MATTHEW PEARL: Las estrellas del rock deberían leer mi libro sobre Dickens (Asuntos Propios)
Matthew Pearl es el joven y erudito autor de El Club Dante y La Sombra de Poe. Ha venido a España a promocionar El Último Dickens (editorial Alfaguara), donde retrata a uno de los escritores más leídos de todos los tiempos como la primera celebridad literaria de la historia: viajaba con su propio experto en iluminación para parecerse a sus propias fotografías, se rodeaba de un séquito que le llamaba "Jefe" y tenía hasta enloquecidas fans que le acosaban intentando arrancarle la ropa. Matthew Pearl tiene, como Dickens, muchos lectores rendidos a sus pies, pero no vimos que hiciera a su entorno más exigencia que la de pedir que su libro sea leído con pasión: contiene traficantes de opio, piratas literarios, editores honrados y lectoras valientes. Ante tal despliegue de aventuras, lo que opinen los críticos es del todo irrelevante.
AP: Estamos con Matthew Pearl, autor de El Club Dante, que está en España para presentar su nueva novela, El Último Dickens, publicada por Alfaguara. De forma que un autor de bestsellers, Matthew Pearl, escribe un libro sobre la novela inacabada de uno de los autores que más libros han vendido de todos los tiempos. ¿Era consciente del paralelismo mientras escribía?
MP: Una de las razones por las que creo que disfruto escribiendo sobre escritores es que me ayuda a comprender por qué soy un escritor, lo que significa ser escritor, y desde luego Charles Dickens es casi único en su estatus como escritor capaz de capturar la imaginación de muchísima gente durante muchísimos años... es un ejemplo raro alguien que fue inmensamente famoso y popular en vida y que lo siguió siendo después de su muerte. Normalmente es una cosa o la otra. Por ejemplo, Edgar Allan Poe, en quien me fijé para mi segunda novela, no fue popular en día y sí lo es ahora...
AP: Herman Melville es otro de sus favoritos...
MP: Sí, y es un ejemplo de alguien que murió en la pobreza, en la amargura y la decepción. Dickens logró algo que es extremadamente raro. Un ejemplo de lo contrario sería el poeta norteamericano Henry Wadsworth Longfellow, uno de personajes de El Club Dante, fue enormemente popular en su día y luego se desvaneció o desapareció un poco en nuestros días. Es interesante comprender qué hizo Dickens que fue tan distinto.
AP: Dickens está lleno de lecciones para un escritor. Su literatura está basada en un conocimiento profundo del espíritu humano, pero al mismo tiempo el retrato que usted traza de Dickens como persona no es nada halagador.
MP: No, era una persona compleja. Para ser sincero, de los tres personajes que aparecen en los títulos de mis novelas (Dante Aligheri, Edgar Allan Poe, y Charles Dickens), no querrías que ninguno fuera tu padre, tu marido, o tu amigo. Pero sí que eran gente interesante, y Dickens estaba lleno de contradicciones. Era alguien que adoraba la fama que le daban sus libros, pero al mismo tiempo se sentía muy resentido por la pérdida de privacidad que eso suponía. Era realmente una celebridad, pero en una época en la que no se comprendía lo que eso significaba, o cómo se podía negociar la relación entre la vida pública y la privada. Él intentó aprender a hacerlo, pero el modo como trataba a su familia, a sus hijos, a su mujer... nada de eso parece muy admirable a nuestros ojos.
AP: Uno de los episodios más fascinantes que se incluyen en la novela es la historia de la americana que acosó a Dickens durante su gira por Estados Unidos. Cuando uno cuenta una historia como ésta, que usted investigó, y que es real, ¿cómo hace para que su punto de vista no se confunda con un punto de vista contemporáneo?
MP: Ese fue un momento muy interesante para mí como escritor, y es uno de los momentos sobre los que llamo la atención cuando intento explicar cómo funciona la ficción histórica. Porque yo empecé a esbozar unas escenas sobre una acosadora que perseguía a Dickens por Estados Unidos, y fue después cuando descubrí en mis investigaciones que realmente existió alguien así. O sea que no fue en el orden que cabría esperar. De forma que adapté los detalles y los personajes a la historia real, que, debo admitir, era más interesante que lo que yo había imaginado. Pero tienes toda la razón, tuve mucho cuidado de no convertirlo en una alegoría o una analogía de lo que experimenta una celebridad hoy en día¿ Intenté realmente comprender lo que significaba entonces ser una celebridad literaria, e investigué mucho. En términos generales estaba muy conectado con la tecnología, porque sólo a mediados del siglo XIX estuvo la fotografía, por ejemplo, lo suficientemente desarrollado como para que la gente pudiera ver imágenes de sus escritores preferidos en los periódicos, por ejemplo; e incluso a la tecnología de la navegación, que permitió a Dickens viajar a Estados Unidos en un tiempo razonable, y conocer a sus lectores.
