Fallece Hans Werner Henze
- Está considerado como uno los compositores más influyentes del siglo XX
- El compositor alemán ha fallecido en Dresde a los 86 años de edad
- En su producción destacan obras para el teatro, óperas, sinfonías, conciertos, obras de cámara, oratorios y un réquiem
- Su compromiso político contra el fascismo marcó muchas de sus partituras
Hans Werner Henze decía que la música era “lo opuesto al pecado, la redención, la tierra prometida”. Una tierra prometida que alcanzó tras dedicar toda su vida a la música. Se ha convertido, por derecho propio, en uno de los compositores más influyentes del siglo XX.
La noticia de su muerte se conoció hace unos días. Su casa discogr��fica publicaba en su página web una extensa nota en la que decía: "Hans Werner Henze, uno de los más versátiles e influyentes compositores de nuestro tiempo ha muerto". Lo hacía sin precisar la causa del fallecimiento.
Henze deja una extensa producción musical que incluye cerca de 40 obras para teatro, óperas, bandas sonoras, diez sinfonías, conciertos diversos, obras de cámara, oratorios y un réquiem compuesto por nueve conciertos sagrados. Según la nota de su casa discográfica, lo verdaderamente único de este amplio trabajo “es la unión de la belleza atemporal y el compromiso contemporáneo”.
En su catálogo destacan sus colaboraciones con la poetisa austríaca Ingeborg Bachmann, con quien trabajó en obras como El príncipe de Homburg (Der Prinz von Homburg, 1958-59) y El joven Lord (Der junge Lord, 1964), además de en los dramas musicales Elegía para jóvenes amantes (Elegy for Young Lovers, 1959-61) y Las Basáridas (The Bassarids, 1964-65).
Primeros años y etapa alemana
Hans Werner Henze nació el 1 de julio de 1926 en Gütersloh (noroeste de Alemania). Hijo de un maestro de escuela, fue el mayor de 6 hermanos. Estudió piano y percusión en el Conservatorio de Braunschweig y continuó su formación en el Kirchenmusikalisches Institut de Heidelberg, donde fue discípulo de Wolfgang Fortner. También fue alumno de René Leibowitz.
Henze fue director musical del Deutsches Theater en Constanza (1948-49) y director artístico de los ballets del Teatro de Wiesbaden (1950-53). En su faceta como compositor, su renuncia al serialismo (dogma de la vanguardia musical alemana de postguerra) le supuso el rechazo de muchos de sus colegas. Decidió, entonces, hacer las maletas y en 1953 se trasladó a vivir a Italia donde fijó su residencia hasta poco antes de su muerte.
Compromiso político
Henze creció durante la convulsa república de Weimar, un período especialmente turbulento en la historia de Alemania que precedió a la ascensión del nacionalsocialismo. Tras la llegada de Hitler al poder en 1933, Henze comenzó a llevar una doble vida. Estudiaba por las mañanas en el conservatorio y por las tardes tocaba en un grupo de cámara, en una casa judía. Durante la segunda Guerra Mundial su padre murió en el frente oriental y Henze fue movilizado de forma forzosa en 1944. Acabó siendo encarcelado en un campo de prisioneros de guerra británico.
Este hecho hizo que su compromiso político fuera aún más firme. Años después, se involucró en las revueltas de 1968 y en la revolución cubana. Fruto de sus convicciones y de su determinación nacieron obras fundamentales en su trayectoria como Vamos al río (We come to the River, 1974-1976) o su Novena sinfonía, una obra coral en siete movimientos basada en la novena La séptima cruz de Anna Seghers, un monumento contra el fascismo y la guerra.
En 1976, Henze fundó la Cantiere d’Arte en Montepulciano (Italia) y en 1988, la Biennale de Múnich, de las que fue director artístico hasta 1994.