Studio Ghibli ha sido galardonado, este año, con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades y, en tan solo unos días, lo recogerá en...
17/10/2026 00:13:42Studio Ghibli ha sido galardonado, este año, con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades y, en tan solo unos días, lo recogerá en Oviedo. Ha sido distinguido por crear "historias universales a través de una animación meticulosa y artesanal, cargadas de sensibilidad y de valores humanistas". Coincidiendo con el reconocimiento, varias salas de cine han reestrenado algunas de sus películas más emblemáticas, como ‘Mi vecino Totoro’ (1988), ‘La princesa Mononoke’ (1997) o ‘El viaje de Chihiro’ (2001), "una película redonda, cuyo principio y final cierran en un círculo perfecto", afirma Marta García Villar, experta en narrativas audiovisuales. Fue la primera película de animación en ganar el Oso de Oro del Festival de Berlín y la que dio a la productora su primer Oscar.
Este reconocimiento consagra la trayectoria de un estudio que cambió para siempre el arte de la animación. Sus orígenes se remontan a los años 70, cuando Isao Takahata y Hayao Miyazaki se curtieron adaptando clásicos televisivos como ‘Heidi’ o ‘Marco’, personajes que siguen siendo muy recordados en países como España. "Aunque eran folletones de cien mil capítulos, estaban narrados increíblemente bien", señala Raúl García, el veterano director de animación y el primer español que trabajó para Disney. Aquellas series marcaron la cadencia, el gusto por la naturaleza y el ritmo sosegado que definirían el estilo Ghibli, fundado en 1985.
A diferencia de los dibujos occidentales, Ghibli demostró que la animación podía abordar dilemas profundos como la guerra, el duelo o la relación con la naturaleza. "Ghibli era ecologista antes de que esta palabra se pusiese de moda", destaca Pablo Berger, cineasta y admirador del estudio nipón. Para Berger, la clave de su cine está en la combinación de "humor, acción y, por encima de todo, la emoción". Comparada -injustamente- con Disney, en Ghibli ni los temas ni los personajes son los habituales. "Sus películas no son maniqueas, en el sentido de que no hay un malo malísimo y un bueno buenísimo, sino que todo el mundo tiene esas sombras de humanidad", afirma Raúl García. Tampoco hay finales edulcorados ni princesas al uso: sus protagonistas femeninas son independientes, decididas y, "por supuesto, no están nada sexualizadas", explica Marta García Villar, divulgadora de la filmografía Ghibli.
En plena era del 3D y de la inteligencia artificial, el estudio mantiene su reivindicación del dibujo tradicional en dos dimensiones y los fondos pintados a mano en acuarela. "Todo se hace a mano por petición expresa de Miyazaki", señala José Serrano, profesor en la escuela Trazos. Ese cuidado artesanal abarca desde el detalle en las escenas gastronómicas -que reflejan la cotidianidad e idiosincrasia nipona- hasta momentos pausados que funcionan como haikus visuales. Como concluye Kayoko Takagi, profesora emérita de Lengua y Literatura Japonesa, "en un mundo acelerado, Ghibli propone detenerse a contemplar para descubrir la emoción de los pequeños detalles".
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