Colección que define Andalucía: la oscuridad y la luz, el silencio y la celebración, la austeridad y el deseo, la tradición y el presente. Una...
16/09/2026 00:20:27Cuando pienso en Andalucía, no pienso únicamente en el color, en el folclore o en la imagen más reconocible de lo andaluz. Pienso en algo mucho más íntimo. Pienso en los pueblos, en la infancia, en crecer rodeado de silencios, de miradas y de cosas que nunca se dicen del todo. Hay algo oscuro en vivir en un pueblo, una especie de intimidad colectiva en la que todos se conocen, todos observan y, al mismo tiempo, todos guardan secretos. Esa oscuridad, lejos de ser negativa, forma parte de una manera de entender la vida y también la belleza.
Mi Andalucía tiene mucho que ver con las mujeres de Julio Romero de Torres. Cuando miro sus cuadros, reconozco esos rostros serios, esas miradas que parecen esconder una historia, una emoción contenida que nunca termina de revelarse. Son mujeres fuertes, pero no necesitan demostrarlo. Hay en ellas dignidad, misterio y una enorme capacidad de resistencia. Esa forma de expresar sin explicar, de sugerir más que mostrar, está muy presente en mi manera de entender esta colección.
También está Lorca. Su Andalucía es capaz de ser oscura y luminosa al mismo tiempo, trágica y profundamente bella. En su universo aparecen el deseo, la muerte, el silencio, la tierra, el destino y también la fiesta. Me interesa precisamente esa contradicción: una tierra en la que la emoción casi siempre está contenida, pero que, cuando llega el momento de celebrar, se transforma por completo.
Porque las fiestas son también una parte fundamental de esa memoria. En los pueblos, la fiesta no es solamente diversión; es una forma de escapar, de encontrarse, de romper durante unas horas con la rutina y con aquello que pesa. Y las verbenas representan para mí ese momento de libertad.
La música, las luces, los cuerpos juntos, el movimiento… una alegría casi exagerada que contrasta con la sobriedad del día a día. Son espacios donde todo parece posible, donde la gente se permite ser otra versión de sí misma.
En la colección, el negro ocupa un lugar central. No lo entiendo como ausencia, sino como memoria. Es el color del luto, de la tierra, de la noche, de los secretos y también de una elegancia que no necesita explicarse. Frente a él aparecen la luz y la energía de la fiesta, entendida no tanto desde el folclore como desde esa necesidad profundamente humana de celebrar después de haber vivido el silencio.
Quería hablar de una mujer andaluza que reconozco y que, al mismo tiempo, pertenece al presente. Una mujer trabajadora, fuerte y sensible; consciente de su herencia, pero sin necesidad de reproducirla literalmente. Una mujer que lleva consigo una historia, incluso cuando no la cuenta.
Por eso no me interesa representar Andalucía de una manera evidente. Me interesa hablar de lo que epermanece debajo: de la infancia, de los secretos, del luto, de la emoción contenida, de la tierra y de las mujeres que la habitan. Y también de la alegría, de las fiestas y de esas noches de verbena en las que, por un momento, todo se ilumina.
Esta colección nace de esa contradicción que para mí define Andalucía: la oscuridad y la luz, el silencio y la celebración, la austeridad y el deseo, la tradición y el presente. Una Andalucía que no necesita ser representada, porque ya vive en la memoria.
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