'Podría comer piedras', una reflexión sobre el dolor en el nuevo ensayo del escritor Andrés Barba
Página Dos
- Podría comer piedras narra la increíble vida de Edward H. Gibson, un paciente que sufría analgesia total congénita
- El escritor Andrés Barba se adentra en las dimensiones simbólicas del dolor
Levantarse de noche y tropezar con la pata de un mueble. Pillarse el dedo en la puerta. Una visita al dentista. Pisar un clavo en punta. Estas situaciones, que duelen solo con leerlas, eran completamente anodinas para Edward H. Gibson. Este estadounidense de padres checos nació en 1878 aquejado de una rara condición genética: no tenía la capacidad de sentir dolor físico. El escritor madrileño Andrés Barba le ha dedicado su nuevo ensayo breve, Podría comer piedras, enmarcado dentro de la colección de Nuevos Cuadernos de Anagrama. Página Dos entrevista al autor, que reside en Posadas, Argentina.
Cuando Barba conoció la historia de Edward H. Gibson quedó fascinado con sus andanzas. Gibson descubrió de niño que su cuerpo no reaccionaba al dolor físico de la misma manera que otras personas. Ya adulto, decidió convertir condición neurológica en un espectáculo lucrativo. Se presentaba ante el público en espectáculos de vodevil y circo recreando actos extremos, sin inmutarse ni mostrar gestos de sufrimiento. En 1932 su caso cobró relevancia clínica al visitar la Sociedad Médica de Nueva York. Ante decenas de doctores atónitos, Gibson permitió que le clavaran agujas e instrumentos quirúrgicos en diversas partes del cuerpo sin experimentar alteración alguna en su pulso ni ritmo cardíaco. Fue presentado como el primer caso conocido de analgesia total congénita.
Los laberintos del dolor
En Podría comer piedras (Anagrama), Barba toma este curioso caso clínico como punto de partida para reflexionar sobre el dolor; su dimensión simbólica, sus peligros y las discrepancias entre la experiencia verdadera y su representación. Abocado a la condición de freak, el protagonista se sublima en un gesto desesperado o irónico: crucificarse en público frente a la multitud. A medio camino entre el ensayo narrativo y la reflexión filosófica, Barba transforma esta anomalía biológica en una alegoría del extrañamiento y la otredad.
Gibson es una fábula moral contemporánea de nuestra incapacidad de sentir cosas
«Cuando conocí el caso Gibson me pareció una especie de fábula moral contemporánea, de nuestra incapacidad de sentir cosas y lllegar a todo, por el exceso de estímulos», cuenta Andrés Barba en su entrevista a Página Dos. «Gibson tenía algo de monstruo y algo de criatura mitológica, un tipo que no tiene miedo. Sale al mundo a buscar el dolor, que en su caso es un modo de buscar la pertinencia y la aprobación de la sociedad. Se llegó a crucificar en público, y uno de sus asistentes murió del susto. Es una historia tan fascinante que no sabía ni cómo empezar con ella».
Las criaturas extrañas, las transformaciones y los monstruos han atraído a autores de todas las épocas y géneros: H. P. Lovecraft (La llamada de Cthulhu), Mary Shelley (Frankenstein), Bram Stoker (Drácula), Franz Kafka (La metamorfosis), H. G. Wells (La isla del doctor Moreau), Neil Gaiman (Los hijos de Anansi) o Ray Bradbury (El país de octubre) han escrito sobre seres imaginarios tan temibles como desamparados. En la narrativa española, Emilia Pardo Bazán, Gustavo Adolfo Bécquer, Joan Perucho, Cristina Fernández Cubas, Pilar Pedraza, Elisa Barceló o Carlos Sisí han dedicado novelas a las leyendas e historias secretas de personajes extraños que solo deseaban encontrar su lugar en el mundo.