender qué lleva a los turistas a decidir sobre la idoneidad de los destinos. Esto ayudaría, por ejemplo, a entender por qué el Cairo, Roma o Estambul siguen llenándose de visitantes en agosto. ¿Por qué ocurre? Como apunta esta profesora, “nos movemos en función del presupuesto del que disponemos, de si la oferta es atractiva, del periodo que tenemos para poder usar las vacaciones…”. Son muchos los elementos a tener en cuenta a la hora de viajar a un territorio concreto, pero para Mínguez, “creemos que el clima va a posicionarse como una motivación cada vez más importante, con un mayor peso del que está teniendo actualmente”. En este sentido, “quizás no va a cambiar tanto el volumen de gente, pero sí será más económico ir a sitios más baratos”. 

La adaptación de las ciudades a las nuevas condiciones climáticas es imprescindible. En los últimos años, ya han surgido algunos cambios en los modelos urbanísticos, con la creación de refugios climáticos, la habilitación de áreas verdes, la adaptación de espacios bien condicionados o la regularización del uso de vehículos. Todos ellos son positivos para las personas locales, que viven todo el año allí, pero también es necesario controlar el turismo en temas como la gestión del agua, ya que su elevado consumo, en comparación con la población autóctona, supone un peligro ante los escenarios de sequía que se están viviendo estos últimos años. Sin duda, como en todos los sectores de la sociedad, el turismo también se está adaptando a la nueva realidad y va a transformarse por completo en las próximas décadas.