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Aquí la Tierra

¿Sabes qué son los incendios zombies del Ártico y cómo se originan?

  • Isabel Moreno, meteoróloga de Aquí la Tierra nos trae un nuevo fenómeno meteorológico
  • El tipo de suelo de algunas zonas del Ártico puede arder en las profundidades sin generar una llama
  • Las persistentes altas temperaturas en el Ártico serían difícilmente explicables de no ser por el cambio climático

Por
Anocheciendo en el Ártico
Blanc Samuel | GTRES

Isabel Moreno, meteoróloga de Aquí la Tierra, nos trae otro nuevo fenómeno que está sucediendo en uno de los lados del planeta más fríos: El Ártico está acaparando numerosos titulares informativos desde hace unas semanas, sobre todo por las asombrosas temperaturas alcanzadas en esta parte del globo. El 20 de junio se registraron 38ºC en Verkhoyansk, una localidad en el norte del círculo polar Ártico en Rusia, a finales de julio, y seguimos viendo temperaturas por encima de los 30ºC en puntos de Siberia y algunos lugares han registrado noches tropicales.

Esto es sólo la punta del iceberg. A lo largo de 2020, buena parte de Siberia ha registrado temperaturas más de 5ºC por encima de su media, un periodo muy cálido y persistente que sería casi imposible de entender de no ser por el cambio climático.

La persistencia de las altas temperaturas en el Ártico está favoreciendo una extensión de hielo mínima récord en esta zona del mundo y, además, están alimentando diversos incendios forestales a los que ha bautizado como “incendios zombis” (aunque nos recomiendan utilizar expresiones como “incendio latente”, “incendio remanente” o “incendio hibernante”). En este artículo utilizaremos el término “zombi” porque éstos parecen comportarse como tal: aparentemente han sido apagados, pero permanecen vivos en las profundidades pudiendo volver a reaparecer en la superficie.

¿Cómo se origina un incendio zombi?

Para generar un incendio zombi tenemos que tener unas condiciones en el terreno: es necesario tener material orgánico que ocupe determinada profundidad, como pueden ser las turberas. Una particularidad de este tipo de suelo es que puede continuar en combustión durante cierto tiempo en las profundidades y no ser visible desde la superficie. Incluso, puede ocurrir que este suelo esté en combustión mientras que la superficie está cubierta por nieve, sobreviviendo al invierno.

¿Cómo podemos conseguir que entre en combustión el suelo profundo? Por ejemplo, a través de un incendio inicial que se genere en una superficie con suelo orgánico o que el fuego inicial sea capaz de penetrar hasta la profundidad donde se encuentra. En caso de que esta energía empiece a generar combustión en suelo, poco a poco irá extendiéndose como si de una mecha se tratase.

La combustión va a seguir los diferentes canales que le marque la presencia de material orgánico y se va a extender de forma más lenta que en la superficie a lo largo, ancho y hondo de esa capa de suelo. ¿De qué depende la velocidad de propagación? Entre otras cosas, de la cantidad de oxígeno que haya disponible.

En ocasiones, esta “mecha” puede llegar a detenerse si encuentra una capa acuosa o la presencia de otro material que no entre en combustión. Pero también puede ocurrir que esos caminos le vuelvan a llevar a la superficie, de forma que reaparezca una llama después de cierto tiempo localizada en un lugar diferente el incendio inicial.

Ahora bien, ¿recordáis la cantidad de incendios que hubo en 2019 en esta zona del planeta? Algunos estudios apuntan a que dichos incendios están detrás de los que estamos viendo este año.

Por qué debe importarnos lo que ocurra en el Ártico

Además de la degradación de la vegetación y de los ecosistemas de la zona, la quema de este suelo y la pérdida de hielo en el Ártico trae consigo otras consecuencias que afectan al resto del mundo.

El material que forma este suelo orgánico es rico en carbono, siendo una reserva natural de este elemento. Al entrar en combustión, se libera a la atmósfera como CO2, aumentando las concentraciones de este gas a nivel global (y ya sabemos lo que eso implica).

Pero hay más…este suelo también es rico en metano, un potentísimo gas de efecto invernadero, con mayor poder que el CO2. La pérdida de este suelo está provocando la emisión de metano a la atmósfera, lo que incentiva aún más el calentamiento global y provoca que situaciones como las que estamos viendo ahora en el Ártico sean cada vez más comunes.

¿Y qué pasa con el hielo? Éste actúa como “espejo”, haciendo que parte de la radiación solar rebote y vuelva al espacio. Al perder cobertura de hielo, favorecemos que se absorba más cantidad de radiación, por lo que incentivamos el calentamiento global, que provocará más pérdida de hielo y favorecerá más incendios en el Ártico y más liberación de CO2 y metano… un círculo vicioso.

Por tanto, debemos seguir luchando contra el cambio climático desde todas las partes del mundo. Es fundamental para proteger el Ártico y que, de esa forma, no empeore las consecuencias de la crisis climática en el resto del planeta.