AP: Viajar a EE UU era, además, la única forma que tenía para ganar dinero, porque la ausencia de leyes de copyright de la época en Estados Unidos significaba que cualquiera podía publicar sus libros sin que Dickens viera un duro... Es como el caso de los músicos de hoy en día, cuya música se cuelga en internet, es accesible a cualquiera, y ellos tienen que dar conciertos para ganar dinero con ella...
MP: Exactamente, es chocante lo similar que era la situación a la que experimentan hoy las estrellas de rock. No sé cuántas estrellas de rock leerán novelas como las mías, pero es muy interesante comprobar que él se estaba haciendo famoso precisamente por la falta de copyright. En América probablemente fuera más famoso incluso que en Inglaterra porque su obra era completamente accesible a los lectores, podían comprarla por muy poco dinero, aunque él no se beneficiara de ello. Pero era listo; al principio se enfadó amargamente, pero luego se dio cuenta de que lo que tenía que hacer era convertir esa situación en otra forma de ganar dinero. Y la verdad es que el viaje resultante por Estados Unidos fue increíble, y fue lo que yo quise capturar.
AP: usted está de gira ahora por sus libros de la misma manera... pero me gustaría preguntarle por la iniciativa de Google¿ Google se ha dedicado a colgar muchísimos libros en internet para que sean completamente accesibles a los lectores. Los autores han de decir expresamente que no quieren que Google cuelgue sus libros porque si no se entiende que acceden...
MP: En efecto, y el plazo terminaba el otro día, creo que el 4 de septiembre, los autores tenían que, o bien decir que se salían del acuerdo, o bien permitir que sus libros aparecieran en internet. Yo la verdad es que me salí del acuerdo, pero con sentimientos encontrados. Hice lo que me aconsejó mi agente literario... pero es que yo haría cualquier cosa que me dijera que hiciera porque es muy lista. Pero se trata de la próxima frontera de este tipo de cuestiones. La manera como se reproducen los libros no ha cambiado en muchísimo tiempo, al contrario que ocurre con otros medios de comunicación. Para los editores y para los autores da un poco de miedo adaptarse, e intentar comprender cuál será la mejor manera de adaptarse. Yo voy en ese mismo barco, pero al menos me resulta iluminador fijarme en el pasado, en especial en el siglo XIX, cuando la industria del libro estaba en pleno desarrollo.
AP: Es sin duda un momento fascinante de la edición el descrito en su novela, con esos "bookaneers" que robaban los manuscritos según los bajaban de los barcos, o incluso los transcribían a toda prisa en las lecturas públicas...
MP: ¡Esas dos cosas son ciertas!
AP: Todas estas historias ciertas que usted encuentra en su investigación... ¿no ha pensado nunca escribirlas en forma de ensayo? ¿Por qué recurre siempre a la ficción?
MP: Los casos que usted ha mencionado son, de hecho, ejemplos de por qué la ficción funciona tan bien. No sabemos casi nada sobre ,lo que yo llamo los ¿bookaneers¿, que existieron realmente y sobre los que intenté encontrar toda la información posible, aunque encontré muy poco. Era una parte secreta de la industria editorial. En caso de que haya información por ahí, está escondida debajo grandes cantidades de información de otro tipo. De forma que si quisieras escribir un ensayo sobre el tema podrías escribir algo, pero muy poco. Con la ficción al menos se puede expandir, e incluso tal vez ajustarte a la realidad sin darte cuenta, como me pasó a mí cuando creé a la acosadora de Dickens. Ahí es donde la ficción histórica te impulsa hacia el conocimiento. Pero los "bookaneers" son un tema sobre el que me encantó escribir, y sobre el que muchos lectores comentan, y espero en algún momento escribir un libro sólo sobre la carrera de los "bookaneers".
AP: ¿Investigando más a fondo o inventando?
MP: Las dos cosas, como siempre. Y si encuentro más información... cosa que me pasa a veces, encontrar información después de terminado un libro. En parte porque estás moviendo las aguas, y entonces viene alguien y te dice "pues yo tengo un antepasado que..." De hecho, no me ha pasado con los "bookaneers", pero hace poco recibí un mail de una persona que tenía una antepasada que de joven trabajó en la editorial que aparece en mi novela y que hizo cosas parecidas, a pesar de que gran parte de eso era inventado.
AP: Está usted hablando de un personaje que a mí me resultó muy emocionante, Rebeca. Una joven divorciada a la que le encanta leer y a quien usted en la novela le atribuye un pensamiento sobre el que me gustaría preguntarle: le sorprende, al llegar a Boston, el hecho de que los bostoniano sean tan críticos con los libros, porque ¿nunca se le había ocurrido que se pudiera ser crítico con los libros, sino sólo devorarlos.
