La sátira contemporánea del artista gallego EDU aterriza en Metrópolis
- El creador gallego Edu Fernández cuestiona desde la ironía el elitismo del arte contemporáneo
- Metrópolis emitirá el capítulo EDU el lunes 1 de junio a partir de las 20 h en RTVE Play y de madrugada en La 2

Collage ‘Exodus’ (Edu Fernández)
El artista Eduardo Fernández (A Coruña, 1987), conocido artísticamente como EDU, despunta como una de las voces más afiladas del panorama contemporáneo al combinar ingenio, humor y crítica social.
Lejos de buscar la complacencia, sus performances y piezas audiovisuales hackean la solemnidad del circuito artístico tradicional, utilizando la provocación como un imán para abrir conversaciones con la audiencia. Con una estética deliberadamente casera, su propuesta fusiona la irreverencia del dadaísmo, la poética del videoarte y los códigos más puros de la cultura pop.
Biach (Edu Fernández, 2023)
El artista recibió a Metrópolis en A Coruña, su ciudad natal, para reflexionar sobre una práctica que señala el cambio de paradigma que vivimos, desdoblados entre lo presencial y el yo virtual; y que se atreve a criticar, desde el humor, el elitismo del arte contemporáneo y su críptico vocabulario.
Entre las obras que podrán verse a lo largo del programa figuran la célebre Chica de la Coru, así como Total Curator, Capitaloceno o su último proyecto musical: El Ego Trascendental.
Una estética casera que aporta distintas capas de significado
En sus trabajos, bajo la apariencia de vídeo amateur o de meme de internet, se halla un riguroso estudio de la lingüística de cada obra, combinando técnicas analógicas obsoletas con avanzadas herramientas de Inteligencia Artificial.
Videoclip Secretos del corazón. El ego. (Edu Fernández, 2025)
Sus temáticas operan de la misma manera, fusionando elaboradas teorías de la filosofía occidental con los códigos universales de la cultura popular.
“Chica de la Coru”, un hito del videoarte español
El gran hito de su carrera sigue siendo Chica de la Coru (2016). Esta pieza audiovisual, que se convirtió rápidamente en un fenómeno de culto, toma como punto de partida las narrativas de la identidad gallega para elevarlas a la categoría de mito pop global. Con este trabajo, realiza un brillante ejercicio de estilo en el que las últimas teorías en torno al pensamiento queer y las disidencias sexuales se mezclan con citas costumbristas. La obra desbordó el circuito especializado y se convirtió, en la época de su lanzamiento, en un contenido viral en Internet.
Aroma libresco y desmitificación de los iconos culturales
En las obras de EDU, el amor por los libros y, en concreto, por la filosofía, la literatura y el arte, es compatible con una crítica ácida a las instituciones culturales. Eduardo somete ciertos símbolos de la alta cultura a dinámicas de consumo digital frenético, evidenciando cómo la atención contemporánea se vive de forma fragmentada y desde el desasosiego.
Una de sus piezas que mejor ejemplifica esta línea de trabajo es Leerse el Ulises: speedrun literario de James Joyce (2018). En esta pieza audiovisual, EDU aborda una de las novelas más complejas de la historia de la literatura universal y la somete a las lógicas del speedrun, una práctica propia de la subcultura de los videojuegos que consiste en terminar un juego en el menor tiempo posible. Al transformar el acto íntimo de la lectura de Joyce en una competición contrarreloj acelerada, el artista no solo parodia la prisa patológica de nuestra sociedad, sino que también cuestiona el estatus sagrado del libro como fetiche.
La pasión de Edu Fernández (Edu Fernández, 2018)
También, citando a un icono fílmico como La pasión de Juana de Arco (1928), de Dreyer, en La Pasión de Edu Fernández (2018) realiza un ejercicio de lirismo crítico. Se trata de una pieza audiovisual filmada en plena pandemia, donde la ironía se tiñe de melancolía. La obra examina la saturación de imágenes autorreferenciales e idílicas en las plataformas digitales en un momento en el que el mundo exterior permanecía cerrado y se hacía necesaria la validación continua de las redes sociales.
En esta misma vertiente de desmitificación se inscribe Total Curator (2016). En esta ocasión, Fernández dirige su mirada satírica hacia el interior del sistema del arte. La figura del comisario o curador, tradicionalmente investida de una autoridad intelectual incuestionable, es retratada aquí como un agente del caos, atrapado en una jerga incomprensible y pretenciosa que aleja al público de las obras. Total Curator se convierte así en un espejo deformante que obliga a la institución artística a mirarse y reconocer sus propias dinámicas elitistas.
El árbol de referencias de EDU: de Pipilotti Rist a Tracey Emin
Para acercarnos a la genealogía artística de Eduardo Fernández resulta útil analizar el tejido de influencias que nutren su trabajo. El artista coruñés ha revelado a Metrópolis qué creadores le han influido desde su época de estudiante para lograr ese estilo particular que combina la poética sensorial del videoarte europeo y cierta visceralidad del arte conceptual británico.
Videoclip Secretos del corazón. El ego. (Edu Fernández, 2025)
Uno de sus grandes referentes es la artista Dora García, quien fue profesora suya en la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra y con la que comparte una manera de habitar imaginarios culturales en relación con el cuerpo.
Otra influencia fundamental es Pipilotti Rist, una de las pioneras del videoarte y las videoinstalaciones. De la creadora suiza, EDU hereda el uso subversivo del color saturado, las texturas visuales psicodélicas y, sobre todo, la música como un elemento narrativo con el mismo peso que la imagen.
The Cave. AI Short (Edu Fernández, 2025)
Por otro lado, la influencia de Tracey Emin y del movimiento de los Young British Artists (YBAs) se manifiesta en la honestidad de su propuesta. EDU no esconde sus miserias; al contrario, las convierte en el material central de su obra, emulando la mítica instalación My Bed de Emin. Del mismo modo, el artista coruñés también cita su admiración por las propuestas escénicas radicales de Angélica Liddell, entre otras creadoras.
El Ego Trascendental como espejo colectivo de la pantalla contemporánea
El lanzamiento de su disco El Ego Trascendental (2025) funciona como el manifiesto definitivo de su imaginario audiovisual. A través de canciones que transitan entre el synth-pop amateur, el trap distorsionado y el spoken word confesional, el artista gallego ejecuta un ejercicio de autorretrato contemporáneo. Lejos de quedarse en el plano individual, esta pieza de autorrepresentación funciona como una crónica generacional y un espejo colectivo de la psique de una sociedad hiperconectada.
Collage “I love how you are” (Edu Fernández)5
La originalidad de la propuesta radica en que, en lugar de recurrir a los marcos teóricos habituales de la academia anglosajona o la teoría francesa, las letras se basan en el materialismo filosófico del filósofo español Gustavo Bueno. El Ego Trascendental opera aquí quizá como un nexo que unifica la dispersión de las pantallas, demostrando que la identidad digital no es una fantasía incorpórea, sino la estructura material misma en la que se despliega la existencia contemporánea.
Durante la presentación del disco en 2025, en la Fiesta del 40 aniversario de Metrópolis, quedó claro que este proyecto musical trasciende el formato de audio tradicional. Cada tema está diseñado para expandirse mediante acciones físicas, donde el cuerpo del performer interactúa con las proyecciones.
El público no solo contempla “el ego de Eduardo”, sino que se ve obligado a reflexionar sobre su propia dependencia de la virtualidad. Por eso, este monográfico también persigue lograr ese “efecto espejo” en los espectadores, pues funde magistralmente humor y reflexión.
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