El guía 'Irlanda Oculta' destapa el Dublín más tenebroso: del origen de Drácula a las balas en Correos
- Álvaro Ordóñez desvela la verdadera historia de Halloween y las consecuencias de la Primera Guerra Mundial
- Descubre qué fue lo que inspiró a U2 a componer himnos como "Where the Streets Have No Name"

Puente Ha'penny en Dublín sobre el río Liffey.GETTY
Todos tenemos la nevera llena de recuerdos, pero hay ciudades que no caben en un simple trozo de imán. Dublín es una de ellas. Nos la suelen vender como la capital de la lluvia, de los tréboles y de la cerveza negra, pero la realidad es que la isla Esmeralda esconde relatos mucho más profundos en sus calles de ladrillo rojo. ¿Sabías, por ejemplo, que los restos de San Valentín están enterrados allí? Imanol Durán hace las maletas en Imanes de nevera para pasear por la cara menos amable y más fascinante de la ciudad.
El origen de Halloween y el olor a madera de Drácula
Para no perdernos por los callejones, el programa charla con Álvaro Ordóñez, un madrileño que lleva 13 años trabajando como guía en la isla y que arrasa en redes sociales con su proyecto Irlanda Oculta. Él es el encargado de romper los tópicos de Dublín. Lo primero que nos aclara es que la fiesta de Halloween no es un invento estadounidense que importamos, sino una tradición cien por cien celta que nació en esas tierras.
Pero el lado oscuro de la capital irlandesa va mucho más allá. Alejada de los flashes de los turistas se encuentra la Biblioteca Marsh, la primera biblioteca pública del país, inaugurada en 1707. Ordóñez cuenta que, entre su inconfundible olor a madera noble y suelo que cruje, un chaval de 19 años llamado Bram Stoker se pasó horas estudiando mapas de Transilvania. De allí saldría, nada más y nada menos, que el mismísimo Drácula.
Una historia que contrasta de forma brutal con el Spire, una aguja de acero inoxidable de 121 metros que la ciudad instaló en mitad de la céntrica calle O'Connell y rompió con la estética de un barrio clásico lleno de casitas de poca altura. Costó una auténtica fortuna y su mantenimiento sigue generando polémica entre los vecinos, pero hoy es el icónico punto de encuentro para no perderse en la capital.
Placa honorífica de Bram Stoker en Dublín en la calle BuckinghamGETTY
Rastros de la Primera Guerra Mundial en Correos
Precisamente en esa misma avenida se fraguó uno de los episodios más sangrientos del país. El analista Jon Salvador de El Orden Mundial nos traslada en la máquina del tiempo hasta el Lunes de Pascua de 1916. Aquel día, en plena Primera Guerra Mundial, un millar de rebeldes irlandeses hartos del dominio británico tomaron varios edificios estratégicos. ¿Y qué lugar eligieron como cuartel general? La Oficina Central de Correos.
Estado de la Oficina General de Correos de Dublín en 1916GETTY
La respuesta del ejército de Reino Unido fue contundente. Movilizaron a 30.000 soldados y bombardearon la ciudad desde el aire, dejando el centro reducido a escombros y cerca de 500 víctimas civiles en las calles. Los rebeldes acabaron rindiéndose y sus líderes fueron fusilados, pero aquella chispa encendió de forma definitiva el motor de la independencia. Lo más alucinante es que hoy, en pleno 2026, si paseas por delante de esa oficina, todavía puedes meter el dedo en los agujeros de bala que destrozaron su fachada.
Desfile conmemorativo por el 90 aniversario de los sucesos producidos en la Oficina Central de Correos de DublínGETTY
La inspiración de U2 y el Óscar de Once
Y como en Irlanda las penas y las alegrías se curan en la barra de un pub, es imposible entender Dublín sin su bebida. Y ojo, no solo hablamos de cerveza negra. Aunque todo el mundo asocie el whisky a Escocia, el invento original es cien por cien irlandés, ya que fueron los colonos escoceses quienes se llevaron después los alambiques de destilación a sus tierras.
Ese arraigo a la calle y a los pubs es el verdadero refugio cultural de la ciudad. Ese es el Dublín que vio nacer a escritores inmortales como James Joyce, y la misma casa en la que unos adolescentes llamados Bono, Adam Clayton y Larry Mullenformaron la legendaria banda U2. El grupo compuso himnos mundiales como "Where the Streets Have No Name" inspirándose precisamente en la realidad social de esos barrios obreros. Unas calles que también vieron llevarse un Óscar a la emotiva película Once, rodada en Grafton Street con apenas presupuesto.
Ese inconfundible ambiente de pintas, acordes y literatura es exactamente el que mantiene vivo el James Joyce, un pub que lleva 20 años siendo una embajada irlandesa en la madrileña calle Alcalá. Allí, el dublinés Matthew Lonnie cocina el tradicional estofado de ternera a la Guinness o el pastel de pastor para quienes buscan saborear la isla sin salir de España.
Pero la música dublinesa sigue guardando misterios. ¿Qué fue lo que hizo llorar de pura emoción al cantante de Los Suaves frente a una estatua de la ciudad? La respuesta no se lee, se escucha. Dale al play, cógete el primer vuelo hacia la isla y descubre los secretos que te faltan por descubrir en Imanes de nevera de RNE.
Imanes de nevera