MP: Sí, y creo que eso refleja lo que estaba ocurriendo realmente en la segunda mitad del siglo XIX, que la crítica se estaba profesionalizando, y como consecuencia de esa profesionalización se estaban haciendo mucho más duros, también para distinguirse de los escritores. Hasta entonces todo estaba muy mezclado; eran tus amigos quienes escribían sobre tus libros... eso hasta cierto punto sigue pasando... pero el corte sucedió entonces, y creo que a la gente le sigue chocando hoy día. Yo creo que la gente no lee a los críticos hasta que no han llegado a un determinado nivel de madurez en sus lecturas, o de interés por la industria.
AP: ¿Usted cree que escribe libros para ser devorados más que libros sobre los que ser crítico?
MP: Yo no presto mucha atención a lo que dicen los críticos de libros, ni sobre los míos ni sobre los de otros, sencillamente porque me distrae. Creo que no es muy relevante para el proceso de escritura y, además, y de esto muchos lectores no se dan cuenta como yo no me daba cuenta hasta que no empecé a escribir, es que para cuando ellos están escribiendo sobre determinado libro, el escritor ya se siente muy distante, han superado ese momento, están escribiendo otro libro¿ Creo que no es sano, y me refiero tanto a las críticas positivas como a las negativas. Si tu cerebro está viajando al pasado hacia libros que ya has escrito realmente lo único que haces es distraerte de lo importante. Yo escribo mis libros conmigo mismo como lector, pero desde luego no intento alienar a nadie, ya sea un estudioso, un crítico o un lector. Pero la única persona a la que puedo juzgar es a mí mismo, y aprendí hace mucho tiempo que es casi imposible calcular cuál será la reacción del lector.
AP: ¿Qué tal es su relación con sus colegas de Harvard?
MP: Sólo doy clases ocasionalmente, de forma que no creo que tenga colegas. Escribo a tiempo completo, y en el pasado en algún momento he aceptado algún cargo como profesor, aunque hace ya dos años que no lo hago. Pero cuento entre mis lectores a un número considerable de estudiosos, biógrafos y académicos, y asisto de vez en cuando a conferencias académicas. Todo el mundo opina diferente sobre todo tipo de temas, pero en general los académicos reconocen y aprecian que mi investigación es muy meticulosa en todos mis libros, cosa a la que no estoy obligado, algunos lectores no parecen darse cuenta de esto... si quisiera podría inventármelo todo...
AP: Pero es muy interesante que no lo haga.
MP: Sí, yo también creo que el libro resultante es mejor. Incluso si usamos el ejemplo del que hablábamos antes, de cuando estuve inventándome a una acosadora, y luego encontré una acosadora real... Creo que sería extraño que uno pudiera inventar una parcela de la historia que, caso de que exista un equivalente real, sea más interesante que la realidad. Yo desde luego no lo he encontrado.
AP: He estado hablando con algunos de sus lectores y muchos de ellos se preguntan ¿y ahora qué? Hemos conocido a Dante, y a los lectores americanos de Dante, a Edgar Allan Poe, y ahora a Dickens... Tengo una serie de sugerencias, o más bien apuestas¿ ¿Sobre qué preferiría escribir, sobre Lovecraft o sobre Hawthorne?
MP: Esas me las preguntan todo el tiempo. Y sin duda sería Hawthorne.
AP: ¿Y qué tal una escritora mujer? ¿Qué tal Emily Dickinson?
MP: Una vez vi una obra de teatro sobre Emily Dickinson que me interesó mucho, pero su vida fue tan insular, tan limitada¿ claro que se podría escribir una novela que forzara su salida de esas limitaciones¿tal vez esa fuera la cuestión¿ pero si intentamos mantenernos dentro del contexto de su vida creo que sería algo difícil. El libro que estoy escribiendo ahora no es sobre historia literaria, aunque sigue desarrollándose en el siglo XIX y sigue siendo un thriller, y se desarrolla en Boston, o sea que hay continuidad, pero también doy un paso en otra dirección. Dicho esto, debo decir que me encanta la historia literaria, yo nunca he escrito obligado, es algo que me encanta. Volveré a ella: de hecho, después del libro que estoy escribiendo ahora tengo ideas para dos secuelas de El Club Dante, que prosiguen la estructura creada por el propio Dante. El Club Dante era sobre el infierno, así que todavía me quedan el purgatorio y el paraíso. Aparecerán los escritores del primer libro pero mezclados con otros nuevos. Así se expandirá el paisaje literario...
AP: Gracias por este anticipo, y por esta novela.
MP: Gracias a vosotros.